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Marco Rubio, el cerebro de la administración Trump que ideó el relato de la intervención de EE.UU. en Venezuela

  • El republicano ha potenciado frente a Trump la visión de un Maduro vinculado con el narcotráfico
  • Para Rubio la caída de Maduro es la puerta de entrada para llegar a derrocar al régimen cubano
Marco Rubio, el cerebro de la administración Trump que ideó la acción militar de EE.UU. en Venezuela
El secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio, en una comparecencia desde Mar-a-Lago, Palm Beach, el 22 de diciembre de 2025. Jessica Koscielniak (Reuters)

El actual Secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio, ha sido una figura central en el diseño y ejecución de la operación militar 'Resolución absoluta', que el 3 de enero terminaba con el presidente venezolano, Nicolás Maduro, y con su esposa, Cilia Flores, capturados y trasladados a una prisión en suelo estadounidense.

La justificación de la Casa Blanca: los cargos que ambos enfrentan por narcoterrorismo y corrupción, entre otros, ante la justicia de EE.UU. "Nicolás Maduro fue imputado en Estados Unidos en 2020. No es el presidente legítimo de Venezuela. Es un fugitivo de la justicia estadounidense", señaló Rubio durante la rueda de prensa que el presidente Donald Trump ofreció este sábado desde su residencia en Mar-a-Lago.

Trump, tras el ataque a Venezuela y capturar a Maduro:

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, habla con la prensa mientras el secretario de Estado, Marco Rubio, observa las acciones militares estadounidenses en Venezuela. Jim Watson / AFP

Las últimas declaraciones del republicano, descartando nuevas acciones militares y confirmando que el líder del régimen bolivariano será juzgado en su país, cierran el círculo de una estrategia que empezó hace más de 15 años y que culminó en enero de 2025 con su entrada como nuevo hombre fuerte de la política exterior norteamericana en la segunda administración de Donald Trump.

Desde entonces, el secretario de Estado no solo ha descrito la situación con Venezuela como “intolerable” para Estados Unidos o insistido en que el régimen de Maduro opera como una amenaza directa a la seguridad hemisférica, también ha presentado a Caracas como una "fuerza desestabilizadora en la región", socia de redes criminales y colaboradora de grupos como Hezbolá o de cárteles del narcotráfico como Los Soles. Así, el secretario de Estado iba perfilando el que ha sido el principal argumento de Estados Unidos para violar el espacio aéreo de un país soberano y bombardear, en contra del derecho internacional, su territorio sentando las bases ideológicas para justificar, a ojos de la Casa Blanca y ante el mundo, la primera intervención militar estadounidense en territorio latinoamericano desde la invasión de Panamá y captura de su entonces presidente, Manuel Antonio Noriega, en 1989.

La presión sostenida y la doctrina Monroe

Desde 2010, Rubio ha sido uno de los principales impulsores de las sanciones contra el país de la "revolución bolivariana". Bajo su influencia, Washington ha promovido bloqueos financieros o medidas destinadas a aislar al chavismo de los circuitos internacionales, mostrando a Nicolás Maduro como un "líder ilegítimo", especialmente tras las elecciones presidenciales de 2024, cuyos resultados no reconoció Estados Unidos, pero tampoco la Unión Europea.

Sin embargo, el gran punto de inflexión llegaría en 2025, cuando la Casa Blanca duplicó hasta los 50 millones de dólares la recompensa por información que condujera a la detención del presidente venezolano. Más allá del impacto mediático, la medida evidenció cómo una narrativa política sostenida durante años se tradujo en mecanismos concretos de presión y que encontraría en Donald Trump a su principal valedor. Cada sanción, cada advertencia pública o cada operación militar en el Caribe formaban parte de un plan gradual que, diseñado por Marco Rubio, fue ampliando sus márgenes de actuación.

Marco Rubio en el balance de año

El secretario de Estado , Marco Rubio, hace su balance de año, el viernes 19 de diciembre de 2025, en Washington. Julia Demaree Nikhinson AP/Julia Demaree Nikhinson

En ese contexto, Venezuela fue asociada de forma recurrente a Cuba y Nicaragua, configurando un eje político al que Rubio atribuyó una capacidad de desestabilización insostenible para Estados Unidos. Así, la operación militar dejó de percibirse como una iniciativa personal de Donald Trump para pasar a encajar en el discurso de la "seguridad nacional", lo que quedó patente en las páginas de la última Estrategia de Seguridad Nacional: "la hegemonía estadounidense mediante el control fronterizo, la autosuficiencia económica, y la posible intervención militar para asegurar la esfera de influencia exclusiva en el Hemisferio Occidental".

Del discurso a la acción: Rubio como cerebro del ataque

El salto del discurso a la acción fue progresivo. En marzo de 2025, Rubio advirtió públicamente de que Venezuela se enfrentaría a “sanciones severas y en escalada” si no cooperaba con Estados Unidos en la repatriación de ciudadanos estadounidenses, un mensaje que elevó el tono de la presión diplomática.

A lo largo de ese año, impulsó audiencias en el Congreso, promovió comunicados oficiales y sostuvo una intensa actividad mediática que fue consolidando el marco ideológico de la intervención. La operación del 3 de enero de 2026 es, por tanto, el resultado de una acumulación de decisiones políticas, más que como un giro abrupto.

Cinco meses de amenaza militar hasta la captura de Maduro

Tras el anuncio de la captura de Maduro y su mujer, que fueron sacados de la cama mientras dormían por miembros de las fuerzas especiales estadounidenses Delta Force, Rubio terminó de cerrar el relato. Su intervención desde Mar-a-Lago no solo subrayó que quedaban descartadas nuevas operaciones militares en Venezuela, sino también que el objetivo militar no era una guerra, sino ejecutar una orden judicial contra Maduro, lo que eximía al presidente Trump de pedir permiso al Congreso -según establece la Resolución de Poderes de Guerra, una ley federal de 1973 que limita la capacidad de un presidente de involucrar al país en conflictos armados- y lanzaba un mensaje a la región: Venezuela es un episodio cerrado en el plano militar, pero abierto en el judicial y político.

Sin embargo, la posición de Rubio frente a Venezuela no se explica únicamente en términos judiciales, geopolíticos o militares. Su historia personal ha influido de forma determinante en su visión de América Latina. Hijo de inmigrantes cubanos que salieron del país poco antes de la revolución liderada por Fidel Castro, Rubio creció marcado por el relato del exilio y la represión, una experiencia que ha vinculado en numerosas ocasiones a su trayectoria política.

Desde esa perspectiva, Rubio concibe Venezuela y Cuba como parte de un mismo bloque autoritario interconectado. Defiende que la caída de Maduro debilitará directamente a La Habana, históricamente dependiente del petróleo venezolano como sostén económico.

La presión de EE.UU. sobre el petróleo venezolano tiene en Cuba una primera víctima

Además, su trayectoria política en Florida y su vínculo con la comunidad cubanoamericana también han reforzado el peso estratégico del delfín republicano. En ese equilibrio entre convicción personal, respaldo electoral y cálculo geopolítico, Rubio ha consolidado su papel como uno de los referentes de la línea dura de Washington frente a Caracas, así como el de hombre fuerte de Donald Trump y cerebro de su política en América Latina.

La relación entre Rubio y Machado

La figura de María Corina Machado, líder opositora venezolana, ha estado estrechamente vinculada a la política exterior estadounidense y, en particular, al rol de Marco Rubio en la definición de la estrategia contra el régimen de Nicolás Maduro. En los últimos años, ese vínculo ha trascendido de la simple afinidad política para convertirse en el principal eje de legitimidad internacional de la oposición venezolana. Aunque esta premisa puede cambiar después de que este sábado Trump dijera de ella que "no tiene ni el respeto ni el apoyo dentro del país" para liderar una "transición adecuada" en Venezuela que, sin embargo, parece recaerá en la administración norteamericana, según ha dicho Donald Trump.

La líder opositora venezolana María Corina Machado durante una protesta convocada por la oposición en vísperas de la investidura presidencial en Caracas el 9 de enero de 2025.

La líder opositora venezolana María Corina Machado durante una protesta convocada por la oposición en vísperas de la investidura presidencial en Caracas el 9 de enero de 2025. Pedro MATTEY / AFP

Unas palabras que, aunque se mostrase impasible, quizá no hayan gustado al Secretario de Estado, quien no solo ha elogiado públicamente a Machado llegándola a definir como “la Dama de Hierro venezolana”, sino que ha reconocido su liderazgo como un referente de la lucha contra las "políticas autoritarias" de Caracas.

Un reconocimiento que no ha sido solo retórico: durante el primer mes de la nueva administración estadounidense, Rubio mantuvo una conversación directa con Machado y con el aspirante a presidente, Edmundo González Urrutia, en la que ratificó el apoyo de Washington a la restauración de la democracia en Venezuela, destacando el valor del coraje opositor frente a la represión de Maduro.

La cooperación también se tradujo en acciones concretas. En mayo de 2025, Estados Unidos apoyó una operación para facilitar la salida segura de cinco colaboradores cercanos a Machado que habían estado refugiados más de un año en la embajada de Argentina en Caracas, un gesto que ambos celebraron como un paso significativo para proteger a la oposición y exponer la debilidad del régimen de Maduro. Rubio "es un aliado que comprende las vulnerabilidades del régimen chavista", dijo la venezolana recientemente, destacando la experiencia en temas de inteligencia y seguridad del norteamericano quien, según ella, aporta una "perspectiva más amplia" a la política estadounidense.

Rubio ya le había devuelto el favor impulsando, junto a otros líderes republicanos, la candidatura de Machado al Premio Nobel de la Paz de 2025, en un gesto que desbordó el ámbito regional y colocó de nuevo a Venezuela en el centro de las discusiones internacionales sobre derechos y libertad.

La relación entre Rubio y Machado no solo es simbólica, sino estratégica. Está por ver si el actual Secretario de Estado de EE.UU. consigue materializar, si no en ella, en su mentor, Edmundo González Urrutia, su sueño de décadas: disponer de un aliado en Venezuela afín a la Casa Blanca y a sus intereses que le permita, quizá algún día, diseñar su estrategia más anhelada: derrocar el Gobierno de Cuba, el país de donde una vez salieron sus padres y al que, una vez instaurado el régimen de los Castro, nunca pudieron volver.