EE.UU. - Venezuela, la historia de una ruptura progresiva
- Desde la llegada de Chávez, sus relaciones sólo se han deteriorado
- Con Trump, la tensión ha alcanzado cotas máximas
- Directo: sigue la última hora del bombardeo sobre Venezuela
No siempre ha sido así. En los años 70 y 80, Venezuela y Estados Unidos eran estrechos aliados. Eran los años del boom petrolero y Caracas era, de lejos, el socio comercial y estratégico más cercano que tenía Washington en América Latina. Pero todo cambió con la victoria electoral de Hugo Chávez. Con una agenda de izquierdas, una apuesta por las nacionalizaciones y el giro estratégico en las alianzas regionales, el triunfo de la Revolución Bolivariana dio paso a 25 años de conflictos constantes. Ha sido la historia de una ruptura progresiva.
Quizá el punto de partida se encuentre en el golpe de Estado fracasado contra Chávez de 2002. Tras ser rehabilitado, el presidente venezolano acusó a Washington de estar detrás de esa asonada y, desde entonces, hizo bandera de su enfrentamiento diplomático con Estados Unidos, especialmente, con la Administración de George W. Bush. Denunció varios intentos de asesinato e incluso un plan para invadir Venezuela, y a la dialéctica agresiva acompañaba algunos gestos. En 2005, por ejemplo, expulsó a la DEA del país acusándoles de hacer “espionaje al Gobierno”.
Chávez también cambió las alianzas diplomáticas regionales. La asociación estratégica de Caracas con la Cuba de Fidel Castro no hizo sino ahondar en el deterioro de las relaciones con EE.UU. El presidente venezolano se convirtió en una suerte de heredero político de Fidel y en el gran referente e impulsor de una izquierda latinoamericana que cogió impulso en la región en la primera década del 2000. Pero nada de esto parecía interferir en los intercambios comerciales con Washington: en 2006, Estados Unidos seguía siendo el principal socio comercial de Venezuela, tanto en exportaciones petroleras como generales y representaba el 36% del total.
Obama y Maduro
La historia de ese desencuentro ha dejado numerosos insultos y dardos dialécticos que Chávez no ahorraba para el presidente estadounidense. Desde su programa de televisión le llamó “Mr. Danger”, burro, genocida, borracho… Pero quizá el más recordado fue el de la Asamblea General de Naciones Unidas de 2006. "Ayer estuvo el diablo aquí, en este mismo lugar huele a azufre, todavía", dijo el presidente venezolano, tan solo un día después de que Bush hablara desde ese mismo atril.
Con la llegada de Obama la tensión no disminuyó, ni tampoco con la muerte de Chávez y la llegada de su heredero político, Nicolás Maduro. En 2014, Washington sancionó a dirigentes venezolanos, restringiendo visados y congelando activos, por presuntas violaciones de derechos humanos durante las represiones de las protestas antigubernamentales. Meses después, Obama declaró a Venezuela "amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad nacional" de Estados Unidos, el paso previo para establecer sanciones estratégicas.
La máxima presión de Donald Trump
Pero esos choques escalaron de nivel durante el primer mandato de Donald Trump. El nuevo presidente intensificó la presión sobre Caracas, incrementando las sanciones que, esta vez, llegaban a incluir al propio Nicolás Maduro. Trump llegó incluso a ofrecer una recompensa (que en su segundo mandato ha incrementado) por información que condujera a su captura de Maduro, acusándole de delitos de narcotráfico.
Pero, quizá, el golpe más crítico se produjo tras las elecciones venezolanas de 2018. Estados Unidos reconoció como presidente a Juan Guaidó y rechazó los resultados oficialistas y Maduro decidió "romper relaciones diplomáticas y políticas con el Gobierno imperialista de los EE.UU.".
La Administración Biden rebajó la tensión iniciando negociaciones con el régimen de Caracas, pero no restauró la confianza entre ambos. Con el regreso de Trump ha vuelto también la máxima presión, con el secretario de Estado, Marco Rubio, como principal arquitecto de la estrategia estadounidense hacia el país caribeño. Una política que combina las sanciones y las amenazas de ataques militares con ofertas de diálogo, todo con un objetivo: que caiga Maduro de una manera y otra. Seguramente, el punto más crítico de esta ya larga historia de enfrentamientos.