Donbás, el corazón económico y militar de la guerra en Ucrania que Putin ansía y Kiev mantiene impenetrable
- Desde 2014, la región ha sido protagonista de cada gran capítulo del conflicto
- Además de su valor industrial, el territorio cuenta con un "cinturón de fortalezas" que mantiene a raya a las tropas rusas
"Vivimos juntos siempre, rusos, ucranianos, gente de diferentes nacionalidades; nunca tuvimos ningún tipo de problema, ni social, ni político, ni racial". Son las palabras de Galina Binat, refugiada de la guerra que se define como ucraniana y rusa. Nació en 1974 en la ciudad de Mariúpol, situada en la región de Donetsk. Junto con Lugansk, ambos territorios conforman el Donbás. Antes de la invasión, albergaba a unos 6,5 millones de habitantes.
Su tamaño es comparable al de Aragón y su peso estratégico resulta incalculable. Desde 2014, ha sido protagonista de cada gran capítulo del conflicto entre Rusia y Ucrania. Allí comenzó la invasión, siguen librándose los combates más intensos, y es probable que en ella terminen.
Actualmente, Rusia controla el 74% de este territorio y busca apoderarse de los 6.600 kilómetros cuadrados aún en manos de Kiev. Para Vladímir Putin la consigna es clara: el Donbás debe ser completamente ruso. Lo ha repetido cada vez que tiene ocasión, incluida la cumbre de Alaska con Trump. "Quizás solo Crimea le importaba más", sugiere el profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad Nacional de Odesa, Volodymyr Dubovik. De hecho, Trump ha llegado a sugerir que la mejor forma de detener el conflicto es "cortar" la región "tal y como está", es decir, bajo control mayoritariamente ruso.
Pero el dominio total de la región se ha mostrado mucho más difícil de lo que el Kremlin esperaba. Desde 2022, los avances han sido lentos, costosos y sangrientos. "Durante la ofensiva de verano, las fuerzas rusas solo lograron capturar el 0,3% del territorio ucraniano [un 1% en todo 2025]", subraya la investigadora del Programa de Resiliencia Democrática del Centro de Análisis de Políticas Europeas, Elina Beketova.
En esta carrera maratónica, el "cinturón de fortalezas" construido por Ucrania en Donetsk mantiene el frente casi impenetrable. Putin es consciente que, al menos en el corto y medio plazo, la conquista por las armas es inviable. Como resultado, imponer sus condiciones mediante la "diplomacia" se torna viable, aunque no necesariamente creíble, para alcanzar sus objetivos. A los ucranianos esta opción "no les parece ni justo ni aceptable, sino una invitación a una futura agresión", contempla Dubovik.
Tierra de rusos y ucranianos
Ganna (nombre ficticio), refugiada ucraniana en España, nació en Mariúpol en 1980, cuando la región todavía era el corazón industrial de la Unión Soviética (URSS). "Vivíamos una vida normal y nadie lo imaginaba", explica, refiriéndose al año 2013 y 2014, cuando estalló la Revolución del Euromaidán y el conflicto separatista en el este del país.
El Donbás, tierra soberana de Ucrania, siempre fue lugar de convivencia entre rusos y ucranianos. Según el censo más reciente, realizado en 2001, los rusos étnicos representan más de un tercio de su población. En 2024, una encuesta de The Kyiv Independent reveló que alrededor de una cuarta parte de sus habitantes hablaban exclusivamente ruso, y un 53% lo mezclaban con el ucraniano.
"La mayor parte de la población" respaldaba a Ucrania y "hablaban en ucraniano; todos los que querían se iban a Rusia", explica Ganna. También rememora cómo "una sección del batallón Azov" se entrenaba en su ciudad. "Eran nuestros defensores. Se unieron por Ucrania, se apoyaban unos a otros". Después de que el conflicto en el Donbás se congelara (2014-2022), "todo era maravilloso, no esperaba tener que dejar mi hogar, mi patria, y marcharme", lamenta.
Galina volvió a su hogar cinco días antes de que Rusia invadiera Ucrania para ayudar a sus ancianos padres. Cuando llegó se encontró con una "situación de desorden y crisis". "Nadie sabía lo que estaba a punto de empezar", puntualiza.
Cuando aún Ucrania era parte de la URSS, evoca Galina, les inculcaron "unos valores desde el Gobierno que nos hicieron ser mejores". En este sentido, se refiere al comienzo del conflicto como la "destrucción de todos los valores" y una "afectación tremenda de la sociedad, de la estructura de todas nuestras familias". Ganna recuerda que, cuando comenzó la invasión, "nada funcionaba", pero la gente "se apoya mutuamente bajo los bombardeos".
También asegura que la población rusa no tenía ni idea del horror del conflicto. Desde el primer momento, subraya, los rusos, pese a que consideraban esa zona como "prorrusa", mataron a muchísima "gente que no tenía nada que ver con la guerra". "Yo no entendía por qué nuestros hermanos nos estaban matando", sentencia.
El valor económico del Donbás
El Donbás representa "las bases industriales del Imperio ruso, de la URSS y posteriormente de la Ucrania independiente", explica el profesor de ciencias políticas en la Universidad Estatal de San Diego, Mijaíl Alexseev. La zona destaca por la relevancia de la industria del carbón y el acero, donde "se construyeron algunos de los primeros conglomerados industriales a finales del siglo XIX en el Imperio ruso".
Según Alexseev, con todo el territorio ucraniano que controla Rusia, habría "capturado entre el 55% y el 60%" de las reservas de carbón del país". Su valor, según estimaciones, "asciende a unos 12 billones de dólares".
En la zona también hay importantes empresas de "la industria eléctrica, electrónica, militar, de helicópteros o una enorme fábrica de locomotoras diésel en Lugansk", además de contar con importantes "yacimientos de petróleo y gas natural", explica. Buena parte de estas infraestructuras han sido destruidas u ocupadas en el transcurso del conflicto.
"A pesar de que el Donbás es muy importante en términos de recursos y economía", señala, jamás fue el "objetivo principal de Putin". El profesor asegura que el fin último siempre ha sido instaurar un régimen afín en Kiev y "someter Ucrania a Moscú".
Por su parte, el presidente de la Cámara de Comercio e Industria de Ucrania, Gennadiy Chyzhykov, natural de Donetsk, explica que el Donbás siempre es recordado como "el motor económico de Ucrania". Sin embargo, a pesar de ser la región más desarrollada económicamente, "no estaba diversificada y dependía del carbón, el metal y tecnologías obsoletas".
El Donbás suponía entre el 15% y el 16% del producto interior bruto (PIB) de Ucrania antes de 2014 gracias a la "metalurgia, la industria química, minería de carbón y construcción de maquinaria". Además, la zona era responsable del 20% de la producción industrial y el 25% de las exportaciones.
Cuando comenzó el conflicto separatista en el este del país, Ucrania perdió "la mitad de sus activos industriales en Donetsk y Lugansk: minas, combinados metalúrgicos y fábricas químicas". Entre 2014 y 2015 el PIB ucraniano cayó un 16%.
Sin embargo, Chyzhykov explica que, "cuando se estabilizó la línea del frente", las autoridades comenzaron a prestar atención a la parte de la región bajo su control y la "economía ucraniana comenzó a alejarse del modelo Donbás". Según el economista ucraniano, este se caracterizaba por la dependencia del metal y el carbón. En definitiva, durante este tiempo, había que buscar "nuevas oportunidades", especialmente la agroexportación.
En cuanto a la viabilidad actual de la zona, Chyzhykov explica que "es necesario invertir mucho dinero". No estamos hablando de uno o dos mil millones de dólares, "sino de cientos de miles de millones" para que la "región vuelva a ser económicamente fuerte". Estas inversiones tardarían "diez años, o quizás más" en obtener rentabilidad. Pero, "¿quién va a invertir ahí si Rusia está bajo sanciones y casi todos los países reconocen que esta región es ucraniana?", cuestiona.
El "cinturón de fortalezas" de Donetsk
La cesión del Donbás dinamitaría la arquitectura defensiva que Ucrania lleva construyendo más de una década en Donetsk. Sloviansk, Kramatorsk Druzhkivka y Kostyantynivka, todas ellas ciudades bajo control ucraniano, forman el llamado "cinturón de fortalezas", un entramado de trincheras y búnkeres pensado para frenar cualquier avance ruso hacia el corazón del país.
Perderlo daría a Moscú decenas de kilómetros de ventaja que, de otro modo, le tomaría años capturar. Si observamos la parte que Ucrania controla en Donetsk, esta se encuentra en una zona mucho más elevada, lo que facilita enormemente su protección. "Cualquiera que haya jugado alguna vez al 'rey de la colina' sabe la diferencia entre defender la cima e intentar capturarla", compara el profesor de Geografía y Economía Política en la Universidad de Oxford, Vlad Mykhnenko.
Para Beketova, nada indica que Rusia frenaría su avance si Ucrania renuncia al Donbás. "Ya lo vimos con Crimea: durante ocho años les dijeron a los ucranianos que podrían recuperarla por la vía diplomática, y luego fue utilizada como trampolín para nuevas agresiones", ejemplifica.
Ante un frente cada vez más estancado, Ucrania ha adoptado la lógica finlandesa del torjuntavoitto (victoria defensiva). Esto es, transformar el conflicto en uno donde Kiev no gana terreno, pero hace inviable una victoria militar rusa.
La táctica, reivindica Beketova, ya le ha otorgado una victoria a Ucrania al permitir conservarse como Estado. El problema, explica, es que esta dinámica no ha cumplido con todos los principios de "triunfo ucraniano", en especial "el alto el fuego y las garantías de seguridad".
Tanto Rusia como Ucrania han convertido el Donbás en una "zona de muerte": un área de gran concentración de fuego directo capaz de aniquilar cualquier fuerza enemiga. Y pese a que Putin lo reclama como un territorio soberano de Rusia, "destruirlo en el proceso no parece preocuparle", aduce Dubovyk.
Por otro lado, la idea de ceder sin luchar no es apetecible para Zelenski. "Ningún líder ucraniano podría aceptar voluntariamente retirarse del territorio ucraniano y conservar su puesto", recalca Mykhnenko.
Con la cesión de territorios sobre la mesa, algo que ya se trató en la última visita del presidente ucraniano a la Casa Blanca, se han barajado las opciones más variopintas. El exministro de Exteriores ucraniano, Dmytro Kuleba, llegó a sugerir un arreglo intermedio y provisional, dejando el estatus del Donbás en un limbo, al estilo de Taiwán y China.
Este escenario de zona gris, que también respalda Mykhnenko, permitiría a Ucrania reconstruir y ampliar significativamente sus fuerzas, "aguardando un momento favorable antes de pasar a la ofensiva". Algo que, como recuerda el experto, ya hizo Azerbaiyán en Nagorno Karabaj en 2023, tres décadas después de haber perdido la región ante Armenia.
Sin embargo, y como el exministro ucraniano reconoció, nada garantiza que Rusia no cruce el umbral y reanude las hostilidades. "Incluso en las llamadas zonas grises [previas a la invasión], se seguían produciendo operaciones de combate", puntualiza Beketova. Siendo así, la guerra, como concluyó Kuleba, "probablemente continuará con furia".