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Día Mundial de la Libertad de Prensa

El periodismo independiente en Rusia se asfixia: "También somos víctimas colaterales de las sanciones de Occidente"

  • En Rusia se vive una ola de censura inédita y desinformación masiva que pone en peligro a la libertad de prensa
  • En la Clasificación Mundial para la Libertad de Prensa, Rusia ocupa el puesto 155 frente a Ucrania que está en el 106

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Una mujer tiene la boca tapada con cinta adhesiva que simboliza la censura
Una mujer tiene la boca tapada con cinta adhesiva que simboliza la censura

La lucha del periodismo independiente ruso por sobrevivir es titánica. Los medios no afines al régimen de Vladímir Putin bandean las restricciones draconianas del Kremlin, mientras sus vías de ingresos se han visto capadas por las sanciones geoestratégicas de Occidente. Se enfrentan a serias dificultades para obtener información de sus fuentes, a la vez que les cuesta mantener sus plantillas a flote. "Somos víctimas directas de las sanciones de Occidente", dice con contundencia Katerina Abramova, subdirectora de Meduza, en una entrevista con RTVE.es.

Gestiona la contabilidad de uno de los medios más populares de Rusia. Antes de la guerra, llevaban más de un año enfrentándose al castigo de la Ley de Agentes Extranjeros, una norma diseñada por las autoridades rusas con represalias a los periodistas que no simpatizan con sus intereses. Les obliga a etiquetar cada publicación en Internet, cada post en Facebook, cada entrada en su web o cada tuit con la etiqueta de "agente extranjero". Una letra escarlata cuya intención es espantar a los anunciantes y sepultar a los medios sancionados en un alud de burocracia, que les obliga a rendir sesudas cuentas a la administración o hacer frente a multas.

“Les obliga a rendir cuentas de sus finanzas con una minuciosidad y un nivel de auditoría imposibles de cumplir. El objetivo es hundir a los medios independientes, especialmente a los que investigan la corrupción”, argumenta Edith Rodríguez Cachera, vicepresidenta de Reporteros Sin Fronteras en España.

El marchamo impuesto a Meduza surtió efecto y provocó la estampida de todos sus anunciantes en apenas un día. El medio tuvo que reducir el salario de su plantilla a la mitad e iniciar un duro proceso de crowdfunding, que empezaba a culminar con éxito hasta que Rusia invadió Ucrania. “Habíamos logrado 33.000 donaciones de nuestros lectores, de las cuales 30.000 procedían de rusos afincados en Rusia”, relata Abramova. Sin embargo, las sanciones internacionales a Rusia han hecho imposible que sigan cobrando con tarjetas de crédito occidentales, como Visa o Mastercard, por lo que “volvemos a encontrarnos en el punto de partida”, insiste la periodista. “Las tarjetas de crédito en Rusia son ahora poco más que un trozo de plástico”, añade.

Las tarjetas de crédito en Rusia son ahora poco más que un trozo de plástico

“Hemos tenido que reinventarnos”

“Hemos tenido que reinventarnos y lanzar una campaña dirigida a lectores europeos con la que hemos logrado recuperar el 30% de lo que habíamos recaudado”, lamenta. Lo que tienen claro es que de momento han perdido a sus donantes rusos. Lo mismo sucede cuando tratan de conectarse a las redes privadas virtuales para obtener información de fuentes independientes y sortear la propaganda rusa (VPN-LVirtual Private Networks). “Las de uso gratuito no son seguras y todas las de pago son extranjeras con medios de pago extranjeros”, denuncia Katerina Abramova.

Ella tiene 32 años, es periodista y originaria de Moscú, donde vive su familia por la que siente miedo. Una nueva enmienda a la Ley de Agentes Extranjeros aprobada hace unos días- la misma ley que marcó a fuego el destino de su medio- amenaza ahora no solo a los periodistas, sino también a sus allegados. “Cualquier familiar de un periodista considerado enemigo del Kremlin puede ser castigado con esta norma, perpetuando la paranoia del Gobierno de Putin y el apagón informativo en el que quiere sumir a Rusia”, dice la joven.

En el punto de mira por informar de la guerra

Meduza tiene su sede en Riga, capital de Letonia, por motivos de seguridad. Desde el inicio de la invasión rusa de Ucrania, el 24 de febrero, hasta principios de marzo, los ciudadanos rusos dispararon sus índices de audiencia y popularidad, precipitándose a informarse de forma veraz sobre la realidad de la guerra. Sin embargo, el 4 de marzo, las autoridades rusas bloquearon su web, una circunstancia para la que ya estaban preparados porque en Meduza, a diferencia de otros medios occidentales, sí veían la guerra como una posibilidad real. Reforzamos nuestra aplicación móvil, nuestra tecnología para ese formato y, a la vez, creamos newsletters para mantener informados por e-mail a nuestros lectores”, explica Abramova. Además, siguieron activos a través de Telegram, YouTube, Facebook e Instagram.

La subdirectora del medio independiente no puede compartir información sobre cómo se informan de la realidad rusa y de la guerra porque arriesgaría la integridad de sus fuentes, máxime después de que el Kremlin haya aprobado una ley que castiga con hasta 15 años de cárcel a quien difunda información sobre la guerra. Sin embargo, confirma que su medio está muy bien informado. “Existen reporteros independientes en Rusia y en Ucrania”, sentencia. “Trabajan para nosotros y están perfectamente informados, aunque también tenemos problemas para pagar a nuestros freelances en Rusia” añade. De nuevo, el periodismo independiente sobre el terreno es víctima colateral de la guerra.

Cuentan con un respaldo importante de los lectores de Meduza, pero aclara que no son un reflejo de la sociedad rusa. “Las estadísticas de uso de los medios en el país nos dicen que los medios independientes se corresponden más con lectores jóvenes de entornos urbanos”, de ahí que Katrina Abramova reconozca la eficacia e influencia que está teniendo la propaganda del Kremlin.

Una propaganda que no es nueva, que data de la invasión de Crimea y el inicio del conflicto en el Donbás, en 2014, y que alude constantemente a la Segunda Guerra Mundial. “La gente se la cree por miedo, algunos simplemente porque comparten la invasión, pero muchos la asumen porque están en estado de negación. No pueden ni quieren creer que su país, en su nombre, esté realizando crímenes de guerra por los que se van a sentir culpables durante generaciones”, denuncia. “Siento culpa y siento vergüenza, como los rusos que no están en negación porque se les hace insoportable cargar con estos sentimientos”, concluye.

Siento culpa y siento vergüenza, como los rusos que no están en negación porque se les hace insoportable cargar con estos sentimientos

Según RSF se asiste en directo a la creación de un agujero negro informativo en Rusia, donde la propaganda lo absorbe todo y los medios extranjeros abandonan un escenario de represión. Afortunadamente, existen muchas opciones para que los rusos sorteen la censura y se informen por otros canales, pero el perfil que lo logra responde más al de jóvenes urbanitas que al de la población de mayor edad o rural.

Censura inédita desde el inicio desde el periodo soviético

Al menos cinco periodistas y profesionales de los medios han sido asesinados por disparos durante el primer mes de la ofensiva rusa a Ucrania. “El ejército ruso ha apuntado deliberadamente a fuentes de información en los territorios que ha ocupado e intentando obtener la colaboración de los medios locales mediante presiones”, denuncia el informe de la Clasificación Mundial para la Libertad de Prensa que ha presentado este martes RSF. Rusia ocupa el puesto 155 frente a Ucrania que está en el 106.

La organización lleva años advirtiendo de la deriva autoritaria del gobierno ruso. Solo en Novaya Gazeta, el medio que dirige el Premio Nobel de la Paz Dmitri Muratov, han sido asesinados seis periodistas, incluida Anna Poliktovskaya, abatida a tiros el día del cumpleaños de Putin, en 2006. “El odio a la prensa libre del líder ruso no es nuevo, únicamente se ha recrudecido”, concluye Rodríguez Cachera.

En estos momentos, en el este de Europa se vive una ola de censura inédita y desinformación masiva desde el periodo soviético. Más allá del drama humano de la guerra, el contexto está sumiendo a la libertad de prensa en unas circunstancias devastadoras. En estos momentos el “poder ha asumido el control total de la información”, asegura la representante de RSF. De ahí que el bloqueo a los medios y la caza a todos los periodistas críticos empuja al exilio masivo, como el caso de Katerina Abramova, que se ve obligada a vivir en Riga para esquivar la cárcel.

Una persecución que ahora crece, pero que ya se había agudizado en 2021, tras la Ley de Agentes Extranjeros y las persecuciones ligadas a la cobertura del opositor Alexei Navalny, actualmente en prisión.

Además, Reporteros Sin Fronteras destaca que esta limitación a la información salpica a países vecinos como Bielorrusia, que ocupa el puesto 153 de la clasificación mundial, donde los periodistas independientes sufren persecuciones masivas por su trabajo. De hecho, se calcula que una veintena está en prisión desde la polémica reelección, el 9 de agosto de 2020, de Aleksander Lukashenko. El presidente bielorruso no dudó en desviar, el 23 de mayo de 2021, un avión para detener a un periodista opositor que había optado por el exilio. Bajo el régimen de Lukashenko cada vez más medios son tildados de “extremistas”. Leer y compartir sus contenidos en las redes sociales puede ser objeto de un proceso penal.