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Coronavirus

Rafael Bengoa, experto sanitario: "Este brote de coronavirus es un ensayo general y lo tenemos que aprovechar"

  • Este asesor en materia sanitaria, uno de los más reconocidos a nivel mundial, confía en la fortaleza del sistema español
  • Sin restar importancia a la actual epidemia, cree que debemos estar preparados porque tarde o temprano llegará otra más letal
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El experto sanitario Rafael Bengoa.
El experto sanitario Rafael Bengoa. EFE / Fernando Gómez

El currículum de Rafael Bengoa deja boquiabierto a cualquiera: asesor sanitario del Gobierno de Barack Obama y de la Unión Europa, asesor de la Organización Mundial de la Salud, docente en la Harvard School of Public Health -la escuela de salud pública de la Universidad más prestigiosa del mundo-, exconsejero de Sanidad del Gobierno vasco, actual codirector del Instituto de Salud y Estrategia (Si-Health)... Aunque, por encima de todo, este doctor en Medicina se considera a sí mismo como un defensor de la sanidad pública.

Su experiencia en la Organización Mundial de la Salud, donde entre otras muchas cosas trabajó coordinando las medidas contra el brote de coronavirus SARS de 2003, puede ser muy útil para guiar los esfuerzos que ahora se centran en erradicar el actual brote de coronavirus  SARS-CoV-2, causante de la enfermedad Covid-19, una vez que comienza a detectarse cada vez con mayor amplitud fuera de China, incluida España.

Rafael Bengoa confía en la fortaleza del sistema sanitario español, aunque insiste en la importancia de trabajar más entre epidemia y epidemia, dado que nos enfrentamos a "una amenaza permanente", y tarde o temprano aparecerá un virus verdaderamente letal. Sin restar importancia al nuevo coronavirus surgido en Wuhan, cree que ese momento crítico aún no ha llegado...

PREGUNTA: ¿Está preparado el Sistema Nacional de Salud español para gestionar una situación como la actual?
RESPUESTA: Sí y no. Sí que estamos preparados en términos de infraestructura, epidemiólogos, clínicos y personal competente, cosa que no existe en muchos otros países. Pero donde no estamos listos es en el efecto sorpresa. Básicamente, nos sigue sorprendiendo algo que no debería sorprendernos, que son estas epidemias-pandemias que subestimamos, aunque la amenaza es permanente.

Nos tenemos que preparar entre epidemias, no meter el acelerador solo en el momento de la epidemia.

Cada tres o cuatro años tenemos algún tipo de pandemia-epidemia, lo que es extraño es que las sigamos viviendo como una sorpresa. El 75% de estos agentes infecciosos vienen del mundo animal, así que van a continuar y por lo tanto debemos dejar de pensar que son episodios puntuales. Nos tenemos que preparar entre epidemias, no meter el acelerador solo en el momento de la epidemia.

P: ¿Cómo nos podemos preparar entre estos episodios infecciosos?
R: Fundamentalmente, invirtiendo más en salud pública. Aunque es verdad que en términos políticos la salud pública es más bien invisible... En todos los países, incluido España, aunque haya hecho cosas positivas en esta dirección, y sobre todo los países en vías de desarrollo. O aportamos más alertas, más transparencia, más laboratorios, más vigilancia y más recursos humanos en salud pública o es muy difícil que cuando llegue la siguiente epidemia-pandemia estemos preparados a nivel mundial.

P: Ya has vivido situaciones así durante tu etapa en la Organización Mundial de la Salud...
R: En los quince años en los que estuve en la OMS, trabajé en el equipo del SARS, y ahí ya se decían estas cosas. Por eso creo que es importante que a nivel mundial no estamos teniendo un sistema permanente global para manejar estas pandemias. La OMS hace lo que puede pero le va a pasar lo de siempre. Ahora le va a entrar dinero pero luego, cuando va a necesitar reforzar todos estos sistemas de vigilancia en los países en vías de desarrollo no va a haber más dinero, todo el mundo se va a olvidar del tema y luego vendrá la siguiente sorpresa.

Como la amenaza es permanente, debemos tener un sistema permanente.

Para mí, lo importante es que no deben seguir siendo sorpresas, porque la amenaza es permanente. Como la amenaza es permanente, debemos tener un sistema permanente en movimiento en esa dirección.

P: LA OMS lleva semanas insistiendo en que lo que más le preocupa son los países con sistemas sanitarios débiles...
R: Aquí está la tensión norte-sur, entendida como tensión entre países ricos y pobres. Es decir, el norte solo se mueve de manera egoísta, en función de su seguridad. Lo hace en momentos puntuales, como este episodio de infección. Entre epidemias, es evidente que hay que estar reforzando en los países en vías de desarrollo todos los sistemas que he mencionado antes. Tampoco es tan caro hacerlo. No es necesario construir hospitales en tiempo récord como se ha hecho en China. Aquí lo que estamos diciendo es que en los países en vías de desarrollo necesitamos colocar alertas, laboratorios, vigilancia y recursos humanos dedicados a esta finalidad. Esto no es caro. Lo que pasa es que es invisible, no es "sexy" políticamente. Y por eso no se hace.

P: Al menos, dentro de la relativa gravedad de la situación, este brote de coronavirus no está demostrando de momento una elevada tasa de letalidad...
R: En las reuniones de hace más de quince años con el SARS, los expertos infectólogos del mundo ya apuntaban que estamos teniendo suerte, porque estas enfermedades no se están mostrando especialmente letales. Lo que dicen los expertos es que en algún momento sí que vamos a tener un virus más letal que todos los que hemos tenido hasta ahora. Nadie sabe decir cuándo, aunque la cuestión no es cuándo, sino que debemos estar preparados.

P: ¿Podemos extraer alguna lección de este brote de coronavirus que ahora amenaza con expandirse por España y otros muchos países fuera de China?
R: Estos episodios tienen dos o tres cosas positivas, obviamente no en la parte de mortalidad y enfermedad, pero son un ensayo general para el episodio grande. Ocurre como en California, que saben que en algún momento llegará el gran terremoto, lo que ellos llaman The Big One, y tienen que irse preparando. Y un gran terremoto es menos controlable que un virus. Así que vamos a prepararnos para un Big One infeccioso. Todos estos episodios, incluido este que ahora tenemos entre manos, son un ensayo general y los tenemos que aprovechar.

Es absolutamente espectacular que en un mes la comunidad científica haya conseguido identificar al virus.

Otra cosa positiva es cómo está aprendiendo el mundo sobre el nuevo coronavirus. Es absolutamente espectacular que en un mes la comunidad científica haya conseguido identificar al virus.Y luego, cuando venga la vacuna, será otro paso importante, aunque este virus no sea especialmente letal.

Entonces, podemos extraer cosas positivas: ensayo general, identificamos muy rápido, sabemos que vamos a tener una vacuna… Pero lo más importante, insisto, es que debemos aumentar la inversión en salud pública para que no nos sorprenda otra vez de esta forma.

P: Volviendo a la pregunta inicial, ¿Puede verse desbordado el sistema sanitario español si la población entra en pánico?
R: El sistema sanitario en España no se va a ver desbordado porque, primero, como está diciendo el ministro Salvador Illa y el doctor Fernando Simón, hay que seguir insistiendo a la población que se apoye en la información científica, no en los bulos que hay en la red. Tienen que basarse en una o dos fuentes de información. Y eso se está haciendo muy bien.

A la población le seguimos hablando en un lenguaje demasiado complejo.

Ahora, yo añadiría algo más. A la población le seguimos hablando en un lenguaje demasiado complejo, incluida la Organización Mundial de la Salud. Es un lenguaje de estadísticas, de epidemiología, de clínica especializada... La población no tiene ese lenguaje a flor de piel, no es su lenguaje habitual. Yo creo que tenemos que ir descubriendo, y esto también tiene que ver con los medios de comunicación y con el mundo científico, un lenguaje que comunique mejor, más adaptado al entorno digital, que consigue crear visualizaciones de datos mucho más creativas y digeribles por la población. Eso hará reducir la tensión que ahora se palpa en el aire en un aeropuerto, en las oficinas...

Creo que tenemos un problema de comunicación y tenemos que aprender también entre pandemias a trabajar esto. Lo que me atrevo a sugerir a los medios de comunicación es que dentro de cuatro o cinco meses tengan un programa con responsables para plantear qué es lo que estamos haciendo para que no nos pille desnudos la siguiente epidemia.

P: ¿En este sentido, crees que es apropiado comparar Covid-19 con la gripe común?
R: Creo que en términos de resultado final son enfermedades similares. Aquí, en Europa, no va a haber de ninguna forma 50.000 muertos este año por el coronavirus. Van a ser muy poquitos. En cambio con la gripe, el año pasado, en Europa occidental, ha habido 50.000 muertos, y eso contando con tratamientos y vacunas.

En Europa, no va a haber de ninguna forma 50.000 muertos este año por el coronavirus, como ha sucedido con la gripe.

Yo creo que sí son comparables. Me parece lógico hacer esas comparaciones, porque los dos son virus, van a tener un tratamiento antiviral, los dos se tienen que controlar clínicamente… Y luego tenemos un proceso de vacunación en producción, por lo tanto en muchos sentidos son comparables.

P: Sin restar la gravedad que tiene este nuevo coronavirus, quizá también haya que transmitir a la población que hay que perder un poco el miedo...
R: Hay que quitar miedo, sí, y yo creo que lo que más puede quitar miedo es saber que un país está interviniendo bien durante la epidemia-pandemia y que además está reforzando sus sistemas entre unas y otras. Eso, a nivel de país, es lo que da más tranquilidad. Me quedaría intranquilo si viviera en un país que solo invierte en el momento de la pandemia y luego se olvida, que no es el caso de España.

Ya lo decía Albert Camus en La peste: una vez que la epidemia pasa, la gente se olvida y cuando llega otra se sorprende. Creo que tenemos que aceptar que no son sorpresas, no son episodios puntuales de infecciones diferentes. Si razonas así, lo único que haces es enmascarar que nos enfrentamos a una amenaza permanente.

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