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"Prefiero seguir siendo pobre que convertirme en lacayo de Bruselas"

  • Irlanda ha rechazado dos tratados europeos por creer que reducían su soberanía
  • El 51% de los irlandeses se opone al rescate de la UE, según The Irish Times

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"Prefiero seguir siendo pobre que convertirme en lacayo de Bruselas". Esta frase resume el sentir del irlandés de a pie que, orgulloso de una independencia que le costó conseguir, considera una "humillación" que la isla tenga que buscar su salvación en la Unión Europea (UE) y huir así de un déficit público abismal.

"No hemos luchado contra los británicos para renunciar ahora a nuestra independencia frente a los nuevos amos del Imperio de Bruselas", se explaya Sean, quien, acodado en la barra de un pub dublinés, no necesita demasiadas pintas de Guinness para arremeter contra las discusiones que mantienen los dirigentes irlandeses en Bruselas sobre un eventual plan de ayuda a su país.

Para este irlandés de 54 años, "la última afrenta al valiente pueblo de este país es ir a mendigar a Bruselas: 'por favor, señor, ¿pueden darme un poco más?'".

Proteger la soberanía "a cualquier precio"

Airado, Sean recuerda que sus antepasados "murieron" para liberar a Irlanda del yugo británico, en referencia a las revueltas contra la potencia colonial que se sucedieron desde el siglo XVII hasta 1922, cuando Irlanda logró la independencia definitiva de Londres.

"Esto será el fin de la República independiente de Irlanda", sentencia Adam, de 42 años, que se acerca para intervenir en la conversación.

"Salvemos la poca dignidad que nos queda, protejamos nuestra soberanía a cualquier precio. Prefiero seguir siendo pobre a convertirme en lacayo de Bruselas", lanza Adam, cuyas palabras son coreadas por síes de sus vecinos de barra.

En ese punto interviene Dave, un treinteañero que apuntala sus palabras con su índice amenazante: "si este país quiere conservar una onza de autoestima, nosotros mismos debemos tomar las decisiones difíciles. Si no, Europa y el FMI cortarán las prestaciones sociales, las pensiones, la sanidad...".

"Nosotros mismos nos hemos colocado en esta situación. Es nuestro problema y a nosotros corresponde arreglarlo", le corta su novia, Niamh, una pelirroga con bucles, de 23 años.

La piedra en la que la UE ha tropezado dos veces

En esta Irlanda del euroescepticismo, la perspectiva de deber su salvación a Bruselas se percibe cada vez más como una humillación suprema. Los irlandeses han rechazado ya dos tratados europeos -el de Niza en 2001 y el de Lisboa en 2008- por considerar que pisoteaban su soberanía. En ambas ocasiones, forzaron a la UE a organizar nuevos referenda para poder sacar adelante los textos normativos de los Veintisiete.

Para los irlandeses, cualquier tipo de imposición europea sobre sus asuntos internos se considera maléfica. "Si Bruselas se quedan con los cordones de la bolsa, podemos apostar que decidirán cómo gastar el dinero", asegura Pete, que ha hecho un alto en la taberna de camino a su trabajo.

El debate se ha apoderado de todos los foros de discusión de Irlanda, incluídos los del diario The Irish Times. Según un sondeo informal realizado por este periódico, más de la mitad de las personas que han respondido a la encuesta (51%) se oponen a un eventual plan de ayuda de la UE.

Bofetadas también para los bancos

"No necesitamos ceder nuestra soberanía a hombres de traje y corbata, sin nombre, que no han sido elegidos, de Bruselas o alrededores", escribe, por ejemplo, John Noel en el foro digital del diario.

El descontento es aún más intenso porque las decenas de miles de millones de euros que Bruselas podría enviar acabarían en las cajas fuertes de los bancos irlandeses, a los que el Gobierno de Dublín ya ha entregado 50.000 millones de euros para tratar de evitar su bancarrota.

"El problema no es de dónde viene el dinero, sino qué se va a hacer con él. Deberíamos haber dejado hundirse a los bancos", opina Les, un taxista de Dublín, que ha parado a tomar una Guinness.

"Si Irlanda recibe el dinero y se lo da inmediatamente a los bancos otra vez, la gente va a indigestarse. Odiamos a los bancos, sabemos que son necesarios, pero los despreciamos", concluye Andrew antes de pedir otra pinta de cerveza.