Sarampión, meningitis y hepatitis A: el repunte de enfermedades prevenibles hace saltar las alarmas en España
- Nuestro país dispone de uno de los calendarios vacunales más completos a nivel internacional
- Sin embargo, especialistas en inmunización proponen actualizarlo con el objetivo de reforzar la protección
El reciente ingreso de un joven, cuya familia rechaza las vacunas, en la unidad de cuidados intensivos (UCI) de un hospital catalán por tétanos ha vuelto a poner de manifiesto el riesgo que pueden llegar a suponer los movimientos antivacunas. Aunque no es contagiosa entre las personas, el tétanos es una patología infecciosa causada por la toxina de la bacteria Clostridium tetani que entra en el cuerpo a través de heridas contaminadas, y para la que la vacuna es altamente efectiva. Este caso subraya una vez más cómo la falta de inmunización deja a menores vulnerables a enfermedades graves y fácilmente prevenibles, comprometiendo su salud y seguridad.
Las vacunas son una herramienta esencial para prevenir enfermedades infecciosas, hasta el punto de que evitan cada año millones de muertes en todo el mundo. Son seguras porque pasan por procesos muy estrictos de investigación, ensayos clínicos y vigilancia continua antes y después de aprobarse, lo que permite detectar incluso efectos adversos poco frecuentes. Aunque en casos muy raros pueden producir reacciones secundarias, estas suelen ser leves (como fiebre o dolor en el brazo).
Los efectos graves son extremadamente infrecuentes y están cuidadosamente monitorizados por sistemas de farmacovigilancia. Además, el riesgo de sufrir complicaciones graves por las enfermedades que previenen es mucho mayor que el de presentar efectos adversos por la vacuna. Por eso, desde el ámbito de la salud pública se considera que el beneficio de vacunarse supera ampliamente los riesgos potenciales.
El reciente repunte de enfermedades prevenibles en España ha hecho saltar las alarmas entre los especialistas en salud infantil. Lejos de atribuirlo a un fallo en la eficacia de las vacunas, los pediatras señalan un fenómeno más complejo en el que confluyen tres factores clave: el descenso en las coberturas vacunales, la importación de casos desde otros países y ciertos cambios epidemiológicos que han modificado los patrones de transmisión. En este contexto, han propuesto una actualización del calendario de vacunación con el objetivo de reforzar la protección frente a patologías como el sarampión, la meningitis meningocócica y la hepatitis A, todas ellas con una incidencia creciente en los últimos años.
Sarampión, enfermedad meningocócica y hepatitis A
El caso del sarampión resulta especialmente preocupante. Con 397 casos registrados en 2025, casi el doble que el año anterior —227—, esta enfermedad altamente contagiosa vuelve a ganar terreno en un escenario donde la inmunidad colectiva se debilita. La disminución en las tasas de vacunación facilita la reaparición de brotes, a menudo originados por casos importados en un mundo cada vez más globalizado. Los bebés que aún no han completado su pauta vacunal se encuentran entre los más vulnerables, con riesgo de sufrir complicaciones graves e incluso mortales.
En paralelo, la meningitis meningocócica presenta un comportamiento epidemiológico particular. Aunque el número de casos es relativamente bajo, la elevada tasa de portadores —uno de cada cuatro adolescentes— actúa como reservorio silencioso que favorece la transmisión. Este cambio en la dinámica de la enfermedad ha llevado a los especialistas a replantear las estrategias de inmunización, especialmente en grupos de edad clave. En los últimos días, una joven de 17 años ha muerto en Alicante por meningitis, mientras que un brote en Reino Unido ha ha causado la muerte de dos estudiantes y la hospitalización de otros 11 jóvenes.
Finalmente, la hepatitis A también muestra una tendencia ascendente, con un incremento significativo de casos en apenas un año, pasando de 1.035 a 1.864. Este aumento se vincula tanto a cambios en los hábitos de exposición como a la llegada de infecciones desde regiones del mundo con mayor circulación del virus, lo que evidencia nuevamente el impacto de los movimientos poblacionales en la epidemiología de las enfermedades infecciosas.
Ante este escenario, la Asociación Española de Pediatría (AEP) propone tres medidas principales. En primer lugar, adelantar la segunda dosis de la vacuna triple vírica a los dos años para garantizar una protección más temprana frente al sarampión. En segundo lugar, ampliar la cobertura frente al meningococo, incorporando los serogrupos ACWY en lactantes y reforzando la vacunación de adolescentes contra el tipo B. Finalmente, abogan por incluir la vacuna de la hepatitis A en la inmunización sistemática infantil, entre los 12 y 15 meses, así como recuperar a aquellos menores que no la hayan recibido.
El calendario español refuerza la idea de que la vacuna no está limitada a la infancia. EFE / IÑAKI PORTO
Uno de los calendarios más completos
Los expertos subrayan que España dispone de uno de los calendarios vacunales más completos a nivel internacional. Sin embargo, insisten en la necesidad de unificar su aplicación en todo el territorio para evitar desigualdades y fortalecer la respuesta frente a un contexto epidemiológico cambiante. En un mundo interconectado, la prevención no solo depende de la eficacia de las vacunas, sino también de mantener altas coberturas y adaptarse a nuevas realidades sanitarias.
¿Cómo es el calendario de vacunación español?
El calendario común de vacunación en España para 2026, aprobado por el Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud en diciembre de 2025, establece una estrategia integral de inmunización "a lo largo de toda la vida". Se trata de un documento clave de salud pública que no solo fija las vacunas en la infancia, sino que incorpora recomendaciones específicas para adolescentes, adultos, mayores y mujeres embarazadas, con el objetivo de mantener la protección frente a enfermedades prevenibles en todas las etapas de la vida.
Este calendario abandona la idea de vacunación limitada a la infancia y consolida un enfoque continuo. Se insiste en aprovechar cualquier contacto con el sistema sanitario para revisar y actualizar el estado vacunal, lo que refleja un cambio de paradigma hacia la prevención permanente.
Antes del nacimiento
El programa de vacunación arranca antes del nacimiento. Durante el embarazo se recomienda la administración de la vacuna frente a difteria, tétanos y tosferina (dTpa) preferentemente entre las semanas 27 y 28 de gestación. Además, se contempla la vacunación frente a la gripe y la COVID-19 en cualquier trimestre, según la temporada epidemiológica. La de la gripe se recomienda a mujeres durante el puerperio o postparto y hasta los seis meses tras el alumbramiento, en el caso de que no se hayan vacunado durante el embarazo.
Esta estrategia prenatal busca proteger tanto a la madre como al recién nacido, especialmente frente a infecciones graves en los primeros meses de vida.
Primer año de vida: máxima concentración de vacunas
El primer año es el periodo con mayor carga vacunal. A los dos, cuatro y 11 meses se administra una vacuna combinada que protege frente a difteria, tétanos, tosferina, poliomielitis, Haemophilus influenzae tipo b y hepatitis B. Es fundamental respetar estos tiempos para asegurar la eficacia. En paralelo, se incluyen otras inmunizaciones:
- Rotavirus: desde las seis semanas de vida, con pauta específica según preparado.
- Neumococo: desde los dos meses, con pauta según vacuna.
- Meningococo B y C: a los dos, cuatro y 12 meses.
- Triple vírica (sarampión, rubeola y parotiditis): a los 12 meses.
También, en cuanto a gripe estacional, se recomienda la vacunación desde los seis hasta los 59 meses, con una dosis en cada temporada. Y, finalmente, se introduce una de las principales novedades recientes: la inmunización frente al virus respiratorio sincitial (VRS). Se administra mediante un anticuerpo monoclonal en menores de seis meses, especialmente al inicio de la temporada epidémica o incluso en las primeras 24-48 horas tras el nacimiento si coincide con dicha temporada.
Hasta los seis años: refuerzos y nuevas dosis
A los 15 meses se administra otra vacuna clave, la de la varicela, que vuelve a recomendarse entre los tres y los cuatro años. La de triple vírica (sarampión, rubeola y parotiditis) también se administra de nuevo entre los tres y cuatro años.
Posteriormente, entre los tres y seis años se aplican varias dosis de recuerdo, incluyendo la vacuna combinada frente a difteria, tétanos, tosferina y poliomielitis. La pauta varía ligeramente en función de las dosis recibidas previamente.
Adolescencia: refuerzo inmunitario y prevención del cáncer
La adolescencia incorpora vacunas clave para reforzar la protección:
- Meningococo ACWY (o tetravalente): una dosis a los 12 años, aunque puede recibirse hasta los 18 en caso de no haberlo hecho antes.
- Virus del papiloma humano (VPH): una dosis a los 12 años para chicos y chicas.
También se contempla la vacunación frente a varicela en adolescentes no vacunados y que no refieran antecedentes de haber pasado la enfermedad, con dos dosis separadas al menos cuatro semanas.
Edad adulta: revisión y rescate de vacunas
El calendario pone especial énfasis en la población adulta, tradicionalmente menos cubierta. Se recomienda revisar el estado vacunal en cualquier contacto con el sistema sanitario.
- Tétanos y difteria (Td): completar hasta un total de cinco dosis a lo largo de la vida.
- Triple vírica: en personas nacidas a partir de 1978 sin vacunación documentada, con dos dosis separadas por al menos cuatro semanas.
- Hepatitis B: pauta de tres dosis en no vacunados hasta los 18 años o en adultos susceptibles.
- Varicela: vacunación tras confirmación serológica negativa en adultos sin inmunidad.
Personas mayores: enfermedades respiratorias y reactivaciones virales
A partir de los 60-65 años, el calendario se centra en prevenir complicaciones graves:
- Gripe: vacunación anual desde los 60 años.
- Neumococo: recomendada a partir de los 65 años.
- Herpes zóster: dos dosis desde los 65 años, ampliable progresivamente hasta los 80.
- COVID-19: dosis de refuerzo en mayores, especialmente desde los 70 años según la temporada.
¿Cómo es el calendario de vacunación español?
El calendario común de vacunación en España para 2026, aprobado por el Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud en diciembre de 2025, establece una estrategia integral de inmunización "a lo largo de toda la vida". Se trata de un documento clave de salud pública que no solo fija las vacunas en la infancia, sino que incorpora recomendaciones específicas para adolescentes, adultos, mayores y mujeres embarazadas, con el objetivo de mantener la protección frente a enfermedades prevenibles en todas las etapas de la vida.
Este calendario abandona la idea de vacunación limitada a la infancia y consolida un enfoque continuo. Se insiste en aprovechar cualquier contacto con el sistema sanitario para revisar y actualizar el estado vacunal, lo que refleja un cambio de paradigma hacia la prevención permanente.
Antes del nacimiento
El programa de vacunación arranca antes del nacimiento. Durante el embarazo se recomienda la administración de la vacuna frente a difteria, tétanos y tosferina (dTpa) preferentemente entre las semanas 27 y 28 de gestación. Además, se contempla la vacunación frente a la gripe y la COVID-19 en cualquier trimestre, según la temporada epidemiológica. La de la gripe se recomienda a mujeres durante el puerperio o postparto y hasta los seis meses tras el alumbramiento, en el caso de que no se hayan vacunado durante el embarazo.
Esta estrategia prenatal busca proteger tanto a la madre como al recién nacido, especialmente frente a infecciones graves en los primeros meses de vida.
Primer año de vida: máxima concentración de vacunas
El primer año es el periodo con mayor carga vacunal. A los dos, cuatro y 11 meses se administra una vacuna combinada que protege frente a difteria, tétanos, tosferina, poliomielitis, Haemophilus influenzae tipo b y hepatitis B. Es fundamental respetar estos tiempos para asegurar la eficacia. En paralelo, se incluyen otras inmunizaciones:
- Rotavirus: desde las seis semanas de vida, con pauta específica según preparado.
- Neumococo: desde los dos meses, con pauta según vacuna.
- Meningococo B y C: a los dos, cuatro y 12 meses.
- Triple vírica (sarampión, rubeola y parotiditis): a los 12 meses.
También, en cuanto a gripe estacional, se recomienda la vacunación desde los seis hasta los 59 meses, con una dosis en cada temporada. Y, finalmente, se introduce una de las principales novedades recientes: la inmunización frente al virus respiratorio sincitial (VRS). Se administra mediante un anticuerpo monoclonal en menores de seis meses, especialmente al inicio de la temporada epidémica o incluso en las primeras 24-48 horas tras el nacimiento si coincide con dicha temporada.
Hasta los seis años: refuerzos y nuevas dosis
A los 15 meses se administra otra vacuna clave, la de la varicela, que vuelve a recomendarse entre los tres y los cuatro años. La de triple vírica (sarampión, rubeola y parotiditis) también se administra de nuevo entre los tres y cuatro años.
Posteriormente, entre los tres y seis años se aplican varias dosis de recuerdo, incluyendo la vacuna combinada frente a difteria, tétanos, tosferina y poliomielitis. La pauta varía ligeramente en función de las dosis recibidas previamente.
Adolescencia: refuerzo inmunitario y prevención del cáncer
La adolescencia incorpora vacunas clave para reforzar la protección:
- Meningococo ACWY (o tetravalente): una dosis a los 12 años, aunque puede recibirse hasta los 18 en caso de no haberlo hecho antes.
- Virus del papiloma humano (VPH): una dosis a los 12 años para chicos y chicas.
También se contempla la vacunación frente a varicela en adolescentes no vacunados y que no refieran antecedentes de haber pasado la enfermedad, con dos dosis separadas al menos cuatro semanas.
Edad adulta: revisión y rescate de vacunas
El calendario pone especial énfasis en la población adulta, tradicionalmente menos cubierta. Se recomienda revisar el estado vacunal en cualquier contacto con el sistema sanitario.
- Tétanos y difteria (Td): completar hasta un total de cinco dosis a lo largo de la vida.
- Triple vírica: en personas nacidas a partir de 1978 sin vacunación documentada, con dos dosis separadas por al menos cuatro semanas.
- Hepatitis B: pauta de tres dosis en no vacunados hasta los 18 años o en adultos susceptibles.
- Varicela: vacunación tras confirmación serológica negativa en adultos sin inmunidad.
Personas mayores: enfermedades respiratorias y reactivaciones virales
A partir de los 60-65 años, el calendario se centra en prevenir complicaciones graves:
- Gripe: vacunación anual desde los 60 años.
- Neumococo: recomendada a partir de los 65 años.
- Herpes zóster: dos dosis desde los 65 años, ampliable progresivamente hasta los 80.
- COVID-19: dosis de refuerzo en mayores, especialmente desde los 70 años según la temporada.