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Neptuno, ¿te acuerdas de nosotros?

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Con intriga, con heroísmo, de manera épica... No podía ser de otra manera si hablamos del Atlético de Madrid. [Crónica] [Así hemos vivido la gran final] [Todos los datos y estadísticas del partido]

115 minutos de nervios en el estadio Arena de Hamburgo tuvieron que pasar para que una jugada del yerno de 'Dios, Sergio 'Kun' Agüero, acabara con el balón en el área pequeña. Allí, el héroe de Anfield hasta ese momento, Diego Forlán, metió el pie para que el balón, tras rebotar en el defensa Brede Hangeland, se colara en el fondo de las mallas.

Con el gol del ¡U-RU-GUA-YO! se rompía una sequía de 48 años sin ganar un título europeo y se rompía también la maldita sequía de 14 años sin levantar un trofeo desde aquel el mítico doblete de 1996.

El milagro de Hamburgo se ha cimentado en tres pilares: el primero son dos canteranos que si a este Mundial no van, pueden estar tranquilos porque van a jugar varios en los próximos años, David De Gea y Álvaro Domínguez; el segundo son sus dos delanteros que no vamos a descubrir ahora, Kun Agüero y Diego Forlán; y el tercero es el aliento que insufla una afición inigualable que no dejó que se oyera un solo cántico anglosajón durante los 120 minutos de la final. [Fotogalería de la final]

No podía escapársele al Atleti esta final. El Fulham no mostró en ningún momento que fuera un conjunto superior al entrenado por Quique Sánchez Flores. No hubiera sido justo que la primera Europa League de la historia no se fuera a dormir con Neptuno.

Desde el inicio del choque se podía comprobar que cada vez que cogían el balón Agüero o Forlán ningún defensa era capaz de frenarles, el gol parecía cuestión de tiempo. Desde la derecha en las botas de Reyes, como en Liverpool, nació el primer gol. En la jugada participaron los cuatro estiletes colchoneros: el de Utrera, Simao, Agüero y la definición fue de Forlán. 1-0 y Neptuno ya apretaba con su puño el tridente imaginando la que le podía venir encima esa noche. [Fotogalería de la celebración en Neptuno]

Como el Atleti es igual que una película de Alfred Hitchcock, concedió un regalo en defensa para que los ingleses pudieran empatar antes del descanso y comenzara así una aventura con final incierto, tan incierto que sólo la tanda de penaltis parecía que podría resolverlo.

El gol del equipo más antiguo de Londres, espolvoreó a unos jugadores que tras el descanso parecían creerse de verdad que podían convertirse en los campeones. Los jugadores atléticos, por el contrario, parecían demasiado cansados, como desganados, demasiado afectados por el fallo que les costó el empate.

Los últimos minutos colchoneros del tiempo reglamentario fueron en los aficionados ese acicate necesario para la prórroga y que a la vez recompensaba un segundo tiempo en el que muchos se dejaron la garganta en la fría noche alemana. Ya lo había anunciado Chema Abad antes de empezar: "1-1 y a la prórroga".

Con el año que lleva y con el partido que estaba haciendo (hasta se revolvió a sus 19 años para encararse con uno de los delanteros ingleses tras un pequeño golpe), seguro que mucha gente estaba convencida de que si todo se tenía que resolver en los penaltis, De Gea iba a ser el héroe de la noche.

Pero no hizo falta porque en la prórroga aparecen los grandes y esos grandes sólo tenían que preocuparse de atacar porque defendiendo estaba un chaval nacido en la periferia de Madrid, Álvaro Domínguez. El de Tres Cantos no había llegado a este mundo cuando el Atleti entrenado por Luis Aragonés perdió en Lyon ante el Dinamo de Kiev la final de la Recopa de Europa de 1986. Sin embargo, por lo visto en el césped, parecía que se había estudiado a conciencia los tres goles que metieron ese día los ucranianos para que no se repitiera la misma historia.

Forlán, Agüero, De Gea, Domínguez, todos los jugadores y por supuesto Quique, han logrado con su gesta extender un sentimiento colchonero por todo un país. Han entrado en la historia como los primeros vencedores del torneo que jubiló a la Copa de la Uefa, han llevado a las vitrinas del Calderón el segundo título europeo de la historia rojiblanca y se han ganado, con todo merecimiento, el poder disputar el próximo mes de agosto la Supercopa de Europa.

Allí, podrían saldar una cuenta pendiente que aún mantiene la familia atletica si su rival acaba siendo el mismo que les privó el 17 de mayo de 1974 de la Copa de Europa, el Bayern de Múnich.

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