El cambio climático ha provocado que los temporales tengan mayor intensidad con borrascas más severas que aumentan la erosión del mar. Como consecuencia, la primera línea de playa está retrocediendo y, en localidades costeras como Matalascañas, algunas casas han comenzado a derrumbarse. Es el caso del rancho El Pichilín, una zona de residencias de pescadores donde ya se ha desplomado una vivienda.
Se sitúa a pocos metros del paseo marítimo que, tras el paso de la borrasca Francis, aún sigue en obras tanto de reparación como de regeneración de la playa. Esta situación genera incertidumbre en hosteleros y propietarios en urbanizaciones de primera línea, donde los inmuebles ya han perdido hasta la mitad de su valor debido a esta causa.