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El empleo femenino se precariza y "el suelo pegajoso" retiene a las mujeres en los puestos peor pagados

  • El 10% de las trabajadoras son precarias, suman un contrato temporal con una jornada a tiempo parcial
  • La doble jornada (en el trabajo y en casa) es menor en las mujeres más formadas y aumenta en los hombres universitarios

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Ilustración sobre las brechas de género en el mundo laboral
Ilustración sobre las brechas de género en el mundo laboral. Getty/Thinkstock

Las mujeres participan menos en el mercado laboral, sufren más el desempleo, la temporalidad y la jornada involuntaria a tiempo parcial. La brecha de genéro persiste pese a los avances de los últimos años y se relaciona "con el desigual reparto de las responsabilidades familiares". Esta es la principal conclusión de las economistas de la Universidad de Alcalá Inmaculada Cebrián y Gloria Moreno en el artículo Desigualdades de género en el mercado laboral.

El trabajo está publicado en la revista monográfica de Funcas Panorama Social sobre las brechas de género que se ha presentado este lunes. Las autoras señalan que "la igualdad efectiva todavía queda lejos", la brecha de participación laboral se mantiene en 12 puntos porcenturales, la brecha en el empleo en 11 puntos y la tasa de paro femenina supera en 3,4 puntos la masculina.

El artículo indica que el "techo de cristal" frena el acceso de las mujeres a puestos mejor retribuidos y de más responsabilidad, mientras que el "suelo pegajoso" las retiene en los empleos peor pagados y menos cualificados, lo que muestra que "siguen existiendo obstáculos sociales y culturales que impiden la igualdad laboral entre hombres y mujeres".

Medidas de conciliación para cerrar la brecha

Las mujeres se han incorporado al mercado laboral pero los hombres no han asumido su parte del trabajo doméstico lo que se ha traducido en "el retraso en la formación de hogares, la maternidad y la disminución del número medio de hijos (1,33) muy lejos del reemplazo generacional (2,1)". Cebrián y Moreno apuntan que las diferencias en la participación se acentúan con la llegada de los hijos por lo que es necesario "articular medidas de conciliación de la vida familiar y laboral que contribuyan a cerrar esta brecha".

Estas economistas destacan que el nivel de empleo femenino ya es igual que el previo a la crisis pero "hay evidencias de que se está consiguiendo a costa de una precarización" del trabajo de las mujeres. La tasa femenina de temporalidad siempre es superior a la masculina, pero desde el primer trimestre de 2016 crece más para las mujeres, lo que ahonda la brecha en este ámbito.

El empleo a tiempo parcial se sitúa en el 16% a fines de 2017 pero se reparte de manera muy desigual, una de cada cuatro asalariadas tiene este tipo de contratos que solo afecta al 7% de los varones. Cuando se suman los dos factores (temporalidad y media jornada), las mujeres en esta situación precaria son el 10% de las trabajadoras, frente al 4,6% de los empleados.

Segregación ocupacional

La segregación ocupacional es otra característica del mercado laboral español. El 60% de las mujeres trabajan en el comercio, la hostelería, la educación, las actividades sanitarias y el servicio doméstico. Por contra, las mujeres no llegan al 20% en la agricultura, la industria y la construcción. Esta segregación por género es "fuente de ineficacia y rigidez en el mercado laboral", según las expertas.

Son escasas las mujeres que desarrollan una carrera industrial, científica o que acceden a cargos directivos. Un 5% de los varones son directores y gerentes, pero solo un 2,8% de las mujeres (datos EPA 2017), además las mujeres son el 23,6% de las consejeras del IBEX-35, un porcentaje muy alejado del 40% que marcó la ley de igualdad.

Cebrián y Moreno detallan que "las brechas de género en el mercado de trabajo aumentan con la edad". Las cargas familiares llevan a las mujeres a "acumular menor experiencia laboral o interrumpir su participación activa, lo que supone una depreciación y una menor acumulación de capital humano que se traduce en una penalización salarial".

Los hombres jóvenes están inactivos durante los estudios y a medida que cumplen años aluden a la enfermedad o la incapacidad para no buscar empleo pero en ningún momento de su ciclo vital aparecen las responsabilidades familiares o el cuidado de dependientes, que son los principales motivos por los que las mujeres no trabajan. Esta asunción de las cargas familiares se da con independencia del nivel de estudios.

Los universitarios comparten más las tareas domésticas

Con respecto a la distribución de las tareas del hogar, las autoras advierten un "cierto componente educacional". Así, la doble jornada (en el trabajo y en casa) de las mujeres con el nivel más alto de formación es la menor de todas, mientras que entre los universitarios es la mayor, lo que indica que "cuanto mayor es la formacion de los hombres más concienciados están de la necesidad de implicarse en las tareas del hogar y cuanto mayor es la de las mujeres más desvinculadas se sienten de esa responsabilidad".

Las investigadoras advierten que "la realización de tareas en el hogar crece entre los hombres, pero aún sigue siendo mayoritariamente femenina, incluso cuando las mujeres trabajan fuera del hogar". Esperan que la participación laboral de las mujeres continúe creciendo pero "no debe hacerse a costa de segregar el mercado generando empleos femeninos con peor remuneración y con peores condiciones de trabajo que los hombres".

Las economistas Cebrián y Moreno abogan por "planes de conciliación trabajo-familia que se destinen tanto a los hombres como las mujeres" para que no se siga percibiendo que las cargas familiares son cosa de ellas y un cambio en las percepciones sociales de los roles de género, para lo que se necesita "una política educativa encaminada a reconocer la igualdad de derechos entre hombres y mujeres".

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