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El polémico anuncio del secretario de Guerra de Estados Unidos, Pete Hegseth, de llevar a cabo pruebas de testosterona a los militares estadounidenses, llega en un momento en el que el movimiento MAGA trumpista se ha adueñado de la testosterona como una exaltación de la masculinidad, fomentando su venta y consumo. Sin embargo, ¿es realmente inocua?

La testosterona es una hormona que disminuye con la edad. Tenerla baja, en principio, no implica nada, a no ser que se produzcan síntomas. En ese caso, se trata de un caso de hipogonadismo, una enfermedad que provoca, entre otros efectos disfunción eréctil o déficit cognitivo.

Los expertos recuerdan que la suplementación de esta hormona debe tratarse por profesionales médicos, y que no está exenta de efectos secundarios, como la reducción de la producción endógena (propia y natural) de testosterona. En nuestro país, debe ser recetada por un médico.

Fotografía: AP Photo/Carolyn Kaster

El secretario de Guerra de Estados Unidos, Pete Hegseth, ha anunciado a través de redes sociales su autorización para realizar pruebas de testosterona entre los militares mayores de 30 años. El jefe del Pentágono no menciona a las mujeres ni a las personas trans, usuarias de testosterona y ahora vetadas en el ejército.

El objetivo de estas pruebas, asegura, es garantizar que los soldados tengan unos niveles adecuados de esta hormona masculina, para "rendir al máximo". Afirma que los análisis pasarán a formar parte del reconocimiento médico anual. Quienes presenten un déficit podrán recibir, de manera voluntaria y bajo supervisión médica, una terapia de reemplazo hormonal. Intenta así marcar distancias con el uso de testosterona, esteroides y otras sustancias para aumentar artificialmente la musculatura o el rendimiento, una práctica prohibida entre los militares sin prescripción médica.

Fotografía: Win Mcnamee / GETTY