El Pentágono hará test de testosterona a soldados estadounidenses mayores de 30 años
- Hegseth ha anunciado que quienes presenten carencias podrán recibir terapias de reemplazo de testosterona
- El Departamento de Salud ha eliminado varias restricciones de este tratamiento en los últimos meses
El secretario de Defensa de Estados Unidos, Pete Hegseth, ha anunciado que el Pentágono realizará pruebas de testosterona entre los militares mayores de 30 años. Lo ha hecho a través de un video en redes sociales en el que asegura que la deficiencia de esta hormona puede perjudicar la salud, y unos niveles adecuados permitirán a los soldados "rendir al máximo".
Los análisis, afirma, pasarán a formar parte del reconocimiento médico anual para esta franja de edad, aunque los soldados con 29 años o menos podrán solicitar que se les realice el test. Quienes presenten carencias podrán recibir voluntariamente terapias de reemplazo de testosterona: "Está científicamente bien establecido que, a medida que envejecemos, los niveles de testosterona suelen disminuir de forma natural", asegura.
En el video, no menciona a las mujeres —más de 231.000 en las Fuerzas Armadas— ni a las personas trans usuarias de testosterona, ahora vetadas en el ejército. La medida del secretario encaja con su empeño en mejorar la forma física de sus tropas. Ha llegado incluso a catalogar como "inaceptable" el hecho de que existan generales "gordos" en el Pentágono.
Este anuncio de Hegseth, rebautizado como secretario de Guerra, llega en un momento en el que la administración Trump, concretamente el Departamento de Salud y Servicios Humanos de Estados Unidos y su responsable Robert Kennedy Jr., hijo de Robert F. Kennedy, ha comenzado a flexibilizar algunas restricciones sobre las terapias de reemplazo de testosterona. El mes pasado anunció que buscaría eliminar las limitaciones para su uso en hombres con niveles bajos relacionados con la edad.
Los demócratas de la oposición han criticado esta medida, ya que lo consideran una contradicción después de haber prohibido a las personas transgénero ejercer en las Fuerzas Armadas, muchas de las cuales dependen de tratamientos hormonales: "¿Entonces ahora sí apoyan la atención médica de afirmación de género?", ironizaba la congresista Summer Lee.
La testosterona y el ejercicio
La testosterona es la principal hormona sexual masculina y un esteroide anabólico. Es importante señalar que está presente en el organismo de todos los seres humanos, tanto en hombres como en mujeres. En el caso de los varones, la testosterona es producida y liberada a la sangre por los testículos, mientras que en las mujeres esa tarea es para los ovarios, aunque estos últimos producen hasta 30 veces menos (7,7 y 29,4 nanomoles por litro por parte de los hombres, frente a 0,1 y 1,7 nmol/L por parte de las mujeres).
El crecimiento muscular, efectivamente, tiene relación con esta hormona, ya que aumenta la síntesis de proteínas musculares e impide la degradación de las ya formadas. Esta diferencia hormonal proporciona, según los estudios, una ventaja del 8 al 12% a los hombres en ejercicios que involucren fuerza o resistencia.
Un bajo nivel de testosterona es algo multicausal, muchos lo relacionan con el estrés, algo habitual entre los soldados, o enfermedades como la diabetes o la depresión. Además, puede provocar en los hombres pérdida de masa muscular, obesidad o disfunción eréctil. En las últimas décadas, la testosterona ha bajado entre los hombres de los países occidentales, con motivo del envejecimiento poblacional o el aumento del sobrepeso.
El auge de las terapias de reemplazo de testosterona
La testosterona se ha convertido en una de las principales cruzadas del movimiento MAGA (Make America Great Again), y el MAHA de Kennedy Junior, que añade el concepto healthy al lema. La han añadido a su discurso como una forma de reivindicar la masculinidad, y están tratando de facilitar su acceso.
El secretario de Salud y Servicios Humanos, Robert F. Kennedy Jr., se dirige a los medios David Berding/Getty Images
Las terapias de reemplazo de testosterona (TRT) han aumentado drásticamente en los últimos años en varias partes del mundo. En Estados Unidos, las recetas totales pasaron de 7,3 millones en 2019 a más de 11 millones cinco años después. Durante décadas, la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) de EE.UU., dependiente de Kennedy, sostenía que las TRT solo podían recetarse a hombres con problemas médicos que afectasen a la producción de la hormona. Sin embargo, el pasado mes de abril anunciaron que ampliarían los criterios a hombres con niveles de testosterona baja, y abrirían el medicamento a un mercado más amplio.
En España, Quirón Salud recomienda que las TRT se apliquen únicamente cuando haya una deficiencia clara y no por un simple descenso. Aseguran, además, que aunque su uso aumenta los niveles de deseo sexual, por ejemplo, sus efectos sobre la disfunción eréctil son modestos. Asimismo, aunque se ha demostrado que es un medicamento "seguro", no está exento de efectos secundarios, como un aumento excesivo de glóbulos rojos o la reducción de la producción endógena (propia y natural) de testosterona.
La situación de las personas trans en el ejército estadounidense
Fue el gobierno de Joe Biden (2021-2025) el que revocó el veto a los transexuales en el Ejército que anteriormente ya había aplicado Trump en su primer mandato. Sin embargo, con su vuelta a la Casa Blanca, volvió la prohibición, pero con mayor dureza. Si bien en su primer período el Pentágono se centraba en nuevos reclutas y permitía algunas excepciones, como los casos de aquellos que ya estaban en servicio, en 2025 se eliminaban prácticamente todas las excepciones, y solo se contemplaban exenciones "caso por caso".
Esta nueva política afirma que un diagnóstico de disforia de género es "incompatible con los altos estándares mentales y físicos necesarios para el servicio militar". En 2017, la argumentación fueron los elevados costes económicos que los militares transgénero suponían para Defensa.
El levantamiento de la prohibición de los soldados trans en las Fuerzas Armadas de EE.UU. ha supuesto un tira y afloja entre demócratas y republicanos, continuo desde que Barack Obama lo permitiese por primera vez en 2016, su último año de mandato.