Esta es Yayoi Kusama, no sabemos qué pasaba por su cabeza, eso sí, sabemos lo que hay en su interior: miedo, ese que le hizo vivir en un psiquiátrico desde los años 70 y de donde salía para pintar a un taller situado enfrente.
Kusama pensó muchas veces en quitarse la vida, pero el miedo a la muerte era superior al miedo a vivir.
Un día hace muchos años, cuando Kusama era muy, muy joven, viajó a Estados Unidos atravesando un océano que le pareció infinito y ese infinito se convirtió en el eje vertebrador de su obra. Infinitos lunares, infinitas repeticiones, inspiradas también en sus alucinaciones, la primera a los 10 años cuando creyó que las flores le hablaban.
Su obra es reconocible en todo el mundo y anhelada por coleccionistas y marcas de lujo que ven en el infinito una manera de permanecer. Hay kusama mania, y ella mientras con sus temores a cuestas.
Kusama nació hace 97 años en una familia infernal: el padre se fue y la madre la acusaba de ser la causante de todos los males. "No pasó un solo día en que mi madre no se haya arrepentido de haberme dado a luz", dijo. Ahí nació el miedo que la acompañaría siempre y que de alguna forma también ha muerto.
Foto: TOSHIFUMI KITAMURA / AFP