Baterías de 17 horas y duchas ‘plastificadas’, la vida con una 'bomba mecánica' en el corazón
- RTVE habla con pacientes y cardiólogos del dispositivo ventricular izquierdo
- Piden más investigación para que sean más ligeros y prevención de enfermedades cardiáticas
Francisco sufrió hace cuatro años un infarto que le llevó a una encrucijada. “Hubo un momento que me dieron a elegir entre o 15 días de vida o ponerme 'el aparato', cuenta este paciente navarro de 73 años a RTVE Noticias. Se refiere así al que ahora es su compañero inseparable: un dispositivo de asistencia ventricular izquierda que lleva conectado a su corazón y que le ayuda a bombear la sangre.
“Lo consideraba un problema, pero acabé entendiendo que era mi solución”, ha dicho, sobre el dispositivo que lleva colgado en una pequeña bandolera. “Hay pacientes que llevan más de diez años con estas máquinas”, ha explicado su médico, el doctor Gregorio Rábago, subdirector del Departamento de Cardiología y Cirugía Cardíaca de la Clínica Universidad de Navarra (CUN), con motivo del Día Mundial del Corazón.
Francisco guarda su dispositivo en una bandolera RTVE
En Galicia, Abel vivió una situación similar a la de Francisco hace tres años, en su caso por arritmias. Al principio, este vigués reconoce que le costó hacerse a la idea a su nueva realidad formada por una ‘bomba mecánica’ en el corazón y la aorta, dos baterías, un pequeño ordenador portátil y el cable que los conecta a través del abdomen. “Los primeros dos meses fueron duros, pero ahora mismo ya me defiendo solo”, relata sobre su dispositivo, que lleva colgado a modo de chaleco por dentro de la camisa, siendo apenas perceptible desde fuera.
Para ambos las dificultades vienen con el aseo personal, ya que tienen que plastificar la zona o crear prendas personalizadas para evitar que entre el agua. También por la duración de las baterías, entre 17 y 18 horas, que generó algo de tensión durante el apagón del 28 de abril; y su peso, de hasta dos kilos. Aligerarlo podría aumentar la calidad de vida de los pacientes: en el caso de Francisco para hacer la compra con tranquilidad y, en el de Abel, para seguirle el ritmo a sus cuatro nietas pequeñas.
Abel y su cardiólogo obsevan el dispositivo ventricular que lleva el paciente RTVE
Además del dispositivo, estos pacientes también tienen que seguir un tratamiento y visitas periódicas a los especialistas. “Yo espero que en pocos años (estos modelos) queden algo obsoletos, porque tengamos algo mucho mejor que no necesite cableado y se pueda hacer carga inalámbrica”, cuenta David Dobarro, cardiólogo en Hospital público Álvaro Cunqueiro de Vigo y socio de la Fundación Española del Corazón, a la vez que pide más investigación.
Aprendizaje del dispositivo y el apoyo familiar
Decenas de personas llevan este tipo de dispositivos en España, que sirven como puente hasta el trasplante o como terapia final, como es el caso de Francisco y Abel. “Las intervenciones son complejas –hay que hacer una incisión en el ventrículo e introducir un anillo de titanio que se conectará a la máquina—, pero, afortunadamente, en la mayoría de los casos somos capaces de que los pacientes salgan adelante. Pero tienen el principal problema de que necesitan energía eléctrica”, afirma Dobarro, que especifica que los pacientes, si no pueden conectarse a una fuente de energía, tienen dos o tres baterías de litio, así como 20-30 minutos más con el ordenador.
En este tipo de intervenciones, aclara, “no suele haber demoras”. “No hay casi lista de espera porque somos conscientes que hay que hacer rápido la intervención”, añade.
Dispositivo mecánico que se coloca en el corazón de los pacientes afectados RTVE
El postoperatorio y el aprendizaje de la nueva herramienta también suelen requerir de constancia. “Son pacientes que con el dispositivo logran mejorar mucho su calidad de vida, pero es muy importante que sigan muy a rajatabla una serie de cuidados a largo plazo, como puede ser el manejo del dispositivo, el control de las fuentes de alimentación externas, tienen que aprender a manejar una serie de alarmas”, explica Leticia Jimeno, enfermera de la Unidad de Trasplante Cardíaco y Asistencia Ventricular Mecánica de la CUN. Por lo que, resalta, la importancia del soporte emocional y familiar. “Siempre involucramos al cuidador principal de nuestros pacientes desde antes incluso de la colocación del dispositivo”, añade.
A todos los afectados, tanto Francisco como Abel recomiendan “hacerse la cirugía si se puede”. “A mí me ha dado vida”, asevera el gallego. “Yo ahora voy tranquilo con el aparato”, agrega Francisco. Y ambos, así como los doctores, piden unidades especializadas y mantener un ojo en la salud del corazón a lo largo de los años. “Este es el escalón final de la insuficiencia cardíaca. La manera de evitar llegar ahí es la prevención: no fumar, controlar la tensión, hacer ejercicio, mantener una dieta equilibrada y los controles médicos”, aconseja el doctor Dobarro.
Corazones mecánicos, xenotranplantes e inteligencia artificial
Los dispositivos ventriculares han ido ganando importancia a la vez que otros avances. Hablamos de los llamados "corazones mecánicos": uno de los primeros completos fue colocado hace diez años por la CUN. Se trata de una operación delicada, tal y cómo explica Gregorio Rábago, doctor presente en aquella intervención.
“Para todos fue muy emocionante porque era un reto. Era un trabajo de equipo muy importante en lo que estaba involucrado todo el hospital. Y la verdad es que fue una satisfacción y los resultados fueron buenos”, cuenta sobre estas cirugías que califica de muy puntuales, ya que se coloca un corazón totalmente artificial a la espera de trasplante, y eso conlleva riesgos.
El doctor Rábago (izd.) sostiene dos dispositivos cardiácos, uno antiguo y otro moderno; y la enfermera Leticia Jimeno (izq.).
A largo plazo, Rábago imagina también un futuro en el que se mezclan dispositivos y tejidos biocomplatibles, ya sea humanos o xenotrasplantes, para acelerar su aceptación por parte del paciente o con una apoyo de Inteligencia artificial. “Es un mundo fascinante. Yo creo que todavía le queda mucho tiempo, pero estamos avanzando a pasos agigantados”. Hasta entonces, la enfermera Leticia Jimeno anima, por su parte, a seguir donando. “Es el futuro para muchos pacientes con insuficiencia cardiaca avanzada. Salva muchas vidas”, concluye.