OTAN, Europa y la guerra del futuro: la inteligencia artificial redefine la seguridad internacional
- Europa afronta el mayor cambio estratégico tras la Guerra Fría con dudas sobre el compromiso de EE.UU. con su seguridad
- La defensa del futuro dependerá de la capacidad militar, del dominio de la IA, los datos, el espacio y la industria tecnológica
Bajo el título "Aliados y amenazas", militares, expertos, representantes de la industria, académicos, diplomáticos y periodistas han analizado, en Toledo, los grandes desafíos de la seguridad global, en el Seminario Internacional de Seguridad y Defensa, organizado por la Asociación de Periodistas Europeos (APE). La inteligencia artificial, los drones, las armas autónomas, el espacio o las amenazas híbridas obligan a la OTAN y a los aliados europeos a adaptar su estrategia para responder a una nueva generación de conflictos.
Las guerras de Ucrania o de Oriente Medio, el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca y la creciente rivalidad entre potencias, Estados Unidos, Rusia y China, aceleran asimismo el debate sobre el futuro de la seguridad europea y redefinen la arquitectura de seguridad internacional.
La OTAN adapta su estrategia mientras Europa busca reforzar su autonomía estratégica. Los expertos coinciden en que la resiliencia democrática o la innovación tecnológica serán tan decisivas como las capacidades militares tradicionales.
Europa y la OTAN, ante un mundo más incierto
La invasión rusa de Ucrania acabó con la idea de que un conflicto convencional de alta intensidad pertenecía al pasado y abrió una nueva etapa marcada por el rearme, la competición entre grandes potencias y la necesidad de revisar una arquitectura de seguridad construida tras el final de la Guerra Fría. A esa inestabilidad se han sumado la escalada en Oriente Medio, el creciente pulso estratégico entre Estados Unidos y China y la irrupción de tecnologías capaces de transformar la forma de hacer la guerra.
En este escenario, la inteligencia artificial, los drones, el espacio, el ciberespacio y el dominio del dato han dejado de ser conceptos de futuro para convertirse en elementos decisivos del presente. Estas nuevas realidades obligan a Europa y a la Alianza Atlántica a adaptarse a un mundo que cambia más deprisa que las estructuras creadas para garantizar su seguridad. Una de las ideas compartidas en el encuentro es que la seguridad del siglo XXI ya no puede entenderse únicamente desde una perspectiva militar. La defensa del futuro dependerá también de la capacidad tecnológica, la innovación industrial, la resiliencia democrática, la protección de las infraestructuras críticas y la cooperación entre aliados.
El seminario de Toledo nació cuando Europa seguía dividida por el Telón de Acero y la Guerra Fría condicionaba la política internacional. Más de cuatro décadas después, el contexto ha cambiado radicalmente. En declaraciones a RTVE.es, el secretario general de la Asociación de Periodistas Europeos, Miguel Ángel Aguilar, recordaba que el encuentro surgió para fomentar el conocimiento mutuo entre quienes informan sobre los conflictos y quienes tienen la responsabilidad de prevenirlos o afrontarlos.
"El encuentro nació en 1983 para acercar a periodistas y militares. En España, lo que había eran 364 días de silencio y un día de exaltación absoluta que era el día del desfile. Entonces se trataba de alterar eso y de hacer que los asuntos de la defensa pasaran a ser debatidos en los ámbitos de la sociedad civil, de la prensa. Que todo eso no fuera materia reservada y luego exaltación exacerbada", explica.
Aguilar considera que la seguridad internacional ya no puede analizarse únicamente desde el ámbito castrense. Requiere incorporar la visión de diplomáticos, investigadores, juristas, expertos en inteligencia artificial, industria de defensa y centros de pensamiento.
"El verdadero valor del seminario reside tanto en las mesas redondas como en las conversaciones que genera", sentencia, resumiendo el espíritu de un foro que ha acompañado la evolución del escenario internacional desde el final de la Guerra Fría hasta la aparición de las guerras híbridas, la inteligencia artificial y la competición tecnológica entre potencias. La edición de este año estuvo además marcada por el recuerdo del periodista de RTVE, Diego Carcedo, fallecido recientemente. Carcedo presidió durante años la APE y contribuyó a la consolidación de este seminario como uno de los principales espacios de reflexión sobre seguridad y defensa en España.
La OTAN y Europa, y su transformación
Europa afronta el escenario estratégico más complejo desde el final de la Guerra Fría. Las amenazas ya no pueden analizarse de forma aislada. Todo forma parte de un mismo escenario caracterizado por una creciente interdependencia entre los distintos dominios del conflicto. Ese diagnóstico atravesó prácticamente todos los debates del seminario y conecta con una realidad que preocupa especialmente a los gobiernos europeos: el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca ha reabierto el debate sobre el futuro del compromiso estadounidense con la seguridad del continente.
"El comportamiento infantiloide y desquiciado de Trump nos está impulsando a activar nuestra autonomía. Es un generador de incertidumbre. Nosotros no somos suplicantes. A nosotros se nos trata d igual a igual, con respeto", resume Aguilar el sentir de muchos europeos. Aunque nadie cuestiona el papel de la OTAN, sí quedó patente que Europa deberá asumir una mayor responsabilidad en materia de defensa, si quiere responder con eficacia a un entorno cada vez más competitivo e imprevisible.
La transformación de la Alianza Atlántica fue uno de los ejes del seminario, con la próxima cumbre de la OTAN, los próximos 7 y 8 de julio en Turquía, como telón de fondo. La directora de Política de Seguridad de la Alianza, Carmen Romero, explicó que la organización atraviesa el mayor proceso de adaptación estratégica desde el final de la Guerra Fría. La guerra en Ucrania ha acelerado cambios que ya estaban en marcha, pero la verdadera revolución va mucho más allá del incremento del gasto militar porque la innovación tecnológica forma ya parte de la defensa colectiva.
Carmen Romero, directora de Política de Seguridad de la OTAN Antonio Carrasco/APE
Para Romero, hay que proteger también las redes digitales, reforzar las infraestructuras críticas y garantizar la capacidad de respuesta frente a campañas de desinformación o ataques híbridos. Y aseguró que la OTAN no está en crisis sino en "un proceso de profunda transformación de la Alianza hacia una OTAN más europea". "Adaptarse es una de las cosas que la OTAN sabe hacer mejor. Es lo que ha hecho siempre, conforme el mundo ha cambiado. La OTAN ha cambiado para poder responder a las emergentes realidades de seguridad y lo que hace que la OTAN sea una organización tan fuerte es precisamente eso y es lo que estamos viendo de nuevo", sentenció.
La resiliencia de las sociedades democráticas constituye, sin duda, también una capacidad estratégica. Y es que hoy más que nunca la seguridad comienza mucho antes de que estalle una guerra. Se construye fortaleciendo instituciones, infraestructuras, cadenas de suministro y ciudadanos capaces de resistir campañas de manipulación e injerencia. En ese contexto, la cooperación entre aliados sigue siendo el principal activo de la OTAN, porque las amenazas híbridas exigen respuestas integrales. La Alianza, y por tanto los aliados, debe hacer frente a un entorno en el que la confrontación combina presión militar, operaciones cibernéticas, ataques contra infraestructuras críticas, campañas de influencia y competencia tecnológica.
La incertidumbre sobre el compromiso estadounidense ha impulsado otro de los grandes debates: la autonomía estratégica europea. Durante la clausura, el director general de Política de Defensa, teniente general Fernando López del Pozo, defendió una Europa más fuerte dentro de la Alianza. "Las alianzas son absolutamente esenciales", dijo, pero añadió que el nuevo contexto obliga a reforzar las capacidades propias del continente: "Europa tiene que mantenerse firme. Europa tiene que avanzar en su propia unidad". Por tanto, reforzar el pilar europeo no significa debilitar el vínculo transatlántico.
La dependencia tecnológica, industrial y militar respecto a Estados Unidos sigue siendo muy elevada. Sin embargo, la experiencia de Ucrania y el nuevo contexto político han convencido a buena parte de los gobiernos europeos de que la autonomía estratégica ya no puede limitarse a un concepto político. Debe traducirse en inversiones, innovación y capacidad industrial.
Cuando la inteligencia artificial entra en el campo de batalla
La guerra ya no puede entenderse únicamente desde una perspectiva convencional. Los tanques, los cazas o los buques siguen siendo esenciales, pero el equilibrio estratégico depende cada vez más de la inteligencia artificial, los drones, los satélites, el procesamiento masivo de datos y la capacidad para integrar toda esa información en tiempo real. Las guerras actuales demuestran hasta qué punto la tecnología puede alterar el desarrollo de un conflicto.
Drones comerciales transformados en armas de precisión, inteligencia artificial para procesar imágenes de satélite, comunicaciones seguras, sistemas autónomos o plataformas capaces de coordinar miles de datos en segundos forman ya parte del combate diario. Pero no se trata únicamente de fabricar armas más sofisticadas. La revolución afecta a la propia forma de tomar decisiones y plantea interrogantes inéditos para el Derecho Internacional y la ética.
"Estamos delegando decisiones de vida o muerte a máquinas que no tienen ética", advierte la profesora Roser Martínez, directora de la Cátedra Manuel Ballbé de Seguridad Humana y Derecho Global de la Universidad Autónoma de Barcelona y delegada ante Naciones Unidas para el Tratado de Armas Convencionales. Martínez trasladó el debate del terreno militar al jurídico y al ético. "Durante siglos hemos pensado en la guerra con conceptos como territorio, soberanía, soldados y armas. Tenemos que empezar a pensar en términos de datos, algoritmos y sistemas autónomos", explicó. Se trata de comprender que el centro de gravedad de los conflictos está cambiando. "El dato se ha convertido en el nuevo centro de gravedad. Es el nuevo petróleo de la guerra", sentenció Roser Martínez.
Y es que quien controla los datos controla la información. Y quien domina la información dispone de una ventaja estratégica decisiva. El escenario actual obliga a replantearse incluso los conceptos clásicos con los que se ha entendido la guerra durante siglos. Además del terreno, hay un nuevo campo de batalla, el emocional. Para la profesora Martínez "lo verdaderamente preocupante es la deshumanización del proceso decisional."
En declaraciones a RTVE.es, alerta también de que la inteligencia artificial ya está siendo utilizada en escenarios bélicos sin que exista una regulación internacional suficientemente desarrollada para controlar sus consecuencias. Y añade que "estos sistemas pueden reproducir los sesgos de quienes los programan o de los datos con los que han sido entrenados" y plantea uno de los grandes interrogantes del futuro inmediato. Si una máquina toma una decisión letal, ¿quién responde? El Derecho Internacional avanza mucho más despacio que la tecnología y la comunidad internacional necesita abrir cuanto antes un debate sobre la regulación de las armas autónomas para garantizar que siempre exista un control humano efectivo sobre el uso de la fuerza.
Europa ha de estar despierta ante un nuevo escenario
Charlotta Sparre, subdirectora del Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo (SIPRI), uno de los centros de referencia mundial en el análisis de conflictos y armamentos, resumía el momento que vive Europa con una expresión tan breve como elocuente: "Europa vive un auténtico wake-up call (llamada de alerta)". Sparre considera que el continente ha tomado conciencia de que el entorno estratégico ha cambiado de forma estructural y que ya no es posible confiar en que las reglas internacionales que garantizaron la estabilidad durante décadas continúen funcionando de la misma manera.
A la izquierda, Charlotta Sparre, subdirectora del SIPRI Antonio Carrasco/APE
A la guerra de Ucrania se suman el deterioro del orden internacional, la competencia entre grandes potencias, el incremento del gasto militar y una revolución tecnológica que obliga a revisar incluso los mecanismos tradicionales de control de armamentos. "Necesitamos desarrollar nuevos marcos de control de armamentos adaptados tanto a las tecnologías emergentes como a la creciente fragmentación geopolítica", explica a RTVE.es. Al igual que Roser Martínez, Sparre advierte de que los tratados diseñados durante la Guerra Fría ya no bastan para regular tecnologías como la inteligencia artificial o los sistemas autónomos. La gobernanza internacional debe evolucionar al mismo ritmo que las nuevas capacidades militares.
Para la analista del SIPRI, la atención política se concentra hoy en el rearme y la seguridad dura, pero Europa no puede perder de vista otros factores. "Lo que hace que estos tiempos sean significativamente diferentes en comparación con épocas anteriores es el nivel de la globalización que nos ha hecho interdependientes, lo cual es potencialmente algo positivo, pero que también está teniendo repercusiones y consecuencias. En relación con ello, están los efectos del cambio climático que, si no hacemos nada al respecto, están afectando no solo a nuestra generación, sino que afectarán aún más a las generaciones venideras, y posiblemente de forma irreparable. Y luego está el desarrollo tecnológico. Estamos asistiendo a un desarrollo tecnológico que, de nuevo, si se utiliza para el bien, puede aportar enormes beneficios, pero también estamos viendo su uso en el ámbito militar, sin ningún tipo de control, y resulta muy difícil saber adónde nos llevará todo esto", asegura.
Sparre señala también que tampoco hay que olvidar otros factores que condicionan la estabilidad internacional como la inseguridad alimentaria o las crisis humanitarias que continúan actuando como multiplicadores de conflictos y forman parte del mismo escenario estratégico.
Un seminario, tan necesario como hace cuatro décadas
Miguel Ángel Aguilar recuerda que el seminario de la Asociación de Periodistas Europeos que dirige se ha visto obligado, ante los cambios en seguridad y defensa, a ampliar los campos de los que provienen sus participantes, más allá de periodistas y militares, porque la seguridad internacional ya no depende exclusivamente de los ejércitos, depende también del conocimiento. Y, sobre todo, de la capacidad para anticipar amenazas que evolucionan mucho más deprisa que las instituciones encargadas de hacerles frente.
Europa ya no puede limitarse a reaccionar ante las crisis, debe prepararse para un escenario en el que la competición estratégica será permanente y en el que la superioridad militar dependerá tanto de la innovación tecnológica como de la fortaleza de las alianzas. Los drones, la inteligencia artificial o los sistemas autónomos han dejado de ser tecnologías del futuro, han modificado la manera de combatir y obligan a revisar conceptos tan esenciales como la disuasión, la responsabilidad jurídica o el control humano del uso de la fuerza. Son algunas de las conclusiones del encuentro.
Y es importante no olvidar que hay que trabajar para acabar con la inseguridad en todos los campos porque, como dijo, en la clausura del seminario, Emiliano García-Page, presidente de Castilla-La Mancha, "lo más caro, lo más costoso, mucho más que lo que cuesta la seguridad y la defensa, es lo que cuesta la inseguridad".
En el centro, el presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page Antonio Carrasco/APE
Si en 1983 el desafío de este seminario de Toledo era comprender la lógica de la Guerra Fría y acercar a periodistas y militares, en 2026, el reto es mucho más complejo: entender la guerra que también se libra con algoritmos, datos, inteligencia artificial y batallas por el control de la información. Europa ha empezado a reaccionar. La gran incógnita es si lo hará con la rapidez que exige el nuevo escenario estratégico.