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De Oslo a Trump: las siete veces que Netanyahu intentó detener una paz que no le interesaba

  • Netanyahu ha recurrido a la presión diplomática o los asentamientos para boicotear acuerdos que rechazaba
  • Los bombardeos del Líbano y la suspensión del acuerdo plantean si esta vez podrá seguir aplicando su "método"
El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, reacciona mientras asiste a una audiencia en el Tribunal de Magistrados de Rishon Lezion, Israel

A lo largo de tres décadas, Benjamín Netanyahu ha protagonizado un patrón recurrente y documentado de obstrucción a acuerdos internacionales al considerarlos contrarios a los intereses de Israel, incompatibles con su visión estratégica de Oriente Próximo o, simplemente, porque comprometían su supervivencia política.

Desde los Acuerdos de Oslo hasta el pacto nuclear con Irán, pasando por las negociaciones impulsadas por John Kerry o los contactos para la última tregua en Gaza, Netanyahu ha empleado herramientas muy distintas para alcanzar sus objetivos. A veces lo ha hecho mediante hechos consumados sobre el terreno, otras mediante presión diplomática sobre Washington, y más recientemente, mediante nuevas exigencias de seguridad introducidas en plena negociación con el propósito de sabotearlas.

Así, la cronología muestra una continuidad entre episodios separados en sus más de treinta años de carrera política, en parte de ellos ejerciendo como primer ministro de Israel. De hecho, ningún otro líder israelí ha ocupado ese cargo durante tanto tiempo.

Los acontecimientos de junio de 2026 sitúan la cuestión en el centro del debate. Este análisis recorre una cronología de tres décadas, desde el episodio más reciente —los bombardeos israelíes sobre Líbano que han puesto en riesgo el acuerdo impulsado por Estados Unidos con Irán— hasta los orígenes de un patrón que se remonta a los años noventa.

El presidente de EE.UU., Bill Clinton, preside la firma de los acuerdos de paz de Oslo en presencia del presidente de la OLP, Yaser Arafat, y el entonces primer ministro israelí, Isaac Rabin Getty Images

Oslo: el origen del patrón (1996-1999)

La oposición de Netanyahu a los Acuerdos de Oslo constituye el punto de partida obligado. Tras la firma del acuerdo entre Israel y la OLP el 13 de septiembre de 1993, el entonces líder del Likud se convirtió en una de las voces más visibles contra el proceso impulsado por el primer ministro Yitzhak Rabin, su ministro de Exteriores, Shimon Peres, y el entonces líder de la OLP, Yaser Arafat. Consideraba que las concesiones territoriales previstas ponían en riesgo la seguridad de Israel y convirtió el rechazo a Oslo en uno de los ejes de su ascenso político hasta llegar al poder en 1996.

Ya como primer ministro, no derogó formalmente los acuerdos, pero ralentizó su aplicación, endureció las condiciones para ejecutarlos y mantuvo una relación de permanente confrontación con la lógica que los sustentaba: la creación progresiva de un Estado palestino mediante negociación.

Años después, una grabación realizada en 2001 y difundida posteriormente mostró a Netanyahu explicando ante colonos cómo había utilizado determinadas cláusulas para limitar la aplicación práctica de Oslo. "Puse fin de facto a los Acuerdos de Oslo", afirmaba en aquella conversación, en la que también describía cómo había aprovechado las ambigüedades del texto para impedir que condujera a retiradas territoriales más amplias. Para sus críticos, aquella grabación constituyó una rara admisión explícita de una estrategia que llevaba años denunciándose.

Wye River: firmar para congelar (1998)

Otra manifestación clara del "método Netanyahu" apareció con el Memorándum de Wye River, negociado bajo la presión de la administración Clinton en EE.UU. El acuerdo contemplaba nuevas transferencias territoriales equivalentes al 13% de Cisjordania a la Autoridad Nacional Palestina (ANP) a cambio de compromisos reforzados de seguridad palestinos.

Netanyahu aceptó el pacto en octubre de 1998, pero apenas unas semanas después suspendió su aplicación alegando incumplimientos en materia de seguridad por parte de la ANP. La decisión provocó fuertes tensiones con Washington y abrió una crisis dentro de su propia coalición, dividida entre quienes consideraban excesivas las concesiones territoriales y quienes defendían cumplir los compromisos adquiridos con Estados Unidos.

La lección política fue importante: Netanyahu no siempre intentaba impedir que los acuerdos se firmaran. En ocasiones prefería aceptarlos bajo presión internacional y posteriormente ralentizar, condicionar o bloquear su ejecución. Wye River se convirtió en uno de los primeros precedentes de una estrategia que reaparecería en negociaciones posteriores.

Momentos después de la firma del acuerdo de Río Wye: la paz que sellaron Netanyahu y Arafat hace 25 años Getty Images

El acuerdo secreto Peres-Abás (2011)

En 2011 surgió una oportunidad menos conocida. El entonces presidente israelí, Shimon Peres, reveló posteriormente que había alcanzado junto al ya entonces presidente de la ANP, Mahmud Abás, un entendimiento preliminar tras meses de contactos discretos en Jordania. Según Peres, el acuerdo nunca prosperó porque Netanyahu decidió no respaldarlo. Aunque Peres ocupaba entonces la Presidencia de Israel, un cargo con funciones principalmente representativas, era el primer ministro quien tenía la capacidad política y ejecutiva para convertir aquel entendimiento en una negociación formal.

La importancia del episodio radica menos en el hecho de que no llegara a firmarse que en el contenido que describió posteriormente Peres. Según su relato, Abás había aceptado avanzar hacia una fórmula que incluía el reconocimiento de Israel como Estado judío, intercambios territoriales y mecanismos que permitían a Israel conservar algunos de los principales bloques de asentamientos.

Si la versión de Peres era correcta, se trataba de una de las posiciones más flexibles asumidas hasta entonces por un dirigente palestino en cuestiones consideradas históricamente sensibles para Israel. Sin embargo, el entendimiento nunca llegó a transformarse en una negociación formal respaldada por el Gobierno israelí. El episodio suele aparecer en los debates sobre oportunidades perdidas para reactivar el proceso de paz durante la primera década del siglo XXI.

Diálogo entre el Presidente de la Autoridad Palestina, Mahmoud Abbas, y Shimon Peres durante la Segunda Conferencia de Premios Nobel de Petra organizada por el Fondo Rey Abdullah II en 2006 Getty Images

La iniciativa Kerry y el último intento serio de paz (2013-2014)

El siguiente gran episodio llegó con la mediación del secretario de Estado estadounidense, John Kerry, el funcionario estadounidense que más hizo por lograr una paz duradera entre israelíes y palestinos. Durante meses, la administración de Barack Obama intentó reactivar unas negociaciones directas entre israelíes y palestinos. Era el esfuerzo diplomático más ambicioso de Washington en años y una de las últimas oportunidades reales para relanzar la solución de dos Estados.

El proceso terminó colapsando, pero no de forma repentina. Según la reconstrucción realizada posteriormente por Kerry, hubo una secuencia concreta de acontecimientos. Israel se había comprometido a liberar una cuarta tanda de prisioneros palestinos encarcelados antes de los Acuerdos de Oslo. La liberación no se produjo. Pocos días después, incluso estando Kerry en Jerusalén, llegó el anuncio de la construcción de unas 700 nuevas viviendas en Jerusalén Este.

El norteamericano identificaría posteriormente aquel momento como el punto de ruptura. "Ahí fue cuando todo se vino abajo", explicó ante el Senado estadounidense. Para los mediadores de EE.UU., el incumplimiento de la liberación de prisioneros y la expansión simultánea de asentamientos minaron la confianza necesaria para mantener vivo un proceso de paz que si entonces estaba tocado de muerte, hoy está en estado terminal.

El secretario de Estado, John Kerry, ofrece un discurso sobre la visión del Gobierno del presidente Barack Obama para la paz en Oriente Medio, en el Departamento de Estado, en Washington, 2016 EFE

El desafío a Obama ante el acuerdo nuclear iraní (2015)

Si existe un episodio que simboliza la voluntad de Netanyahu de combatir un acuerdo internacional por todos los medios políticos disponibles, fue su discurso ante el Congreso estadounidense el 3 de marzo de 2015.

Invitado por la mayoría republicana y sin coordinación con la Casa Blanca, el primer ministro israelí compareció en Washington para denunciar el acuerdo nuclear que la administración de Barack Obama negociaba con Irán. La tensión fue tal que Obama rechazó reunirse con él durante la visita para evitar la impresión de que estaba interviniendo en un debate político interno estadounidense.

La escena fue extraordinaria. Un dirigente extranjero intervenía directamente en una de las mayores disputas de política exterior de un presidente estadounidense en ejercicio. Ante congresistas y senadores estadounidenses, Netanyahu advirtió ya entonces que el acuerdo no bloquearía el camino de Irán hacia el arma nuclear, sino que lo facilitaría, y lo presentó como una amenaza para la supervivencia de Israel.

El discurso marcó uno de los momentos de mayor fricción entre un primer ministro israelí y una administración estadounidense. Netanyahu convirtió la oposición al acuerdo en una campaña internacional y contribuyó a polarizar profundamente el debate en Washington, transformando una cuestión tradicionalmente bipartidista en un asunto de confrontación política interna.

Aunque no logró impedir la firma del pacto en 2015, la batalla política dejó una huella duradera. Tres años más tarde, Donald Trump abandonaría unilateralmente el acuerdo, una decisión celebrada por Netanyahu como "la corrección de un error histórico".

Benjamin Netanyahu señala una línea roja que dibujó en un gráfico de una bomba durante su discurso ante la Asamblea General de las Naciones Unidas el 27 de septiembre de 2012 en la ciudad de Nueva York Mario Tama Mario Tama

Gaza, Filadelfia y las negociaciones de rehenes (2024)

El episodio más sólido desde el punto de vista documental se produjo durante las negociaciones para una tregua en Gaza y la liberación de rehenes. Se trataba del principal esfuerzo diplomático desde los ataques del 7 de octubre de 2023 y buscaba combinar un alto el fuego con la liberación de decenas de cautivos israelíes.

Durante meses, mediadores estadounidenses, egipcios y cataríes denunciaron dificultades derivadas de nuevas exigencias israelíes relacionadas con el Corredor de Filadelfia, una estrecha franja de aproximadamente 14 kilómetros que separa Gaza de Egipto y que Netanyahu convirtió en una de sus principales líneas rojas. El primer ministro insistió en que Israel debía mantener algún tipo de control sobre la zona para impedir el contrabando de armas hacia Hamás, mientras los mediadores defendían fórmulas alternativas.

Distintas filtraciones de prensa del momento documentaron cómo en los sucesivos borradores aparecían nuevas condiciones que complicaban el avance de las negociaciones. Las críticas llegaron también desde Israel: familiares de los rehenes y algunos miembros del propio equipo negociador acusaron al Gobierno de endurecer las condiciones cuando los contactos parecían acercarse a un acuerdo.

Posteriormente, una investigación judicial israelí añadió un elemento todavía más delicado. El Tribunal de Magistrados de Rishon Lezion examinó la actuación de colaboradores próximos a Netanyahu por la filtración de documentación relacionada con las negociaciones. Según los investigadores, parte de ese material habría sido difundido para influir en el debate público sobre el acuerdo y reforzar la posición gubernamental respecto al control del Corredor de Filadelfia.

Un soldado israelí apostado en el corredor de Filadelfia, El Ejército israelí asegura tener un control militar "total" del corredor de Filadelfia, la franja de 14 kilómetros que hoy separa Gaza de Egipto EFE

Líbano, Irán y la gran incógnita (2026)

Por eso los acontecimientos de junio de 2026 adquieren una dimensión especial. El 18 de junio, mientras celebraba el acuerdo alcanzado con Irán, Donald Trump reclamó públicamente un "alto el fuego completo en todos los frentes", incluido el Líbano. Sin embargo, horas después, los bombardeos israelíes continuaron y las conversaciones previstas para desarrollar el acuerdo acabaron suspendidas.

A diferencia de los episodios anteriores, el desacuerdo ya no se produce con una administración demócrata ni en torno a la cuestión palestina. Esta vez enfrenta a Netanyahu con un presidente republicano y gira en torno al principal objetivo estratégico de Israel desde hace décadas: Irán.

Tampoco está claro que la estrategia vaya a producir el mismo resultado que en el pasado. Netanyahu consiguió ralentizar Oslo, congelar Wye River, dejar atrás la iniciativa Kerry y sobrevivir políticamente a sus choques con Barack Obama. La incógnita es si podrá hacer lo mismo con un acuerdo impulsado por Donald Trump.

Si Washington decide seguir adelante pese a la oposición israelí, el significado histórico de la crisis actual irá mucho más allá de Líbano. Por primera vez en tres décadas, Netanyahu no estaría condicionando un proceso diplomático: estaría perdiendo la capacidad de hacerlo.