EE.UU. e Irán se enzarzan en un conflicto de baja intensidad ante la falta de avances en las negociaciones de paz
- Trump tiene más prisa por llegar a un acuerdo, pero los tiempos políticos son distintos en Teherán
- Netanyahu obstaculiza las negociaciones, que avanzan muy lentas, con su ofensiva en Líbano
EE.UU. e Irán han intercambiado esta semana nuevos ataques tanto en el estrecho de Ormuz como en el golfo Pérsico. No es la primera vez desde que el presidente estadounidense, Donald Trump, declarase el 8 de abril un alto el fuego en la guerra iniciada junto a Israel el 28 de febrero, una tregua que ninguna de las dos partes ha declarado rota de momento.
La refriega se produce después de que Teherán haya pausado las negociaciones con Washington, que se llevan a cabo por mediación de Pakistán. Irán alega que no puede negociar mientras Israel bombardea a sus aliados, Hizbulá, en el Líbano. Las negociaciones ya avanzaban con lentitud antes de esto, y un acuerdo no parece inmediato.
El escenario se asemeja cada vez más al de un conflicto de baja intensidad, si no fuera por el poder de los actores implicados y por las repercusiones económicas mundiales del cierre del estrecho de Ormuz.
"Cuando no hay avances en las negociaciones, a ambas partes les interesa mantener un conflicto de intensidad mínima", explica a RTVE Noticias Daniel Bashandeh, analista político y experto en Irán, que cree que Trump "todavía no ha dado con la tecla de cómo funcionan los tiempos en la política iraní".
"EE.UU. usa la fuerza para presionar a Irán, intenta medir su capacidad y voluntad de responder, pero Irán no se deja doblegar", declara por su parte Leyla Hamad Zahonero, investigadora asociada del Centro de Estudios Árabes Contemporáneos (CEARC).
El secretario general de la ONU, António Guterres, se muestra preocupado por estos nuevos enfrentamientos y los ataques contra Kuwait. Así lo ha declarado ante la prensa su portavoz Stéphane Dujarric, que ha afirmado que el secretario insta a todas las partes a "actuar con máxima moderación" y evitar una nueva escalada que pueda "socavar los esfuerzos diplomáticos en curso": "La soberanía y la integridad territorial de todos los países deben ser respetadas", ha añadido.
Negociaciones lentas, tiempos diferentes
Ni reapertura del estrecho de Ormuz, ni entrega del uranio enriquecido, ni levantamiento de las sanciones: de momento no ha habido ningún avance sobre los asuntos clave que deben formar parte del acuerdo.
Trump tiene más prisa que los dirigentes iraníes para llegar a algún tipo de pacto concreto que le permita cantar victoria antes de noviembre, cuando se celebran las elecciones legislativas de mitad de mandato. Las elecciones pintan mal para los republicanos, entre otras cosas, por el aumento de la inflación provocado al dispararse el precio del petróleo. Las encuestas muestran que la guerra es muy impopular entre los estadounidenses: el 68% creen que el país debería firmar un acuerdo para ponerle fin tan pronto como sea posible, según la última encuesta de Yougov y The Economist.
Este mismo martes, el presidente de EE.UU. aseguró que las negociaciones no se habían interrumpido, y en el Congreso el secretario de Estado, Marco Rubio, insistió en el mantra de la Administración Trump de que, de hecho, "la guerra ha acabado".
Los medios oficiales iraníes, por el contrario, afirman que no ha habido contactos en los últimos días.
"No sé si hablar de un bloqueo político en torno a las negociaciones, pero sí que hay varios escollos que superar, y el principal es saber si va a haber un nuevo equilibrio de poder dentro de Irán", opina Daniel Bashandeh, que cree que ambas partes miden la capacidad de resistencia del otro.
"Trump todavía no ha dado con la tecla de cómo funcionan los tiempos en la política iraní - abunda el analista. - Si apuesta por la confrontación, la presión y la fuerza, la República Islámica se cohesiona y cierra filas. Pero si apuesta por un proceso negociador en el que ofrezca concesiones, crea divisiones internas. Esa es la cuestión ahora mismo".
Según Bashandeh, los tiempos de uno y otro interlocutor son muy diferentes. "Ahora mismo hay unos nuevos interlocutores en Irán que necesitan justificarse internamente, que necesitan vender resultados concretos a través de las negociaciones. Estos nuevos líderes que están negociando con EE.UU. necesitan consolidar su poder interno y tejer nuevas alianzas. Trump no sabe cómo ser partícipe de esa reorganización, algo que sí ha conseguido en Venezuela, por ejemplo".
"A ambas partes les interesa, al menos hasta que desbloqueen algún tipo de acuerdo o entendimiento, mantener un conflicto con una intensidad mínima o baja, puntual, para justificarse internamente, sobre todo en Irán", apostilla Bashandeh.
Para Leyla Hamad Zahonero, la sensación es que se producen "avances y retrocesos" en las conversaciones. La investigadora destaca que, en este último enfrentamiento, Teherán no ha respondido como un reflejo, con una acción equivalente a la interceptación del petrolero, sino que ha sido algo más contundente con sus bombardeos en Baréin y Kuwait.
"No es que avancemos hacia una reanudación de la guerra - interpreta la investigadora -, sino que se inscribe dentro del marco de negociación: efectuar ataques para presionar al contrincante político en la mesa de negociaciones".
Diferencias dentro del régimen iraní
Uno de los factores que hay que tener en cuenta son las diferencias dentro del propio régimen iraní, que fue descabezado con el asesinato del Líder Supremo, Alí Jameneí, en los primeros bombardeos.
Según los analistas, puede hablarse de dos campos: el de los partidarios de la negociación con EE.UU., y el de aquellos a los que beneficia una prolongación de las hostilidades. Entre los primeros estarían el ministro de Exteriores, Abbas Araqchi, y el presidente del Parlamento y jefe negociador, Mohamad Baqer Qalibaf. Entre los segundos, el Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica, cuya influencia ha crecido gracias a la guerra y que se juega su poder político y económico.
Por encima de todos, según la estructura política de la República Islámica, está Mojtaba Jameneí, nuevo Líder Supremo en sustitución de su padre. Pero no ha aparecido aún en público y no se conoce su papel en las negociaciones.
"Hay diferentes facciones y diferentes actores que compiten por el poder dentro de Irán", dice Bashandeh, y EE.UU. "no lo está interpretando de forma adecuada". "Si realmente quieren cerrar un acuerdo, tendrían que apoyar a través de concesiones a los dirigentes partidarios de negociar". Al final, recuerda el analista, cualquier pacto alcanzado por los representantes políticos necesitará el visto bueno de los militares.
"En casi todos los conflictos y en casi todas las cúpulas políticas siempre hay grupos que son más partidarios de la paz o de la diplomacia, y otros que son más férreos", puntualiza Leyla Hamad Zahonero. "Lo que pasa es que la distribución de poder iraní es bastante compleja, como un mosaico".
Netanyahu intenta boicotear un acuerdo
Además de por su interlocución con los iraníes, Trump tiene que preocuparse de su aliado. Israel respetó el alto el fuego decretado con Irán el 8 de abril, pero continuó con los bombardeos sobre Líbano, incluso con más fuerza. Hasta el 17 de abril la tregua no se extendió a Líbano, con la apertura de negociaciones entre los gobiernos israelí y libanés sin la participación de Hizbulá.
En este escenario sí puede decirse que la teórica tregua ha sido inexistente: Israel no ha retirado sus tropas de una franja en el sur del Líbano y los bombardeos aéreos y artilleros han sido casi diarios. Desde el 2 de marzo han muerto 3.516 personas, 48 sólo desde el martes. Hay más de un millón de desplazados internos.
El empeño del primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, en proseguir e intensificar la campaña contra Hizbulá, incluso con ataques sobre Beirut, condiciona y obstaculiza las negociaciones con Irán. Tanto que, según el medio digital Axios, Trump perdió la paciencia con su aliado, al que llamó "jodido loco" en una conversación telefónica. Este mismo miércoles el presidente ha reconocido que estuvo "un poco alterado" con Netanyahu por su "continua lucha con Líbano".
El enfado de Trump con Netanyahu es comprensible: fue el primer ministro israelí quien le convenció para ir a la guerra contra Irán, cuando presidentes anteriores siempre se habían negado por prudencia.
"A Israel, o mejor dicho, a Netanyahu, no le interesa que haya una interlocución entre los nuevos dirigentes iraníes y Trump, no le interesa que haya un acuerdo", afirma Daniel Bashandeh.
Para Irán, las acciones de Israel brindan una oportunidad para regionalizar el conflicto. "Les permite poner el foco en Líbano, en Gaza, en cómo Israel condiciona la agenda de EE.UU. Les viene bien para alargar el proceso y desgastar aún más a Trump", según el analista.
Hamad Zahonero advierte de que Israel tiene sus propios planes para el sur del Líbano, relacionados con su "política expansionista" y con crear una "zona de amortiguación", y por tanto no tiene interés en detener su ofensiva. Además, a diferencia de lo que ocurre en EE.UU., la población israelí está a favor.
Pero, según la investigadora del CEARC, "lo que sucede en Líbano juega un papel vital en la narrativa de Irán, no puede llegar a un acuerdo con EE.UU. con lo que está ocurriendo en Líbano a ojos de todo el mundo". "El Líbano forma parte del alto el fuego con Irán, y si no se respeta allí, no se está respetando en la guerra contra Irán", concluye.