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José Estebas, el agustino recoleto que envía "chistes" al papa León XIV con el que compartió misión en Perú

  • El misionero riojano recuerda su estrecha amistad con Robert Prevost basada en la "alegría agustiniana"
  • Desde los Andes, el "padre Pepe" rememora sus almuerzos y la curiosa coincidencia de apellidos con el pontífice
En el centro de la imagen, con camisa blanca, el papa León XIV cuando era obispo de Chiclayo y el padre José Estebas.
En el centro de la imagen, con camisa blanca, el papa León XIV cuando era obispo de Chiclayo y el padre José Estebas. ARCHIVO PARTICULAR J.E.

A más de 2.350 metros de altitud, en la misión peruana de Chota —departamento andino de Cajamarca— el padre José Estebas Martínez aún sonríe al recordar sus años en la costa peruana. Este agustino recoleto, natural de Cordovín (La Rioja) y misionero en Perú desde hace más de 35 años, comparte una relación de profunda cercanía con el actual papa León XIV desde que este era obispo de Chiclayo y él ejercía como párroco en la iglesia de Nuestra Señora de la Consolación.

José Estebas y Robert Prevost

José Estebas y Robert Prevost OAR

Al religioso riojano todos le conocen como "Pepe" o "Pepito", un hombre de estilo directo, alegre y profundamente pastoral que encajó a la perfección con la sencillez del obispo Robert Prevost, el agustino estadounidense que pastoreó esta diócesis peruana entre 2015 y 2023.

Unidos por el apellido Martínez

El vínculo entre ambos comenzó con una curiosa coincidencia familiar que José Estebas no tardó en señalar apenas el nuevo obispo aterrizó en Chiclayo. "Todo comenzó cuando él llegó a Chiclayo y vi que se apellidaba Martínez, que es su apellido materno y también el mío, entonces le dije: 'somos familia, ¿no?'", relata el recoleto con humor.

Esa conexión inicial se transformó en una "amistad marcada por el espíritu agustiniano" —explica Estebas—, en la que el obispo no era visto como una autoridad lejana, sino "como un hermano más". Según el padre Pepe, el actual pontífice "venía a nuestra casa como un hermano" y los recoletos acudían al obispado "con la confianza de quien entra en casa de la familia".

Almuerzos de risas y fraternidad

Su relación se ha forjado, de un modo especial, en los momentos compartidos en torno a la mesa donde el protocolo desaparece para dar paso a la risa. "Cuando almorzábamos juntos, era una fiesta. Yo soltaba un chiste, él respondía con otro", recuerda fray José. Estas reuniones del clero eran, en sus palabras, "muy amenas" y terminaban siempre en un ambiente de "alegría agustiniana de fraternidad".

Incluso cuando la misión los separó, el humor siguió siendo su hilo conductor. El padre Estebas confiesa que mantuvo esta costumbre hasta el último momento. "Hasta antes del cónclave, todavía le mandaba alguno. No sé si los leía, pero yo se los enviaba igual". Para el misionero, esa capacidad de reír es fundamental en el perfil del actual papa, de quien destaca que "sabe reírse, sabe escuchar. Eso no se olvida".

De Chota al Vaticano, "el papa Pepe"

Desde su actual destino en Chota, a unos 240 kilómetros de Chiclayo, Pepe Estebas sigue encontrando motivos para la broma incluso en la nueva dignidad de su amigo. Al observar la firma del pontífice, el recoleto ha encontrado una nueva "coincidencia" que le ha servido para enviar un último mensaje de cariño.

"Ahora coincidimos no solamente en apellidos maternos, sino también cuando él firma... porque firma con el nombre León, después pone P.P. (Pepe) y después 14", explica con sorna. El padre José no pudo evitar enviarle un comentario al respecto. "Le dije en un chiste: 'bueno, ahora coincidimos también en el Pepe. ¡Pero que no le llamen Pepito como me llaman a mí!'".

Para este fraile que hoy camina por los andes, el papa León XIV sigue siendo aquel pastor que "se ensuciaba los zapatos" y que, sobre todo, "no ha dejado de ser nuestro hermano".