Matrimonios forzados en Cataluña: "Es una realidad invisible porque la violencia ocurre dentro del ámbito familiar"
- El Baix Empordà se declara libre de estas uniones, mientras las entidades reclaman más recursos y protección
- Expertas advierten que solo el 2% de las víctimas denuncia debido al miedo y al control patriarcal familiar
"A veces pensamos que los matrimonios forzados pasan en otros países, pero es una realidad muy cercana. Es invisible porque toda esta violencia ocurre en el ámbito familiar". Así lo explica Siham Kafroune, representante de la asociación Valentes i Acompanyades, una entidad con sede en Girona que acompaña a jóvenes y adolescentes en riesgo de ser casadas a la fuerza.
Cataluña fue uno de los primeros territorios en reconocer el matrimonio forzado como una forma de violencia machista. Y es la única comunidad que dispone de datos.
Los Mossos d'Esquadra registraron cinco intentos de matrimonio forzado durante el 2025, cuatro con víctimas menores de edad. Desde 2021, se han detectado 47 casos en Cataluña. Las entidades insisten en que estas cifras sólo reflejan una pequeña parte de una realidad que sigue sin llegar a las comisarías.
Una violencia que apenas se denuncia
Estos datos son sólo la punta del iceberg porque es una realidad totalmente silenciada. Según datos de Valentes i Acompanyades, en doce años de trabajo sólo el 2% de las chicas atendidas han denunciado los hechos a la policía.
El año pasado, la asociación atendió a cerca de 300 jóvenes por situaciones relacionadas con matrimonios forzados. "Cuando una chica denuncia, no hay vuelta atrás: debe romper con todo, también con la familia", explica Kafroune.
El impacto psicológico
La psicóloga Farah Moumni, especializada en violencias machistas, acompaña a chicas que han sufrido o están sufriendo esta situación. "Llegan en estado de choque. No pueden entender que las personas que deberían protegerlas sean las mismas que les duelen", explica.
Según Moumni, el sentimiento de culpa, la baja autoestima y el aislamiento social las invade. "Se encuentran entre dos mundos y eso les genera un sufrimiento psicológico muy intenso", añade.
Trabajar desde la comunidad
Desde el barrio del Raval de Barcelona, Huma Jamshed, de la pequeña Asociación de Mujeres Pakistaníes ACESOP, lleva más de 20 años ayudando a mujeres en riesgo y ha tenido muchos problemas con los hombres de su comunidad para hacerlo. Explica que muchas chicas no conocen las leyes, no dominan el idioma y carecen de independencia económica.
"Lo primero que hacen las familias es retirarles la documentación", denuncia. En algunos casos graves, Jamshed ha tenido que esconder a chicas de su padre o de su familiar para protegerlas. "El padre decide el futuro de la hija, aunque sea infeliz. Lo que ella siente no importa", asegura.
Y ella misma se pregunta y se contesta: "¿Cómo podemos empoderar a las mujeres? Encontrando trabajo, con un trato igualitario y educándolas".
Falta de recursos
Las tres profesionales y expertas en este tipo de violencia machista opinan que ya es hora de poner nombre al problema y empezar a trabajar también con los hombres y con toda la comunidad para que abran la mente y acepten otras realidades distintas a las que ellos conocen.
También coinciden en la necesidad de formar a los profesionales que trabajan en escuelas, institutos y universidades, espacios donde a menudo las chicas se sienten seguras para verbalizar que están a punto de sufrir un matrimonio forzado.
Las entidades reclaman más recursos a las administraciones. "Tenemos muchísima lista de espera de chicas que al final debemos llamar a conocidas, familiares y meterlas en nuestra casa. Nos llegan jóvenes de todo el Estado", alertan desde Valentes i Acompanyades. La asociación dispone de tres pisos con 12 plazas en total para acogerlas y no pueden dar respuesta a todas.
Pequeños pasos
El Consejo Comarcal de El Baix Empordà se ha declarado libre de matrimonios forzados después de que todos los grupos políticos hayan aprobado una declaración institucional. Es el primer consejo comarcal de Cataluña que adopta formalmente este compromiso, un paso que hasta ahora sólo habían dado algunos ayuntamientos.
La declaración reafirma el compromiso con la libertad, la igualdad y la protección activa de mujeres y niñas, y quiere contribuir a visibilizar una violencia machista que a menudo queda escondida en las familias.
Cuando la violencia atraviesa fronteras
En sus más de 20 años de trabajo Jamshed admite que ha vivido situaciones de todo tipo. Pero hay un caso que no puede olvidarse: el de dos hermanas de Terrassa asesinadas en Pakistán por sus propios hermanos y tíos. El crimen se juzgó en Pakistán y quedó impune después de que el padre perdonara a los asesinos, al considerarlo un supuesto crimen de honor.
En Cataluña, sin embargo, la investigación sigue abierta. La Fiscalía acusa al padre ya los hermanos de haber engañado a sus hijas con una excusa para que viajaran al país, donde finalmente fueron asesinadas. “Aún no he visto a ningún padre ir a la cárcel para casar a la fuerza a una hija”, denuncia Jamshed, quien insiste en que “esta violencia machista no tiene nada que ver con el honor, la cultura o la religión, sino con el machismo y el patriarcado”. Ninguna de ellas pierde la esperanza de que se haga justicia.