El cierre de Ormuz abre la puerta al purín español para abonar los campos
- El estiércol de las granjas españolas, la solución rentable para asegurar la producción de alimentos
- Del Golfo Pérsico sale la tercera parte de los fertilizantes nitrogenados que se comercializan en el mundo
La escasez de fertilizantes y su precio disparado tras el cierre del estrecho Ormuz convierte los excrementos ganaderos en la alternativa más competitiva para abonar cultivos. Y a España, como potencia ganadera, se le abre una ventana que puede convertir un desecho costoso en una fuente de ingresos para muchas explotaciones ganaderas.
Del Golfo Pérsico sale una tercera parte de los fertilizantes nitrogenados que se comercializan en todo el mundo. Países como Irán o Arabia Saudí –grandes productores de gas natural- exportan el 43% de la urea mundial, el 44% del azufre y el 23% del amoniaco, todos ingredientes básicos para elaborar estos impulsores agrícolas de los que dependen la mitad de las cosechas mundiales. Sin ellos, la producción global de alimentos caería un 50%, y uno de cada dos habitantes del planeta sufriría inseguridad alimentaria, según la FAO.
El bloqueo de Ormuz provoca un déficit de fertilizantes nitrogenados
La escasa disponibilidad de estos ingredientes ha disparado su precio por la ineludible ley de oferta y la demanda mundial. La falta de fertilizantes y su encarecimiento desde que comenzó el conflicto en Oriente Medio han convertido un asunto agronómico en una cuestión de alta geopolítica, con mayor impacto entre los agricultores de los países menos desarrollados, incapaces de pagar el sobrecoste. Esta crisis de suministro del mayor insumo del sector primario refleja lo vulnerable que es el modelo agrario mundial basado en fertilizantes sintéticos que dependen del amoniaco y la urea que derivan del gas natural.
La ganadería como alternativa a las importaciones
El sector agrario español importa el 60% de los fertilizantes que utiliza, y esta crisis ya le supone a nuestros agricultores un sobrecoste estimado de unos 3 millones de euros por cada día que permanece cerrado el estrecho de Ormuz. Cultivos como el maíz, el trigo, el arroz o las hortalizas soportan un encarecimiento de entre 80 y 250 euros por hectárea en el coste de fertilización, según la COAG. Esta organización agraria ha elaborado un informe que asegura que el déficit de estos insumos abre una oportunidad ‘histórica’ para la ganadería española, que podría asumir el relevo como proveedor estratégico de fertilizantes.
Las 140.000 explotaciones ganaderas que hay en España son una fuente constante de nutrientes orgánicos. El inmenso volumen de purines –deyecciones- que generan los 34 millones de cerdos, junto al estiércol producido por los 7 millones de vacas, los 17 millones de ovejas y cabras que crían nuestros ganaderos contienen grandes cantidades de nitrógeno, fósforo y potasio, equivalentes a los fertilizantes sintéticos que escasean. Precisamente, esos tres nutrientes primarios (N-P-K) son el alimento básico de las plantas, y podrían compensar el déficit actual de fertilizantes nitrogenados, aplicando fertilizantes orgánicos con estiércol y purines compactados con restos de poda que sirven de estructurante, según nos cuenta Jaume Bernis, responsable de ganadería de COAG.
El negocio de convertir excrementos en euros
Hasta ahora, el purín porcino era considerado un desecho ganadero que supone un coste de retirada y gestión de 2,5 euros por metro cúbico. Según el Centro de Investigación y Tecnología Agroalimentaria de Aragón (CITA), el valor agronómico de esas deyecciones porcinas podría oscilar entre los 5 y los 7 euros por metro cúbico, lo que convertiría un gasto en un beneficio para las miles de granjas de cerdos que se concentran principalmente entre Cataluña, Aragón, Murcia y Castilla y León.
Según la COAG, una explotación intensiva media en España, con unos 2.000 cerdos, genera unos 3.500 metros cúbicos de purín al año, lo que equivale a unos 32.000 kilos de urea. Números que, traducidos a euros, suponen en el mercado de fertilizantes un valor económico que ronda los 25.000 euros que, descontando los gastos de gestión del purín, podrían suponer una inyección de ingresos para el ganadero cercana a los 15.000 euros al año. Y escalando estas cifras a nivel nacional, el beneficio anual para el sector porcino español superaría los 250 millones de euros.
Valores similares se calculan también para el estiércol, especialmente el que procede de ovejas y cabras por su alto contenido en nutrientes, o el de vacuno y el de aves -gallinaza- ricos en nitrógeno, en función de la dieta del animal. Además de fertilizar, el valor principal de los estiércoles ganaderos es su aporte de materia orgánica al suelo que mejora su aireación y mejora la retención de agua en los cultivos.
Fertilizantes orgánicos como solución a suelos degradados
La reincorporación de materia orgánica al suelo es, además, una asignatura pendiente y urgente en la agenda agraria española, ya que el 43% del territorio muestra signos de degradación, según el CSIC. Aplicar fertilizantes orgánicos a la superficie arable es, según los expertos en agronomía, la vía más eficaz para restaurar la capacidad de secuestro de carbono y la productividad de la tierra, es decir, la fertilidad.
Pero, según la normativa europea, hay un límite de aplicación. Sólo se puede aplicar fertilizante orgánico hasta las 170 unidades de nitrógeno por hectárea, cuando muchos cultivos como el maíz, la alfalfa, el trigo y algunas hortalizas necesitan entre 200 y 250 unidades. Hasta ahora ese diferencial lo aportan los fertilizantes minerales (sintéticos) que ahora escasean y se han encarecido cerca de un 50% por el conflicto en Oriente Medio.
Para Jaume Bernis, es necesario que el Ministerio de agricultura flexibilice ese tope de aplicación al menos un 40%, hasta los 230 o incluso 250 unidades por hectárea, como han hecho otros países europeos como Irlanda, Dinamarca, Austria, Alemania o Países Bajos. Para este ganadero de la comarca del Segrià, en Lleida, las ventajas serían dobles, ya que además de producir fertilizantes con materia prima local, la gestión de esos recursos serviría para producir biogás y biometano, dos alternativas accesibles en España al gas natural que no tiene el subsuelo de la Península… en definitiva, sería convertir lo que hasta ahora se considera un desecho que contamina las aguas subterráneas en un valor de fácil acceso; es decir un problema en una solución.