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Fujimori y Sánchez buscan cerrar la crisis política en Perú en unas elecciones sin claros favoritos

  • El país celebra elecciones presidenciales este domingo con dos candidatos que no convencen a los votantes
  • La inestabilidad política está instalada en Perú desde la caída de Pedro Pablo Kuczynski en 2018
Perú celebra elecciones presidenciales sin claros favoritos
Roberto Sánchez y Keiko Fujimori, en el debate electoral en Perú EFE/ Paolo Aguilar
BEATRIZ VIAÑO (ENVIADA ESPECIAL DE RNE A LIMA)

En medio del caos circulatorio de la hora punta a la salida del aeropuerto del Callao, decenas de bocinas desafinan descompasadas mientras Jorge busca la señal en la radio de su taxi. Fuera, en el asfalto, las líneas divisorias de los carriles se pierden en medio del tetris que se ha montado entre filas de coches cruzados, que esperan a que avance un tráiler varado que lleva media hora interrumpiendo el paso.

El conductor logra sintonizar una emisora y de fondo se escucha el parte informativo: "…su política estará orientada a promover que la economía vuelva a crecer para disminuir los niveles de pobreza…".

Sin que nadie le pregunte, Jorge habla como repitiendo un mantra: "Se han quedado los dos peores candidatos que tenemos, pero no hay más opción que elegir de la mejor forma, que para mí es Keiko Fujimori", afirma este taxista de 40 años, que lleva una década conduciendo -sin licencia- un vehículo de servicio público. Es casi el mismo tiempo que el país lleva sumido en la inestabilidad política. Desde la caída de Pedro Pablo Kuczynski en 2018, Perú no ha vuelto a tener un presidente duradero. Los ciudadanos eligen este domingo a su noveno jefe de Estado en ocho años, además, Perú ha batido otro récord en la última legislatura: el mayor número de mandatarios destituidos por el Congreso, cuatro en cinco años.

Dos candidatos que no convencen

En un territorio donde la economía sumergida supera el 70%, cientos de carritos ambulantes se tropiezan en las estrechas calles para ganarse el jornal. En los cerros y barrios a las afueras de Lima se levantan asentamientos humanos sin permiso de obra, que terminan dando vida a nuevos espacios superpoblados. El desorden se extiende como una telaraña por toda la ciudad rozando lo distópico.

Inevitable preguntarse cómo sobrevive un país sin un claro rumbo político. "El peruano ya se acostumbró a que no vive en crisis, vive en crónica. Estamos permanentemente en una situación en que no sabes cuánto va a durar el presidente. Así que la gente hace su vida pensando en cómo funciona el sector público. Le resolverá o no le resolverá y ellos saben que igual tienen que arreglarse como puedan", cuenta la politóloga Paula Távara.

Y si había alguna esperanza en las elecciones de este domingo, esta se ha volatilizado.

Los comicios presidenciales recuerdan a los de 2021. Dos ideologías opuestas vuelven a disputarse la dirección del país. La candidata conservadora, Keiko Fujimori, buscará llegar por cuarta vez consecutiva al Palacio de Gobierno. Su contrincante, el izquierdista Roberto Sánchez se estrena en esta carrera, aunque ya sabe lo que es el poder pues fue ministro del expresidente Pedro Castillo.

La líder de Fuerza Popular —hija del fallecido expresidente Alberto Fujimori— ha heredado el voto de los fieles seguidores de su padre. Una figura controvertida que llevó a Perú a una dictadura y que fue condenado por crímenes de lesa humanidad y corrupción. Por su parte, Sánchez encabeza una coalición de izquierda que representa a los sectores defensores de Castillo, hoy encarcelado por su intento de autogolpe.

El fantasma de la corrupción

"El gobierno de Pedro Castillo, que es quien apoya a Roberto Sánchez tuvo casos de corrupción importantes y Keiko Fujimori es heredera del gobierno de Alberto Fujimori, que robó a arcas llenas, lingotes de oro, en maletas con dinero en su momento con Vladimiro Montesinos", explica la analista peruana Paula Távara.

Todavía no han llegado al poder y a los dos candidatos les persigue también el fantasma de la corrupción.

El pasado jueves, último día de campaña, la justicia reanudó la audiencia que finalmente determinó abrir juicio oral al líder de la coalición Juntos por el Perú por un supuesto delito de falsa declaración sobre las aportaciones económicas que recibió en campañas anteriores. La Fiscalía pide más de cinco años de prisión, pero Sánchez se declara inocente.

Mientras, la líder conservadora Keiko Fujimori conoce al dedillo estos procesos. La representante de Fuerza Popular arrastró durante años una megainvestigación por presunto lavado de activos. Sin embargo, el Tribunal ordenó el archivo este año, al determinar que, durante las campañas cuestionadas por financiación irregular, el delito que se le imputaba no estaba tipificado en la ley de Perú.

En un país donde la crisis política y la corrupción se han normalizado, el electorado se ha vuelto pragmático. Este domingo, cientos de miles de peruanos votarán siguiendo una consigna. "El del sombrero es el menos malo, voy a votar por Roberto Sánchez", confiesa Óscar, un joven de 38 años que revela que aborrece lo que representa el fujimorismo, a quien responsabiliza de haber tenido el poder en el Congreso y de haber contribuido a la ingobernabilidad.

En la cara opuesta se encuentra Katia. "Keiko es el mal menor, hay que buscar lo mejor para el país", asegura, y tacha de corrupto y nefasto el último gobierno del exdirigente Pedro Castillo, de quien Roberto Sánchez aspira a ser el sucesor.

Aparte de los incondicionales seguidores de cada uno, juntos, los dos aspirantes no suman ni el 30% del censo electoral; la mayoría confiesa que va a votar "tapándose la nariz".

Una vez más, los indecisos vuelven a tener la llave del futuro inquilino del Palacio de Gobierno y, a pocas horas de la elección, una gran parte reconoce que todavía no ha decidido su voto: "Lo voy a consultar con la almohada esta noche", "decidiré en el momento en el que tenga el papel delante", "en realidad es que no quiero votar por nadie, porque, ninguno me convence", son algunos de los testimonios que encontramos por las calles del centro histórico.

Alianzas y maniobras políticas para gobernar

Ganar en las urnas no garantiza la gobernabilidad. Todo va a depender de las alianzas que el futuro mandatario logre en el hemiciclo. De momento, el fujimorismo parte con ventaja al tener el mayor número de escaños, aunque sin mayoría absoluta. La segunda fuerza es Juntos por el Perú, de Roberto Sánchez. En medio quedan los moderados del Partido del Buen Gobierno, que no han querido tomar posiciones hasta el momento.

Lo cierto es que, en los últimos años, el Legislativo ha concentrado un poder enorme. En un país tradicionalmente presidencialista, ha sido el pleno el que ha llevado la batuta, poniendo y quitando mandatarios. Un escenario contradictorio si pensamos que el Congreso es una de las instituciones que más rechazo ciudadano genera.

Además, este año Perú recupera el Senado. Aunque la población se opuso a la Cámara Alta en referéndum pasado, los congresistas aprobaron la restitución. Algunos analistas confían en la jugada, que le ha salido mal a los diputados por la nueva distribución parlamentaria, frente el abuso de la vacancia presidencial; la destitución. Una herramienta utilizada de forma sistemática desde la caída de Pedro Pablo Kuczynski.

"Vamos a reiniciar nuevamente el bicameralismo y eso va a cambiar mucho las relaciones políticas e institucionales en el país. Probablemente vamos a parar, desacelerar, no sé, espero que desaparecer, la inestabilidad que produjo tener en una década ocho presidentes", afirma Fernando Tuesta Soldevilla, analista de la Pontificia Universidad Católica.

Dentro del caos también hay espacio para la utopía… A través del hashtag #PorEstosNo, las redes sociales canalizaron un masivo voto de castigo que logró, en las elecciones legislativas de abril, "limpiar" del Congreso a buena parte de los partidos tradicionales que funcionaban a base de prebendas. El movimiento popular colocó en una lista negra a las formaciones políticas responsables de la inestabilidad para negarles la reelección. Muchos ven con buenos ojos esta entrada de aire fresco en el hemiciclo, aunque la renovación tendrá que convivir con los de siempre, que aún continúan aferrados al poder. A pesar de todo, hay quienes albergan un poco de esperanza. Quieren creer en la voluntad de partidos nuevos, buscando que este cambio sirva para empezar a construir las bases de una institucionalidad que, si la tuvo, no la recuerda ya este país.