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"Mano dura" ante la delincuencia: Perú se inclina a la derecha y busca un 'líder fuerte' tras una década de convulsión política

  • Keiko Fujimori aglutina mayor intención de voto en su cuarto intento de conquistar el poder
  • La inseguridad ciudadana es la principal preocupación de los peruanos
Perú acude el domingo a las urnas con Keiko Fujimori como favorita

¿A la cuarta será la vencida? Este es uno de los grandes interrogantes de cara a las elecciones de Perú de este domingo. La derechista Keiko Fujimori volverá a intentarlo tras quedarse a las puertas en 2011, 2016 y 2021. Llega favorita en los sondeos, pero muy lejos del 50 % de votos necesarios para ganar en primera vuelta. Le pisan los talones el comediante Carlos Álvarez y el exalcalde ultraconservador de Lima Rafael López Aliaga. En total, 35 candidatos buscan presidir un país marcado por la inseguridad y con un electorado que se inclina a la derecha en la búsqueda de un líder fuerte tras diez convulsos años en los que han visto pasar hasta ocho jefes de Estado diferentes.

"Hay un incremento del elector de derecha muy fuerte", explica a RTVE Noticias el politólogo peruano Paolo Sosa, investigador en la Universidad de Tulane. "Fujimori, López Aliaga y, hasta cierto punto, Carlos Álvarez y otras expresiones de ese tipo están condensando ese voto más bien de rechazo a la izquierda, mientras que, por otro lado, hay un elector de izquierda antisistema", remarca.

Por su parte, Urpi Torrado, CEO de la agencia de investigación de mercados y opinión pública Datum, agrega que la gente está buscando "mano dura". El "presidente más admirado" de fuera del Perú, continúa, es el salvadoreño Nayib Bukele. "Ahora, las imitaciones siempre son malas. A todos los candidatos que han querido decir que son el 'Bukele peruano' no les ha ido bien, porque no se trata de eso, se trata del candidato que pueda transmitir que va a cumplir lo que promete y que va a poder poner orden en el país", sentencia.

Los candidatos presidenciales de Perú (de izquierda a derecha): Rafael López Aliaga; Carlos Álvarez y Keiko Fujimori Connie FRANCE y ERNESTO BENAVIDES / AFP

El vaivén de la última semana

Más de 27 millones de peruanos están convocados a las urnas, con voto obligatorio, para elegir al presidente y dos vicepresidentes; los 130 integrantes de la Cámara de Diputados y cinco representantes para el Parlamento andino. Además, desde estos comicios y tras la reforma constitucional de 2024, Perú volverá a tener Senado y los ciudadanos tendrán que seleccionar a sus 60 integrantes.

Según la última encuesta de Datum, publicada el domingo pasado —la ley electoral peruana prohíbe la difusión de sondeos en la semana previa los comicios—, la hija del fallecido expresidente Alberto Fujimori (1990-2000) lidera en intención de voto con el 14,5 % de apoyos; seguida por el 'outsider' Álvarez, conocido por su imitaciones en televisión, que suma el 10,9 %, y el exregidor limeño con un 9,9 %, a los que sigue de lejos el izquierdista Jorge Nieto, con el 6 %; y el resto de candidatos, la mayoría por debajo del 1 %.

Sorprende el ascenso de Álvarez, que a finales de marzo estaba en tercer lugar con el 6,9 %. También sube Fujimori, que ya lideraba con el 13 %. Por contra, destaca la caída del exalcalde, conocido por el alias de Porky, que hace dos semanas se ubicaba en un cómodo segundo lugar en el 11,7 %. El mismo orden de intención de voto —Fujimori, Álvarez y López Aliaga— arroja la encuesta de Ipsos.

"Pareciera más definido que Keiko Fujimori tiene la mayor probabilidad de pasar a segunda vuelta (...) El segundo lugar todavía está en disputa", relata Torrado. Y matiza que, hoy por hoy, el 62% de los peruanos tiene decidido su voto, mientras que otro tercio que responde por algún candidato "es muy susceptible a lo que pasa los últimos días y podría cambiar su voto".

Keiko Fujimori en el cierre de campaña

Keiko Fujimori en el cierre de campaña para las presidenciales de 2026. EFE/ Renato Pajuelo

Las preferencias cambian casi a diario y es imposible saber qué candidatos —la gran mayoría prácticamente desconocidos para la población— pasarán a segunda vuelta, con otros perfiles en liza como el empresario y exalcalde de Lima Ricardo Belmont y el exministro Roberto Sánchez, considerado heredero del expresidente izquierdista Pedro Castillo, que en 2021 sorprendió al ganar los comicios cuando figuraba en séptimo lugar una semana antes de la primera vuelta. Ahora está en prisión condenado por el intento de autogolpe de Estado de diciembre de 2022, cuando fue destituido y se inició un nuevo periplo de sucesiones presidenciales que dura hasta hoy: Dina Boluarte, José Jerí y, por último, José María Balcázar, mandatario interino desde febrero pasado.

En las elecciones de hace cinco años, los dos candidatos que pasaron a segunda vuelta sumaban menos del 30% del voto nacional y no se descarta que algo similar vuelva a ocurrir este domingo. "Algo cambió a partir de la elección del 2021, que hace que haya un sector que antes podría haber sido digamos 'anti fujimorista' que ahora vea con mayor temor a un candidato improvisado o radical frente a la promesa de una Keiko Fujimori que puede tener un poquito más de cálculo político", señala Sosa.

"El elector capitalino (de Lima) no quiere repetir lo que sucedió con Castillo. También es cierto que hay un elector rural y fundamentalmente andino en la zona sur del país y en algunas partes de la Sierra Norte, que siente que Pedro Castillo fue vejado y no fue dejado gobernar por una oposición radicalizada. Por eso, ve en candidatos como Roberto Sánchez una oportunidad para resarcir", añade el politólogo.

"Los peruanos no eligen en función de quién quieren sino a quién no quieren. En este contexto de fragmentación de partidos no hay mucha variedad en términos de que los candidatos ofrezcan cosas extremadamente diferentes. La mayor parte están ofreciendo una política económica más de derecha, una respuesta a los problemas de criminalidad de mano dura, una visión más conservadora sobre las relaciones sociales", cuenta Sosa.

"La fuerza del orden"

Los (por ahora) tres principales candidatos han tenido durante la campaña unos discursos marcados por el problema de la delincuencia. Coinciden, por ejemplo, en retirar a Perú de la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

La hija de Fujimori, condenado por violaciones de derechos humanos y corrupción, apela a la gestión de su padre —fallecido en 2024— a principios de los 90 para defender su propio modelo: "Con orden, firmeza y la unión del pueblo peruano, se logró revertir esa crisis, derrotar al terrorismo, estabilizar la economía y sentar las bases del crecimiento", expresa en su programa electoral.

Y es que hay un sector importante de la población que defiende el legado autoritario de Fujimori. Esa es una de las principales bazas a favor de la candidata. Pero en contra tiene precisamente "el antifujimorismo", que ha hecho que en las tres ocasiones que ha pasado a la segunda vuelta no haya logrado ganar ante candidatos con distintas características y con organizaciones políticas y marcas mucho más débiles que las de ella.

Su estructura partidaria es la más fuerte en el Congreso desde hace años, responsable en gran medida de la inestabilidad presidencial de la última década.

"Nosotros lo que proponemos es mano dura. Absoluta decisión para controlar las fronteras, recuperar el control de las cárceles, volver a hacer rastrillaje, que los presos e internos trabajen por su comida", dijo en una entrevista esta semana, en la que apostó también por recuperar los "jueces sin rostro", un mecanismo de seguridad implementado por su padre donde la identidad de los magistrados es anónima para protegerlos de represalias del crimen organizado. 

Según la encuesta de Datum, a Keiko, a diferencia de sus dos mayores adversarios, le votan más mujeres que hombres y tiene más peso en las zonas rurales que urbanas. Recibe el mayor porcentaje de votos de parte del sector de la población de menor nivel socioeconómico (el 19.9%), al igual que Álvarez (15.5%). Sin embargo, Pérez Aliaga recibe el mayor apoyo de la clase más alta y rica (el 24,8 %).

El 'Trump' limeño

Pérez Aliaga, miembro del Opus Dei y dueño de exitosos negocios como los trenes que llevan turistas a Machu Picchu, ya se presentó a las elecciones de 2021, y quedó en tercer lugar. Con un 'estilo a lo Donald Trump', su discurso, muy confrontativo, no está exento de convicciones religiosas, "provida" y contrarias a la "ideología de género", según sus palabras.

Tras haber sido regidor de la Municipalidad de Lima durante trece años, fue elegido alcalde de la capital en 2022 con la promesa de completar su mandato, algo que acabó incumpliendo al renunciar en 2025 para volver a postularse a la presidencia. Su gestión estuvo rodeada de escándalos por el manejo económico y es investigado por presunto lavado de activos.

Entre sus propuestas en seguridad están enviar a los delincuentes a cárceles en zonas remotas de la Amazonía. "El que roba se va a la selva", dijo en campaña. También apoya la pena muerte para delitos graves. "No tengo la menor duda de salir de la Corte Interamericana de Derechos 'Inhumanos'. Salimos, y si hay que poner cadena perpetua, lo vamos a hacer. Y si hay que fusilar gente, vamos a fusilar", aseveró en el mismo acto.

"López Aliaga ha intentado proyectarse como el empresario que puede solucionar los problemas de la economía, como el líder con autoridad para hacer lo que otros políticos no pueden", destaca Sosa, que considera a la para que hay otro sector de la población que lo ve más bien como un "candidato errático, muy violento".

"Yo creo que, frente a esta condición medio errática de la candidatura de López Aliaga y ante la amenaza sobre todo el incremento de votación de personas como Roberto Sánchez, que se venden como los herederos de Pedro Castillo, hay un sector del elector de derecha que se ha ido replegando de nuevo hacia el fujimorismo, viendo que quizás Keiko Fujimori es la alternativa más seria para competir en una segunda vuelta que López Aliaga", destaca.

El candidato presidencial peruano Rafael López Aliaga, del partido Renovación Popular, en un mitin de campaña en Lima el 4 de abril de 2026 Connie FRANCE / AFP

Un cómico con posibilidades

Álvarez se hizo muy famoso en los años 90 por imitar personajes en televisión, fundamentalmente de la política. En 2025 anunció su salto a la política nacional con el partido derechista País para Todos. Sin embargo, Urpi Torrado hace una diferenciación con respecto a los otros dos principales postulantes. "No podríamos decir que es centro derecha ni centroizquierda porque tienen en sus listas a senadores y diputados de distintas personalidades de ambos lados del espectro político".

En los debates electorales, varios de los rivales de Álvarez recordaron los supuestos vínculos que tuvo en los años 90 con el jefe de Inteligencia de Fujimori, Vladimiro Montesinos, con condenas por delitos de corrupción y violaciones a los derechos humanos. Sin embargo, el cómico ha señalado que nunca fue fujimorista y que ese vínculo se debió a un chantaje que ejerció Montesinos sobre él.

Álvarez impulsa la pena de muerte contra sicarios. "Para muchos, ganarse el pan día a día se ha convertido en una pesadilla, porque a los peruanos los asesinan por trabajar. Vamos a enfrentar a las mafias, al crimen organizado, a la corrupción que los protege. El que lo hace, la paga. Pena de muerte para los sicarios", prometió en un debate electoral.

El candidato a la Presidencia de Perú Carlos Álvarez en un acto de campaña el 4 de abril de 2026 en Lima EFE/ Paolo Aguilar

El problema de la corrupción y la inseguridad

Con una economía que se mantiene como una de las más estables de la región —pese al caos político y la alta informalidad laboral que también inquieta a las familias—, la mayor preocupación es la escalada de inseguridad impulsada por grupos criminales extranjeros y locales. En octubre pasado, se declaró la emergencia en Lima para enfrentar la criminalidad, aunque el Gobierno interino del izquierdista Balcázar no ha prorrogado la medida.

Los homicidios anuales pasaron de 1.000 en 2018 a 2.600 en 2025, según datos policiales. En el segundo semestre del año pasado, en base a cifras del Instituto Nacional de Estadística, el 23,9% de la población de 15 y más años de las zonas urbanas fue víctima de algún hecho delictivo. Y el 83,7% percibe que, en el próximo año, puede ser víctima de algún delito contra su integridad.

Según el Quinto Observatorio del Crimen y la Violencia, la inseguridad se mantiene en "niveles críticos" y se ha expandido territorialmente: una de cada cuatro personas adultas ha sido víctima directa o indirecta de extorsión, con un claro desplazamiento del delito desde Lima hacia el interior del país.

La corrupción también preocupa. El 88 % de peruanos considera que ha aumentado en los últimos cinco años, y el 81 % cree que se mantendrá igual o empeorará en los próximos cinco, según una encuesta realizada por Ipsos para Proética, capítulo peruano de Transparencia Internacional.

La corrupción salpica el pasado y el presente de la presidencia peruana tras la condena al expresidente Vizcarra

Actualmente, además de Castillo, otros tres ex jefes de Estado están encarcelados por corrupción: Alejandro Toledo (2001-2006), Ollanta Humala (2011-2016) y Martín Vizcarra (2018-2020). Otros como Pedro Pablo Kuczynski (2016-2018) también son investigados. Y en la memoria queda todavía el caso de Alan García (1985-1990 y 2006-2011), que se suicidó en 2019 antes de ser detenido. También la propia Keiko Fujimori estuvo en prisión preventiva casi año y medio, entre 2018 e inicios de 2020, por presunto lavado de dinero en sus campañas electorales. Finalmente el Tribunal Constitucional ordenó archivar su juicio.

Dato no menor es que, en el anterior reporte del Observatorio del Crimen y la Violencia, un 78% de peruanos pensó que es bastante probable que las economías criminales, por ejemplo el narcotráfico, utilicen dinero ilícito para influir en las próximas elecciones.