Andrés Rebolledo, director de la Organización de Energía Latinoamericana: "La relación con España es estratégica"
- Apunta que el impacto esperado en Latinoamérica de la guerra en el golfo Pérsico será desigual
- Insiste en que es posible avanzar en una mayor integración energética en la región pese a su diversidad
El economista chileno Andrés Rebolledo afronta con baches el comienzo de su segundo mandato trienal como secretario ejecutivo de la OLACDE (Organización Latinoamericana y Caribeña de Energía). Ministro de Energía en su país durante la presidencia de Michelle Bachelet, llegó en 2023 a su actual despacho en Quito con el aval de haber elevado el peso de las energías renovables al 70% de la matriz energética chilena y dado un impulso al transporte público eléctrico.
El cambio político en Venezuela y el estallido bélico en Irán representan nuevos desafíos para una organización constituida en 1973, al calor de la primera gran crisis del petróleo, para promover la seguridad energética, la integración económica y el desarrollo sostenible en una región de fuertes contrastes. Latinoamérica y el Caribe cuentan con un enorme potencial en energías renovables y proveen una parte importante de la oferta global de minerales críticos como cobre, níquel o litio, así como de tierras raras. Al mismo tiempo, más de 15 millones de personas siguen sin tener acceso a la electricidad.
En esta entrevista a RTVE Noticias, Rebolledo analiza el escenario energético de la región y los efectos de la contienda bélica en Oriente Medio. Valora la cooperación con la Unión Europea, en particular con España, y exculpa a las energías renovables de apagones como el sufrido en nuestro país el año pasado.
PREGUNTA. ¿Cuál es el impacto en Latinoamérica y el Caribe de lo que está sucediendo en el golfo Pérsico y qué respuesta se está dando?
RESPUESTA. Lo que está ocurriendo en el golfo Pérsico se transmite a la región a través de los precios internacionales del petróleo y el gas. En América Latina y el Caribe (ALC), el impacto depende del perfil energético de cada país: los importadores netos enfrentan mayores presiones sobre sus cuentas externas y los precios internos, mientras que los exportadores (Brasil, México, Venezuela, Guyana, Colombia y Ecuador representan el 95% de la producción regional de crudo, que supone aproximadamente el 10% de la producción mundial) pueden beneficiarse en el corto plazo. A esto se suma un elemento relevante: las posibles disrupciones en las cadenas de suministro global. Las tensiones en Oriente Medio afectan rutas clave de transporte, tiempos de entrega y costos logísticos, lo que introduce incertidumbre adicional en el abastecimiento de combustibles y derivados, especialmente para economías más dependientes de importaciones. Frente a este escenario, se observa un énfasis creciente en reducir la exposición a este tipo de volatilidad, mediante la diversificación de la matriz energética, el fortalecimiento de los sistemas eléctricos y mecanismos de integración regional.
“Un elemento relevante son las posibles disrupciones en las cadenas de suministro global. “
Aunque ALC es una región exportadora neta de petróleo crudo, es importadora neta de productos refinados: solo el 15% de la producción de crudo de toda la región se refina acá. Para los países exportadores netos de hidrocarburos (crudo, gas natural y derivados), el aumento de un dólar por barril tiene un impacto positivo equivalente al 0,04% del PIB de la región; para los importadores netos, la llamada "factura petrolera" se incrementaría en un valor equivalente al 0,03% del PIB, o sea 1.600 millones de dólares anuales. Por otra parte, cada 10% de aumento del precio del crudo podría afectar hasta 0,5 puntos porcentuales la inflación en países importadores netos. No obstante, el petróleo y derivados representan hoy solo el 4% de la matriz de generación eléctrica de la región, frente al 12% de hace una década.
P. ¿Cómo está alterando el giro en el Gobierno de Venezuela, con Delcy Rodríguez de nueva presidenta encargada, el balance energético en la región?
R. Venezuela sigue siendo un actor relevante en el mercado de hidrocarburos de la región, por lo que cualquier cambio en su capacidad de producción y exportación puede tener efectos en las dinámicas energéticas regionales. En la medida en que se materialice un aumento sostenido de su producción, podría generarse una mayor disponibilidad de crudo en los mercados, y eventualmente una bajada en los precios internacionales y, por esa vía, incidir en los ingresos de otros países exportadores de la región. Asimismo, podrían darse ajustes en los flujos comerciales y en los destinos de exportación. No obstante, estos efectos deben entenderse en una perspectiva de mediano plazo. La recuperación del sector energético venezolano requiere inversiones significativas y mejoras operativas, por lo que su impacto será gradual.
P. Cuba y Nicaragua, miembros de la OLACDE y receptores de petróleo venezolano hasta la captura de Nicolás Maduro, son los claros perdedores en el nuevo escenario de cooperación de Venezuela con EE.UU. ¿Hay alguna línea de actuación de su organización ante la crítica situación energética que vive Cuba?
R. La situación energética en Cuba responde a limitaciones estructurales en su sistema de generación y abastecimiento, lo implica desafíos relevantes para la estabilidad y continuidad del servicio. Se deberían explorar opciones que vayan más allá de los esquemas tradicionales de cooperación técnica, como mecanismos que faciliten una interacción más directa en ámbitos como la gestión operativa del sistema, la eficiencia energética o la incorporación de soluciones de generación distribuida. Es decir, identificar alternativas viables que mejoren la operatividad del sistema y reduzcan su vulnerabilidad. El enfoque de OLACDE está centrado en acompañar, desde lo técnico, el desarrollo de soluciones que contribuyan a fortalecer la confiabilidad del sistema energético.
P. ¿Cómo es la cooperación energética de la región con el Gobierno de Donald Trump?
R. Desde OLACDE, el rol es facilitar la cooperación técnica entre sus países miembros y promover el intercambio de conocimiento a nivel regional. La relación con actores extrarregionales se canaliza a través de mecanismos formales definidos por la organización, manteniendo siempre un enfoque técnico e institucional. Actualmente no tenemos programa de cooperación en curso con Estados Unidos, aunque en el pasado sí hemos tenido acciones conjuntas en apoyo a nuestros países miembros. A nivel regional, en el área de energía, existen muchos vínculos, aunque la interacción con Estados Unidos se da principalmente a nivel bilateral con los distintos países, en función de intereses específicos en áreas como hidrocarburos, gas natural, inversión y desarrollo tecnológico.
P. La existencia de gobiernos tan distantes ideológicamente como Brasil y Argentina, o Cuba y El Salvador, ¿cómo dificulta la articulación de propuestas de la OLACDE?
R. La diversidad política en la región introduce diferencias en prioridades, ritmos de implementación y enfoques regulatorios. Sin embargo, en el ámbito energético existe un alto grado de coincidencia en objetivos básicos, como garantizar la seguridad del suministro, ampliar el acceso a la energía, mejorar la eficiencia de los sistemas y avanzar en modelos energéticos más sustentables. En la práctica, OLACDE gestiona esta diversidad trabajando sobre agendas de cooperación técnica concretas, como planificación energética, integración eléctrica, eficiencia energética o regulación de mercados. Estos espacios de cooperación técnica no requieren alineamientos ideológicos, y han permitido ciertos niveles de articulación regional, aunque con avances desiguales entre países.
“En los últimos años los países de la región han logrado importantes acuerdos y metas regionales conjuntas.“
De hecho, en los últimos años los países de la región han logrado importantes acuerdos y metas regionales conjuntas como: 1) alcanzar un 80% de energías renovables en la generación eléctrica para 2030; 2) mejorar un 1,3% la eficiencia energética regional para 2030: 3) alcanzar en 2035 una meta regional del 95 % de la población de la región con acceso a cocción limpia; y 4) la voluntad política de no iniciar la construcción de nuevas centrales carboeléctricas. Es decir, es posible alcanzar acuerdos en la diversidad. Existe un gran potencial de integración gasífera pues la región es una importante productora (7% del mundo) con una alta demanda en el contexto de las transiciones energéticas. Para ello, estamos trabajando para convocar una conferencia diplomática dirigida a iniciar un proceso de diálogo y análisis.
“La inversión europea ha sido clave en el desarrollo de energías renovables en la región.“
P. La Unión Europea se ha sumado recientemente como observador permanente a la OLACDE. ¿Qué líneas de cooperación existen entre los dos grandes bloques?
R. La incorporación de la UE como observador representa un avance significativo en la cooperación energética birregional. Este acuerdo fortalece el diálogo y permite una participación más activa de la UE en instancias técnicas y de gobernanza, facilitando el desarrollo conjunto de iniciativas en transición energética, tecnologías limpias (incluido el hidrógeno de bajas emisiones), regulación de mercados, digitalización o financiamiento climático. En el contexto internacional actual, marcado por una mayor incertidumbre, esta cooperación adquiere aún más relevancia.
Situaciones como las tensiones en el golfo Pérsico refuerzan la necesidad de avanzar en seguridad energética, diversificación de fuentes y resiliencia de los sistemas. En este marco, existe una clara complementariedad: la UE aporta experiencia en integración de mercados y marcos regulatorios, mientras que ALC ofrece un alto potencial en energías renovables y recursos estratégicos, lo que permite construir una agenda conjunta orientada a una transición energética segura y sostenible.
P. En un escenario internacional de creciente inseguridad, en el que EE.UU. abraza las energías fósiles y Europa se reabre el debate sobre la energía nuclear, ¿cuál es la voz de América Latina y el Caribe? ¿Existe el riesgo de que se relaje el compromiso contra el cambio climático?
R. En la región no se observa un retroceso, sino todo lo contrario. Esto se explica en gran medida porque más allá de los objetivos ambientales, las energías renovables han llegado a ser altamente competitivas, por lo que han tenido una trayectoria consistente. Lo que sí está ocurriendo es un ajuste en el enfoque. La transición energética se está abordando de manera más integral, para garantizar confiabilidad del sistema, asequibilidad para los usuarios y seguridad del suministro.
En la región solo Argentina, Brasil y México tienen plantas nucleoeléctricas, que representan tan solo el 2% de toda la electricidad de la región. Sin embargo, existe un interés creciente de varios países para incorporar energía nuclear en sus matrices eléctricas en base a nuevas tecnologías de reactores pequeños modulares de no más de 300 MW. No se trata de elegir entre seguridad energética y descarbonización, sino de avanzar en ambas de manera complementaria.
“Producimos el 25% de todos los minerales estratégicos para la transición energética.“
P. La región alberga minerales críticos y tierras raras imprescindibles para la nueva economía digital y verde, lo que ha atraído el interés de potencias como EE.UU. y China. ¿Cómo se plantea priorizar los intereses estratégicos regionales?
R. Nuestra región produce cerca del 50% de litio y el 35% del cobre del mundo, así como el 25% de todos los minerales estratégicos para la transición energética. Sin embargo, nuestro rol como refinadores decae año tras año. Desde la década de los 90, la participación de las exportaciones mineras de productos elaborados pasó del 32% al 20%, y el porcentaje de exportación de materia prima en nuestro mix exportador pasó de 20% al 37%. Esta tendencia regional es la que tenemos que revertir. La minería en ALC consume cerca del 9% de la electricidad que producimos, y, dado que casi el 70% de la energía eléctrica en la región es renovable, esto hace que nuestros minerales tengan una huella de carbono mucho menor y podemos avanzar en más "minería verde".
Es decir, ALC cuenta con una reserva significativa de minerales críticos, lo que la posiciona como un actor estratégico en la transición energética global. Sin embargo, el desafío ya no es únicamente la disponibilidad de recursos, sino la capacidad de capturar mayor valor a lo largo de la cadena productiva. No solo en la extracción, sino también en el procesamiento, la industrialización y la incorporación de capacidades tecnológicas en la región. El objetivo es que la riqueza asociada a estos recursos se traduzca en beneficios tangibles para las economías locales, como empleo, transferencia de conocimiento y fortalecimiento del tejido industrial. Si bien no se trata de un camino inmediato, sí representa una prioridad creciente en la agenda energética regional. La transición global abre una oportunidad concreta para que Latinoamérica y el Caribe no solo participen como proveedores de recursos, sino que avancen hacia un rol más activo en las cadenas de valor, con impactos económicos y sociales más directos y permanentes.
P. La inversión española en energía en América Latina está en máximos históricos, con importantes proyectos en marcha en el sector de las renovables. ¿Cómo valora esta presencia?
R. La inversión española ha sido un componente muy relevante en la transformación del sector energético en ALC, especialmente en energías renovables. Empresas españolas han tenido un rol activo en la expansión de tecnologías como la solar y la eólica, o el fortalecimiento de la infraestructura eléctrica en algunos países. Este aporte va más allá del financiamiento. También ha implicado transferencia de tecnología, desarrollo de capacidades locales y la incorporación de estándares técnicos y operativos para modernizar el sector energético. En muchos casos, estos proyectos han sido determinantes para acelerar la transición energética en la región. De cara al futuro, existe un amplio espacio para profundizar esta colaboración, particularmente en áreas como almacenamiento energético, hidrógeno de bajas emisiones y digitalización de redes. En ese contexto, la relación entre España y ALC se proyecta como una alianza estratégica, tanto para avanzar en la transición energética como para generar oportunidades de desarrollo económico en ambas regiones.
P. España sufrió un gran apagón en abril del año pasado, que desató mucha inquietud y puso en el punto de mira a las renovables. En Chile pasó algo parecido un par de meses antes. ¿Qué enseñanzas saca de lo ocurrido?
R. Es importante ser muy claro en este punto: los análisis técnicos realizados tras ambos eventos, incluidos los informes de los operadores de los sistemas eléctricos, no atribuyen estas interrupciones a la participación de energías renovables. Se trató de situaciones distintas, con causas específicas asociadas a las condiciones operativas de cada sistema y dinámicas propias de cada red. Lo que sí evidencian estos eventos es el nivel de exigencia que enfrentan hoy los sistemas eléctricos modernos. La operación en tiempo real requiere una coordinación cada vez más fina, especialmente en sistemas donde coexisten distintas tecnologías de generación. Los informes técnicos coinciden en la necesidad de fortalecer marcos regulatorios, protocolos operativos y herramientas de gestión para adaptarse a una matriz energética cada vez más dinámica.
La principal enseñanza, lejos de cuestionar el rol de las renovables, es la necesidad de asegurar que su integración se realice con los ajustes técnicos y regulatorios necesarios: redes más robustas, mayor flexibilidad operativa y una planificación con un rol más determinante en la construcción de los sistemas eléctricos del futuro.
P. Usted ha hecho una apuesta por una agenda transversal de género y energía, con la constitución de una Red Latinoamericana y Caribeña de Mujeres en Energía (REDLACME). ¿Cuáles son los objetivos que se persiguen?
R. Como dato para ilustrar la brecha de género en el sector, menos de una cuarta parte de los cargos gerenciales son mujeres. REDLACME busca cerrar brechas de participación que aún persisten en distintos niveles de la industria energética. Entre sus principales objetivos está promover una mayor presencia de mujeres en espacios técnicos y de liderazgo, fortalecer la formación y el desarrollo profesional, y facilitar redes de mentoría e intercambio de experiencias entre países de la región. Asimismo, la red impulsa la incorporación del enfoque de género en políticas públicas y proyectos energéticos, de manera que estos reflejen mejor las necesidades de la población.