Enlaces accesibilidad

Francia renueva alcaldías en el primer gran duelo electoral antes de la batalla por el Elíseo

  • Los socialistas afrontan el reto de conservar París pese a la salida de Anne Hidalgo
  • La ultraderecha quiere coger impulso para consolidarse antes de la cita de 2027
Francia celebra elecciones locales
Una mujer pasea en bicicleta ante la Torre Eiffel, en París REUTERS/Abdul Saboor

Los franceses están llamados este domingo a las urnas para unas elecciones locales que trascienden el ámbito municipal. Aunque están en juego 35.000 alcaldías y plazas clave como París, considerada el gran bastión socialista durante la última década, en la mente de todos, ciudadanos y políticos, están ya los comicios que decidirán en 2027 al sucesor de Emmanuel Macron como inquilino del Elíseo, con la ultraderecha llamando ya a las puertas del emblemático edificio.

El sistema electoral galo establece una votación a dos vueltas, por lo que previsiblemente los resultados definitivos en las principales ciudades no se conocerán hasta la segunda y definitiva ronda del día 22 de marzo. La joya de la corona será París, donde desde el año 2014 gobierna el Partido Socialista (PS) de la mano de Anne Hidalgo, una especie de rara avis dentro dentro de un escenario político cada vez más escorado hacia la derecha.

Los socialistas aspiran a conservar el bastón de mando de la capital con Emmanuel Grégoire, antiguo mano derecha de Hidalgo y favorito en los sondeos. Su principal rival es la ministra de Cultura Rachida Dati, abanderada del centro-derecha, pero hasta tres candidatos aspiran a rascar votos para superar el umbral del 10% que les garantizaría la presencia en segunda vuelta, donde el contador volverá a ponerse a cero y entrarán en juego otro tipo de alianzas.

Emmanuel Macron visita un portaviones desplegado en Chipre

Emmanuel Macron, presidente de Francia, visita el portaviones Charles de Gaulle REUTERS/Gonzalo Fuentes/Pool

Sin embargo, París quizás no sea la ciudad que más pistas pueda dar a nivel nacional, en la medida en que el duelo entre Grégoire y Dati parece más un vestigio de otra época en la que socialistas y conservadores se turnaban en el poder. "Da la sensación de que París no está en la batalla política moderna", apunta el investigador Miguel Ángel Ortiz, profesor de CUNEF y con experiencia en la Science Po de París, pero los socialistas "tienen mucho que perder" si se quedan sin "el gran estandarte" a nivel de gestión, teniendo en cuenta además que el PS viene de "años muy malos" e Hidalgo "ha cambiado la ciudad por completo, sobre todo desde el punto de vista urbanístico".

Más fragmentación y bloques diferenciados

El oasis parisino, donde la ultraderecha no termina de consolidarse, subsiste dentro del terremoto político vivido por Francia en los últimos años y que ha implicado una mayor fragmentación a derecha y a izquierda del espectro político. Formaciones radicales como Agrupación Nacional, de Jordan Bardella y Marine Le Pen, y La Francia Insumisa (LFI), abanderada por Jean-Luc Mélenchon, buscan ganar presencia desde la base.

En Marsella, la segunda mayor ciudad por población, el alcalde, el socialista Benoît Payan, intenta aguantar la embestida del ultraderechista Franck Allisio, que abraza lo que Ortiz describe como una "batalla cultural" y en la que se entremezclan los alegatos en pro de la seguridad y la lucha contra la inmigración con una defensa acérrima de lo francés, una amalgama en la que se cuelan visiones económicas, políticas y sociológicas.

Por su parte, en Niza, la quinta gran urbe de Francia, el pulso lo libran Christian Estrosi y Éric Ciotti, dos antiguos aliados dentro del campo conservador que ahora representan campos opuestos en relación a la conservación o no del cordón sanitario en torno a Agrupación Nacional. Ciotti rompió con Los Republicanos para aliarse con Le Pen, que aspira a capitalizar su auge en los sondeos a nivel nacional en cotas de poder local en ciudades como Niza, Marsella o también Tolón.

El partido de Le Pen quiere terminar de cristalizar en votos el apoyo social creciente hacia un partido que en sus orígenes nunca fue visto por sus propios rivales como alternativa creíble de gobierno.

Con la vista puesta en el Elíseo

Los últimos comicios locales se celebraron en marzo de 2020 y las primeras medidas de contención frente a la pandemia de COVID-19 facilitaron una tasa de abstención sin parangón en la historia reciente de Francia. No hay, por tanto, un marco reciente con el que comparar con garantías la implantación local de los distintos partidos y "cada ciudad tiene su dinámica", por lo que Ortiz recomienda "coger con pinzas" ciertos resultados, pero sí se podrán hacer lecturas a nivel nacional.

Serán "un test para comprobar la movilización que hay de cara al año que viene", con las distintas formaciones y candidatos intentando labrarse una imagen lo más favorable posible sin cometer ningún error de peso. En el ambiente flota la sensación del fin de una era, con Macron en horas bajas y, aunque ha logrado calmar un poco las aguas con un presupuesto de mínimos, no es ya capaz de arrastrar a las masas que le llevaron a hombros a la Presidencia en 2016.

Macron "ahora mismo es un presidente bastante impopular", algo que, como apunta Ortiz, no es ninguna anomalía. Le pasó a todos sus predecesores, incluido el socialista François Hollande, en el tramo final de su mandato, pero el problema real estriba en que el espectro político del centro liberal y de la derecha moderada "no hay una figura carismática como el Macron de 2016".

Los sondeos, aún en pañales y con los precandidatos tratando de colocarse, sitúan entre los favoritos al ex primer ministro Edouard Philippe, aunque también él se la juega en las elecciones locales. Aspira a conservar la alcaldía de Le Havre, una localidad del norte que tradicionalmente había sido bastión comunista, y Philippe ha prometido que si no lo logra no buscará la Presidencia a mediados de 2027.

La ultraderecha, "ahora o nunca"

La izquierda, por su parte, aprovechará los comicios municipales para medir fuerzas y comprobar qué partidos tienen mayor implantación territorial. El mantra general vuelve a girar en torno a la unidad frente a un enemigo común, la ultraderecha, pero las relaciones entre fuerzas como el PS o el LFI no atraviesan su mejor momento y la formación de Mélenchon puede quedar aislada en ciertos contextos.

Los sondeos reflejan, además, una teoría sobre la que incide también Ortiz. El voto de los franceses desencantados con el macronismo irá principalmente a partidos y figuras conservadoras, algo que podría terminar dando el impulso definitivo a Le Pen. La sensación de "ahora o nunca" empieza a cundir dentro de un partido al que la hija de Jean Marie Le Pen lleva años "lavando la cara", para presentarlo como una alternativa nacional, con una visión proteccionista defensora de los trabajadores y alejada de la retórica abiertamente racista.

Marine Le Pen, inhabilitada durante cinco años tras ser condenada por malversación

Sobre Marine Le Pen pesa una inhabilitación para ocupar cargos públicos, pero, si logra zafarse de este lastre, tiene posibilidades. Un sondeo de Ifop-Fiducial publicado este mes por el diario Le Figaro le concede una intención de voto cercana al 35%, similar a la de su teórico remplazo, Jordan Bardella, al que Ortiz ve con menos perfil presidencial para una Francia que siempre ha tendido a premiar a la élite con los principales puestos de poder, sean de izquierdas o de derechas.

Queda por ver ahora qué lectura hará cada uno de los partidos de los resultados de estas elecciones municipales a doble vuelta y de cómo se resolverá lo que Mélenchon ha llegado a describir como "una prueba de fuego". Las urnas se abren, en cualquier caso, para dar el pistoletazo de salida al principio del fin de Macron.