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Irán, a través de la extraordinaria historia de sus mujeres cineastas

  • El cine de mujeres directoras tiene un peso capital en la importantísima historia del cine iraní
Imagen de 'La manzana', de Samira Makhmalbaf.
Imagen de 'La manzana', de Samira Makhmalbaf.
Esteban Ramón
Esteban Ramón

Que Irán es una potencia cinematográfica celebrada internacionalmente es bien conocido, y, un poco menos, que la primera película importante de su historia, La casa negra, la filmó una mujer, Forugh Farrojzad, en 1964. Cineasta y también poeta, su película muestra un refugio de enfermos de lepra con un estilo que, según el historiador Mark Cousins, contiene todo el cine iraní que vendrá a su estela: “sinceridad de tono y humanidad más allá de la simple descripción”. No es una hipérbole para Cousin, que lleva tatuado en el brazo el nombre de Farrojzad: “La mayoría de las cinematografías tienen padres fundadores, Irán tiene una madre fundadora”.

Farrojzad, cineasta, poeta y activista fallecida en 1967 a los 32 años en un accidente de coche, ha sido vindicado en las protestas contra el régimen de los últimos años como símbolo feminista anterior al régimen de los ayatolás. Pero, incluso dentro de una teocracia patriarcal y restrictiva con los derechos de las mujeres, el cine de mujeres directoras tiene un peso capital en la historia del cine iraní.

Un hecho al que no es ajeno el impulso a la producción cinematográfica por parte de la propia dictadura iraní en los años 80, financiando un cine muchas veces centrado en la infancia y lo rural, que sorteó la censura hasta volverse en su contra con alegorías sutiles primero, temas sociales después, y, en los últimos años, rodándose clandestinamente en películas que han cruzado la frontera ocultas.

Hace tan solo dos semanas, la cineasta Mahnaz Mohammadi presentó en el Festival de Berlín su película Roya, donde retrata el paso en prisión de una profesora encarcelada por oponerse al régimen, una historia –como tantas del cine iraní –conectada con la propia biografía: en 2011 fue encarcelada por manifestarse en apoyo a activistas juzgadas.

Tras el ataque de EE.UU. e Israel a Irán, la Asociación de Cineastas Iraníes Independientes emitió comunicado de celebración, para luego lanzar un segundo alertando de la muerte de civiles y del riesgo de que los propios artistas encarcelados, como cualquier otro disidente, sean utilizados de escudos humanos por el régimen. Y, en general, el silencio es cada vez más estruendoso y elocuente: es difícil posicionarse cuando hay víctimas civiles y valorar el precio de una, hipotética, libertad.

Con todo, repasamos algunas películas filmadas directoras en los últimos 40 años (dejando fuera las realizadas en el exilio como Persépolis) que, además de parte de su historia cinematográfica, inevitable testimonio de las sombras de la dictadura. Como ha subrayado Panahi -el último ganador de la Palma de Oro- de todas las mujeres iraníes, son “las auténticas heroínas” de la disidencia.

La manzana (Samira Makhmalbaf, 1998)

Samira Makhmalbaf dirigió con solo 17 años una película clave de la Nueva Ola del cine iraní, donde contaba el caso real de dos niñas gemelas que vivieron encerradas hasta los 12 años en su domicilio a causa de las creencias de un padre extremista.

Cuando los servicios sociales descubrieron el caso, las niñas fueron liberadas y Makhmalbaf filmó el milagro de dos seres humanos que descubren el mundo. La manzana se convirtió en la película de un cineasta más joven en participar en Cannes, donde Makhmalbaf fue premiada con sus siguientes películas (La pizarra y A las cinco de la tarde).

Samira Makhmalbaf, en el Festival de Cannes de 2003.

Samira Makhmalbaf, en el Festival de Cannes de 2003. /SIPA/NIVIERE/VILLARD/ASLAN

Facing Mirrors (Negar Azarbayjani, 2011)

Un hombre entra en prisión y su mujer ocupa su trabajo de taxista, pese al desprecio social que supone. La película muestra su encuentro con otra mujer, de clase alta, que aspira a dejar el país y comenzar una nueva vida como hombre. Facing mirrors fue la primera película iraní en mostrar un personaje trans, y fue estrenada precisamente en el momento en el que la represión contra los artistas se endureció.

Tehran Without Permission (Sepideh Farsi, 2009)

El cine iraní puede ser el que tengas más (y mejores películas clandestinas). Las de Farhadi pueden ser las más famosas, pero la cineasta Sepideh Farsi sorteó las prohibiciones del gobierno iraní para grabar, con su teléfono Nokia, comercios y gentes en un momento clave: los meses anteriores a las elecciones de 2009. La película es un testimonio de los anhelos de un pueblo en los que se puede advertir el germen de las protestas nacidas tras las elecciones.

Nahid (Ida Panahandeh, 2016)

Premiada en la sección Una cierta mirada del Festival de Cannes, Nahid, muestra a una madre divorciada, con un rebelde hijo preadolescente, y en una delicada situación económica. Su nueva pareja, un hombre adinerado, le urge a casarse, pero ella teme que su exmarido aproveche la ley que le permite quitarle la custodia del hijo si se vuelve a casar.

“Me gustaría destacar que, estadísticamente, el número de divorcios en Irán es increíblemente alto. Es tan sencillo como hacer una devolución”, explicaba Panahandeh en una entrevista para RTVE.es. “En Irán divorciarse es muy fácil y estadísticamente muy alto, pero no son divorcios pacíficos sino dramáticos. El problema principal es que el hombre tiene todas las de ganar en los divorcios. El mantenimiento económico del niño recae en el hombre, pero también le dan la posibilidad de decidir. Y si un padre quiere vengarse, se venga”.

Mi postre favorito (Maryam Moghadam y Behtash Sanaeeha)

Maryam Moghaddam, junto a su pareja creativa Behtash Sanaeeh, presentaron –con veto del régimen incluido- en el Festival de Berlín de 2024 este melodrama tierno de romance crepuscular en el que una viuda septuagenaria inicia una relación con un taxista.

Días de Cine: Mi postre favorito

Mi postre favorito fue rodada sin permisos oficiales y la pareja de directores fueron condenados a 14 meses de prisión.