Los ecos de Nevenka: cómo el primer 'no es no' resuena en la actualidad
- Nevenka Fernández fue la primera mujer en España que denunció públicamente a un político por acoso sexual
- Aun hoy, muchas mujeres siguen sufriendo escarnio e incomprensión al intentar romper el silencio frente a los abusos
- Sigue en directo las manifestaciones por el 8M
Algunos nombres son imposibles de olvidar. Nombres poco comunes que dejan huella y que basta pronunciar, sin apellidos, que sepamos qué significan. El de Nevenka, de origen eslavo, alude a la caléndula, una flor conocida por su enorme resistencia. Como algo predestinado, Nevenka Fernández tenía que llamarse así.
Su vida es sobre todo una historia de resiliencia desde que aquel 26 de marzo de 2001 decidiera revelar el acoso sexual al que la sometía Ismael Álvarez, el entonces alcalde de Ponferrada (León). Era la primera vez que una mujer denunciaba públicamente a un político por ese delito en España.
Ismael Álvarez era un hombre respetado y con gran influencia en Ponferrada. Nevenka ejercía como concejala de Hacienda en el Ayuntamiento tras haber sido fichada por el PP local en las últimas elecciones. Habían mantenido una breve relación sentimental que ella se negó a continuar, lo que desencadenó meses de humillaciones y persecución que la sumieron en una profunda depresión.
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Transcripción completa
Ponferrada 2001. Una joven concejala denuncia al
entonces alcalde por acoso sexual
porque tengo 26 años sin dignidad en aquella época del acoso apenas se
hablaba no había
leyes de consentimiento ni un recuento de víctimas de violencia machista.
Nevenka Fernández dijo
no es no cuando nadie se atrevía.
En aquel momento, hace 25 años, yo no sabía
que era eso creo que todavía no teníamos una comprensión del acoso como
un
delito. Fue tan salvaje que me fue destruyendo
como persona poco a poco
no hay nada de nada de nada de acoso sexual él dimitió tras ser condenado a
nueve meses de
cárcel, pero fue ella quien recibió el escarnio
Tuvo que abandonar su ciudad y marcharse de España para rehacer su
vida.
La sociedad no estaba..
preparada para escuchar a una mujer decir no, no voy a pasar
por esto. 25 años después, la historia se repite.
El goteo de acusaciones de acoso contra alcalde,
cargos públicos e institucionales es constante desde hace meses.
Porque al final es un cambio
social. Eso facilita que ahora conozcamos
muchos más casos de abusos
y de maltratos contra las mujeres que antes se mantenían y seguían en el
silencio debajo de la alfombra.
Ella abrió una grieta en un silencio que parecía inquebrantable.
Sueco
nos recuerda que aún hay muchas nevencas esperando ser escuchadas
Callejón sin salida
"Me llegué a plantear si aceptar irme con él una vez al mes para que me dejara en paz" — confiesa— y así sujetar una situación que la había situado en un callejón sin salida. En aquel momento —explica— ni siquiera tenía claro qué le estaba ocurriendo. "Hace 25 años yo no sabía lo que era el acoso", reconoce en una entrevista con Informe Semanal. El acoso sexual solo llevaba seis años tipificado como delito en el Código Penal y era un tema del que apenas empezábamos a hablar
Nevenka recuerda que el acoso fue destruyéndola "poco a poco, como persona", hasta que un comentario externo le hizo comprender lo que estaba viviendo. Un amigo escuchó una conversación con el alcalde y le dijo algo que la hizo derrumbarse: "Ese hombre no te habla como un jefe, te habla como un amo". Aquella frase hizo un clic en su cabeza y así se forjó la decisión de denunciar.
Se encontró con un muro mucho más alto de lo que imaginaba: a él lo apoyaron sus compañeros de partido, la mayoría de los vecinos de Ponferrada —que llegaron a manifestarse en contra de Nevenka y a favor del alcalde— y unos medios de comunicación demasiado acostumbrados a cuestionar a las víctimas. "Yo era la mala y la culpable" - recuerda - "la que había ido, como me dijeron, sabiendo dónde me metía".
Un proceso contra la víctima
El juicio también dejó en evidencia la mentalidad de la época. La defensa del alcalde insistió en la idea de que Nevenka era una mentirosa y que su denuncia por acoso solo estaba motivada por la venganza y el despecho. Incluso, se insinuó que el aspecto descuidado que mostró en la rueda de prensa donde anunció la querella contra el alcalde había sido intencionado.
Todo el proceso fue un ejemplo de manual de la 'revictimización' que sufren a menudo las víctimas de delitos sexuales. El fiscal del caso interrogó a Nevenka como si ella fuese la acusada. "¿Por qué usted, que ha pasado ese calvario, usted, que no es la empleada de Hipercord que le tocan el trasero y tiene que aguantarse porque es el pan de sus hijos; por qué no dice ‘se acabó, ¿me voy’?", le llegó a recriminar.
Adolfo Barreda, el letrado que acompañó a Nevenka durante el calvario judicial, recuerda bien aquellos interrogatorios. "Digamos que el fiscal nos favoreció mucho porque tuvo un papel bastante desgraciado", recuerda. "Yo creo que no ha habido ningún proceso judicial en España en el que se cesara en mitad de un juicio a un fiscal general de un Tribunal Superior de Justicia".
El 29 de mayo de 2002, el tribunal condenó a Ismael Álvarez a nueve meses de cárcel —que no llegó a pisar—, una multa y una indemnización de 12.000 euros. Era la primera vez que un político en activo era condenado por acoso sexual en España. Aunque a Nevenka la justicia le dio la razón, fue ella la que fue castigada: tuvo que marcharse de su ciudad, su país y exiliarse en Irlanda —donde reside desde entonces— para rehacer su vida. "Nadie me iba a dar trabajo —explica— en esa sociedad donde una mujer que se atrevía a hablar era problemática".
La importancia de contarlo
Hoy Nevenka, aún con cicatrices en la mirada, observa con preocupación el goteo de titulares relacionados con el acoso sexual de los últimos meses: la denuncia de una concejala de la ciudad madrileña de Móstoles contra su alcalde, Manuel Bautista, por acoso sexual y laboral, la segunda querella contra Íñigo Errejón por agresión sexual, las acusaciones por acoso contra el dirigente socialista Francisco Salazar o el 'caso DAO' que señala por violación al exdirector de la Policía Nacional.
Casos que salpican a políticos de todo signo y a responsables de instituciones, y que nos llevan a preguntarnos si realmente hemos avanzado en estos 25 años. "Yo no creo que hoy haya más casos que antes, porque no venimos de un lugar mejor", afirma ella. Lo que ha cambiado, cree, es que "hoy existe una mayor conciencia colectiva sobre las violencias sexuales". Mayor visibilidad que se traduce en que "ahora conozcamos más casos de abusos contra las mujeres que antes se mantenían en el silencio, debajo de la alfombra".
Dicen las estadísticas que en España casi el 40% de las mujeres —unos siete millones— ha sufrido acoso sexual en algún momento de su vida. Pero solo una de cada diez lo denuncia. Por eso hoy la protagonista de aquella primera denuncia pública recuerda la importancia de seguir arropando a las víctimas para que puedan hablar. "A mí, hablar me salvó la vida, me sirvió de terapia", cuenta. El eco de su ejemplo sigue resonando en esas otras Nevenkas que aún necesitan ser escuchadas.