Ucrania, la guerra que marcó una nueva era geopolítica con nuevas reglas diplomáticas
- Trump pretende acabar rápido la guerra con Witkoff y Kushner, dos negociadores “no profesionales”
- Según varias encuestas los ucranianos no creen que pueda haber un acuerdo porque no se fían de Rusia
- Directo: última hora de la guerra en Ucrania
"Un historiador del siglo pasado decía que el polvo que levanta el galopar de los caballos de la historia no deja ver con claridad lo que pasa alrededor”. Así empieza nuestra entrevista Jorge Dezcallar, diplomático, exdirector del CNI y escritor, citando al historiador británico Arnold J. Toynbee, que describió la aceleración del tiempo histórico que vivimos.
Estamos asistiendo al final de una etapa histórica y la guerra de Ucrania, que hoy cumple cuatro años, lo ha precipitado todo. En El fin de una era, publicado en Esfera de los Libros, explica lo que dejamos atrás y los nuevos tiempos que se están configurando y que nos cuesta ver con claridad. Y lo hace desde el privilegio de haber vivido la historia de las últimas décadas desde dentro del mundo diplomático. "Estamos en el fin de una era geopolítica", afirma.
Para entender el nuevo orden mundial, hay que girar la bola del mundo. El mapa del poder ya no tiene a Occidente en el centro. "Hay países que quieren cambiar las reglas de ese orden, porque están basadas en los vencedores de la II Guerra Mundial. China es el único que tiene realmente capacidad de disputar la hegemonía americana. Rusia, con un PIB de 2,17 billones de dólares, no tiene equipo para jugar en Champions, pero es una potencia nuclear que hay que tener en cuenta. (...) En el Indo-Pacífico se concentra ya el 62% del PIB mundial y el 65% de la población”, explica.
La invasión rusa de Ucrania lo ha acelerado todo, y el factor Donald Trump ha sido el último impulso. "Él dice que ese orden tampoco beneficia a EE.UU., cuando ha sido el principal sustentador. No cree en organizaciones internacionales. Tiene una concepción muy nacionalista de su poder y su papel en el mundo. ‘Make America great again’ quiere decir que va a estar a favor de todo aquello que haga a América más fuerte. Y los demás que se apañen”.
Y este es el mundo que tiene que negociar una paz para Ucrania. Con unas Naciones Unidas, que "solo pueden hacer aquello que los países que la componen le permiten hacer", y una OTAN en crisis, porque "Trump ha dicho que duda sobre la aplicación del artículo 5, que es la garantía de seguridad colectiva, y es peor, amenaza a un país miembro, Dinamarca, con arrebatarle Groenlandia", explica Dezcallar.
La nueva diplomacia de Trump
La diplomacia en este momento está en manos de Trump, que tomó la iniciativa de acabar con la guerra en 24 horas, y que ha ido dando un plazo tras otro. El último situaría el fin del conflicto antes de las ‘midterm’ —las elecciones legislativas de mitad de mandato— en noviembre.
El presidente estadounidense es, técnicamente, un ‘mediador transaccional’. Nos lo explica desde la Universidad de Notre Dame, en Indiana, EE.UU., Laurie Nathan, director del programa de mediación del Instituto Kroc de Estudios Internacionales de Paz, que ha sido asesor de mediación de la ONU. "Esto significa que está mucho más interesado en su ganancia y enriquecimiento personal que otros mediadores, incluidos otros presidentes. No quiero decir que no sea serio. Solo quiere decir que no podemos confiar en sus motivaciones y su integridad", nos cuenta al otro lado del teléfono.
Los analistas no consiguen leer las intenciones de Trump. "Otros presidentes, o con Naciones Unidas como mediador, tienen intereses, pero todo es transparente. Con Trump a veces son acuerdos minerales o comerciales que no son obvios", explica. Y una vez más, hablamos de su impredecibilidad. "No es una fortaleza en un mediador. Hace que las partes estén inseguras sobre su agenda, su estilo y su proceso", dice.
SAUL LOEB / AFP
Hemos visto a Trump aparentar una amistad con Putin, humillar a Zelenski en la Casa Blanca, mostrarse harto del presidente ruso... "No creo que tenga la paciencia y la persistencia que requiere la mediación en un conflicto prolongado. Él piensa que con su brillantez puede resolver los conflictos rápido. Pero nadie nunca ha sido capaz de hacer eso, ni en Rusia, ni en Ucrania, ni en Israel ni en Palestina", comenta Nathan. Porque la realidad que se impone ante Trump es que nunca hay una solución rápida a una guerra. "Los conflictos se alargan porque son difíciles de resolver", añade.
Witkoff y Kushner, suspensos en mediación
Steve Witkoff, magnate inmobiliario neoyorkino y amigo del presidente estadounidense, con quien comparte su afición al golf, y Jared Kushner, su yerno y de familia multimillonaria, son dos empresarios ejerciendo la diplomacia. "No son profesionales. Yo soy mediador profesional, especializado, entre otras cosas, en mediación en altos el fuego. Si fueran mis estudiantes, les suspendería. Aunque, ante la complejidad del conflicto, no creo que ni la más brillante mediación entre Rusia y Ucrania tuviera éxito ahora mismo. Pero Kushner y Witkoff no están haciendo un buen trabajo". Nathan hace referencia al documento de paz para Gaza de Trump, que "obviamente han hecho ellos" y "es muy, muy amateur”, explica.
Qué piensan los ucranianos
Quizás por experiencia, los ucranianos no se fían de Putin. En varias encuestas de la Fundación Ilko Iniciativas Democráticas realizadas el año pasado, se mostraban mayoritariamente a favor de la paz, pero no creían que las intenciones del presidente ruso fueran sinceras con EE.UU. Nos lo explica su director ejecutivo, Petro Burkovskiy, que desde diciembre de 2023 es miembro activo del Ejército ucraniano. "La gente ha visto en los últimos 12 meses que, a pesar de todos los esfuerzos, los rusos están usando las negociaciones para retrasar la decisión americana de aplicar sanciones al petróleo y el gas", indica. Sufren cada día los ataques, los drones, los misiles, las bombas... De hecho, nos cuesta comunicarnos con él, porque pasan muchas horas sin luz. "Son claras señales de que no quieren parar la guerra. Los ucranianos no son tontos y no confían en las negociaciones, pero no por los americanos, sino por los rusos", incide.
EFE/EPA/STRINGER
Burkovskiy es un reconocido politólogo y analista ucraniano. Trabajó en el Instituto Nacional de Estudios Estratégicos, y es experto en política de seguridad. Está convencido de que esta guerra no es sobre Ucrania, sino sobre la supremacía rusa en Europa. Asegura que Ucrania estaría dispuesta a que la línea actual de frente sea la línea de alto el fuego. "Es la realidad, no tenemos fuerza para recuperar los territorios. Es un gran sacrificio para Ucrania, durante unos años", señala. Pero cree que si los rusos no lo aceptan, es porque tienen otros planes. "Quieren esperar a las elecciones de 2027 en Italia, en Francia, en Reino Unido… para que buena parte de Europa esté bajo el populismo y que los aliados de Ucrania sean euroescépticos. Sin su participación, Ucrania sufrirá mucho. Ese es el plan de Putin, seguir la guerra hasta que se rompa la coalición europea y Ucrania se quede sola", argumenta.
Olena Sotnyk, directora de Rasmussen Global Ukraine y exparlamentaria ucraniana, tampoco ve voluntad por la parte rusa. "Es un proceso forzado principalmente por EE.UU.", dice. "Estas negociaciones de paz no son diplomáticas si una parte sigue atacando con misiles las infraestructuras y las ciudades". Las negociaciones siguen estancadas en dos puntos, la cuestión territorial y la central nuclear de Zaporiyia. Sotnyk no cree que renunciar a los territorios ya ocupados por Rusia sea una opción. "No vamos a reconocer los territorios ocupados como rusos, porque es la soberanía ucraniana. Y el resto del Donbás, si con su ejército no han conseguido ganar estos territorios en cuatro años, no entiendo la lógica por la que tendríamos que cederlos. Hay diferentes opciones, como una zona desmilitarizada, una zona de libre comercio, etc. EE.UU. está buscando soluciones creativas", explica.
Otra de las cuestiones importantes para Ucrania en estas negociaciones es cómo garantizar su seguridad una vez acabada la guerra. Cómo confiar en que Rusia no les volverá a atacar. "Habrá que acordar un marco de asistencia militar a largo plazo, una profunda integración en los estándares de la OTAN y en la defensa europea. Creo que pertenecer a la Unión Europea es una de las garantías de seguridad porque se trata de la economía, de la irreversibilidad de la transformación ucraniana y un giro hacia el mundo occidental. Y, por supuesto, la producción conjunta de tecnologías de defensa en Ucrania", indica.
Qué puede hacer la diplomacia por Ucrania
Ucrania no tiene buenas cartas y no parece que ningún resultado en esta guerra le vaya a resultar favorable. Al menos en la situación actual. La diplomacia lo intenta, explica Dezcallar. "Es intentar convencer a EE.UU. de que no se puede permitir que el agresor triunfe, porque es un precedente muy peligroso”. La solución pasaría por dotar a Europa de “más capacidad para estar en condiciones de apoyar de forma más efectiva a Ucrania”, opina.
Desde EE.UU., Nathan no tiene una visión mucho más optimista. "Un conflicto está listo para la mediación cuando una o más de las partes no puede tolerar el coste de seguir luchando, el coste económico, físico, espiritual, existencial", dice. Con su experiencia como mediador, cree que ahora mismo no es la solución. "Creo que la mejor opción es fortalecer a Ucrania para que pueda resistir. Cuanto mayor sea el daño a Putin, más probable es que puedan negociar. Creo que la diplomacia no tiene una oportunidad ahora”.
Ucrania tiene una condena histórica y geográfica. "Es un profundo miedo existencial", dice Nathan. Aunque haya un alto el fuego, Rusia seguirá siendo un vecino con un pasado común, en el que Ucrania fue una de sus partes. "Es una gran preocupación para Ucrania, que no va a confiar en que Rusia prometa que no lo volverá a hacer", añade. Cree que solo la capacidad militar puede tranquilizar a los ucranianos.
Sobre el futuro de su país, Burkovskiy no lo tiene tan claro. El final, dice, es una suma cero. Y todavía no han llegado a ese punto. "Esto no ha terminado. No sabemos qué pasará", concluye. Sotnyk es más optimista, a pesar del duro invierno que han pasado, de todos los científicos, profesores, ingenieros... muertos en el frente. Ha decidido quedarse en Ucrania a pesar de tener muchas oportunidades en el extranjero. "Es el lugar al que pertenezco, donde tengo que estar; hay ucranianos con mucho talento y muy comprometidos. Tenemos la misma idea sobre el país, y eso es muy importante. No teníamos eso hace 20 años, es algo por lo que luchar". Porque si algo ha conseguido esta guerra es, sin duda, unir a los ucranianos.