El olivo español viaja a Noruega para refugiarse por primera vez en el mayor banco mundial de semillas
- 50 variedades procedentes del banco de la Universidad de Córdoba serán conservadas en Svalbard
- "En caso de catástrofe mundial, podemos salvar la especie", explica su responsable a TVE
El olivo español entrará la próxima semana por primera vez en el banco de semillas de Svalbard (Noruega), el mayor del mundo, para su conservación, con la esperanza de que nunca haya un peligro tal que obligue a sacarlo de ese archipiélago del Ártico.
El banco tiene una extensión de más de mil metros cuadrados y en el interior hay cajas de seguridad, como las de un banco. El Telediario ha estado en Córdoba para saber qué semillas se han elegido y cómo se ha preparado este viaje apasionante.
Con 8 hectáreas de terreno, el Banco de Germoplasma Mundial de la Universidad de Córdoba es una de las colecciones más importantes del mundo dedicadas al estudio y la conservación de la diversidad genética del olivo.
Selección de las semillas de olivo que se enviarán a Noruega EFE/ Universidad De Córdoba
Incluye 700 variedades de olivo distintas. "Las tenemos en condiciones abiertas. Son árboles, plantas vivas", explica a TVE Pablo Morello, responsable del banco de la Universidad de Córdoba.
Selección de 50 variedades: "En caso de catástrofe, podemos salvar la especie"
De todas ellas, se han seleccionado semillas de 50 de esas variedades para conservarse en la Bóveda de Svalbard, la mayor instalación del mundo dedicada a la conservación de semillas agrícolas. "En caso de que ocurra una catástrofe mundial, podemos recurrir a este material y salvar la especie", prosigue Morello, que explica que se va a conservar "un pool de genes" que es "una representación del olivo cultivado".
El olivo cultivado se propaga de manera vegetativa, por esquejes. Por eso, es fundamental que la selección de las semillas garantice la biodiversidad. El proceso para prepararlas comienza en el laboratorio, con la extracción del hueso. Y finaliza con un tratamiento de congelación.
"Se ha probado la conservación en frío a menos 20 grados y se ha probado si la semilla es viable, si puede germinar una planta y se ha comprobado que sí", explica por su parte Hristofor Miho, investigador del grupo UCOLIVO de la Universidad de Córdoba.
Se trata, en definitiva, de una forma de proteger este cultivo milenario frente a amenazas como enfermedades o el cambio climático y evitar que se pueda perder para siempre uno de los símbolos de la cultura mediterránea.