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Los vecinos de Adamuz, un salvavidas para localizar a familiares: "Gritaba su nombre pero no contestaba nadie"

Los vecinos de Adamuz, un salvavidas para localizar a familiares: "Gritaba su nombre pero no contestaba nadie"

En las horas más oscuras para decenas de familias, ante la agonía de no saber el paradero de sus seres queridos que viajaban en los dos trenes accidentados en Adamuz, los vecinos del pueblo fueron un rayo de luz. Además de colaborar llevando mantas o agua a los supervivientes, algunos hicieron de intermediarios para localizar a los afectados en medio del caos.

María José es una de ellas. Sigue atendiendo con una sonrisa detrás del mostrador de la farmacia en la que trabaja, aunque su mirada transmite cansancio y una emoción contenida, ahora que ya empieza a reposar lo ocurrido ese fatídico domingo. Aquella tarde se encontraba de guardia en la botica y acudió inmediatamente al hospital de campaña improvisado en cuanto se enteró de la tragedia.

Estuvo yendo y viniendo, cargada de vendas, tiritas o desinfectante, todo lo que escaseaba en los primeros momentos del desastre, cuando recibió la llamada de un amigo suyo desde Canarias.

Le pidió ayuda. Le dijo que un amigo suyo estaba buscando a su hermana, una enfermera que viajaba en uno de los vagones que descarrilaron, y que no sabía nada de ella. Su teléfono daba señal, pero no contestaba nadie. María José volvió a la caseta municipal, donde se atendía a los heridos leves, y empezó entonces a gritar su nombre.

"No me contestaba nadie"

"Pero claro, allí, entre tanta gente, no me contestaba nadie", relata ahora a RTVE Noticias. "Le pedí que me mandara una foto, y empezamos a buscarla enseñándosela a la gente, pero nada".

Le empezaron a ayudar otras compañeras, mientras la angustia crecía a cada minuto que pasaba, tanto por su parte como al otro lado del teléfono, donde estaban su amigo y los familiares de ella. Se preocupó especialmente cuando los autobuses se llevaron a los afectados a sus destinos y el centro municipal se vació, ya bien entrada la noche. "Si ahí ya no quedaban heridos, yo me temí lo peor… tener que decirle a mi amigo que aquí no estaba", confiesa.

Decidió preguntarle a un técnico de ambulancia, quien le respondió que tenía que consultar a un médico si le podía dar información sobre esta pasajera, lo que, de nuevo, le hacía pensar en los peores escenarios. Al principio, no le quisieron dar sus datos porque no era una familiar directa, pero insistió e insistió.

"Por lo menos le di tranquilidad a una familia"

Finalmente, se apiadaron de la desesperación de María José y accedieron. La hermana de aquel amigo estaba viva, ingresada en el Hospital Reina Sofía de Córdoba y a día de hoy se encuentra estable y acompañada de su familia. "Los médicos se portaron súper bien. Fue un ángel", afirma sobre los que le proporcionaron la información tan esperada. Las últimas noticias que tiene es que la superviviente del accidente está mejorando, aunque no quieren ofrecer más datos para mantener su privacidad.

Esta técnica de farmacia siente la "satisfacción de haber ayudado a una familia, por lo menos para darle tranquilidad". En medio de la tragedia, logró sacar al hermano de esta superviviente de la peor de las incertidumbres.

Todavía no ha conseguido contactar con su familia, pero su farmacia ha recibido llamadas de agradecimiento de completos desconocidos. Cuenta que le llamó un hombre de Punta Umbría, de donde son muchos de los fallecidos. Ella le preguntó si tenía algún familiar en el tren, pero no: "Llamaba simplemente para darnos las gracias por lo que habíamos hecho por su pueblo".

María José es solo un ejemplo de cómo todo un pueblo se volcó para ayudar a los supervivientes de la catástrofe. Lo hicieron tanto los profesionales -sanitarios, policías, bomberos...- como ciudadanos de a pie. Ella, a medio camino entre uno y otro, colaboró en lo que pudo como técnica de farmacia, y a partir de cierto punto, simplemente como persona. Como una amiga que hizo lo que pudo para aplacar la ansiedad de una familia desesperada.