Tres rostros en primera línea ante la catástrofe de Adamuz: "Una chica me cogió la mano y me dijo 'ya no te la suelto'"
- Quienes acudieron en los primeros instantes a la zona cero no sabían ni siquiera que había otro tren accidentado
- Aunque por sus profesiones han presenciado escenas duras, nada les había preparado para esto, confiesan
- Última hora de los accidentes de tren en Adamuz, Córdoba, y en Barcelona
Sus rostros duros delatan el agotamiento, una fatiga visible tras sumar poquísimas horas de sueño en los últimos días. Los tres tienen en común un aspecto cansado: ojeras y ojos vidriosos y una mirada seria y a veces perdida que, aun así, se torna amable a la hora de atender a compañeros, vecinos y periodistas.
Los tres estuvieron al frente de la tragedia de Adamuz en los primeros momentos, y, aunque decenas de personas colaboraron en las tareas de rescate y asistencia a los heridos, lo que vieron ellos, que acudieron sin tener ni idea de a qué se enfrentaban, no lo podrán olvidar.
Son el alcalde de la localidad, Rafael Ángel Moreno; el jefe de Protección Civil, Sebastián Latorre; y Juan Antonio Lanti, policía local de Bujalance, un pueblo cercano. Los tres han compartido sus testimonios a RTVE Noticias, historias con un nexo común: nada les podía preparar para el escenario que se vivió en el kilómetro 318,7 de la vía de alta velocidad. También coinciden en usar el mismo adjetivo para describir la escena que presenciaron: "Dantesco".
Rafael Moreno: "Hay imágenes de las que prefiero no hablar"
Moreno, alcalde desde hace unos cinco años de esta localidad de 4.000 habitantes, fue uno de los primeros en saber del suceso. Poco después de las 20.00 horas del domingo, le llamó el 112 para comunicarle que había un accidente de tren en su término municipal y que "podía ser de gran magnitud". Cogió su coche y junto a un vecino policía y otro militar, se presentaron donde había descarrilado el Iryo y comenzaron a ayudar.
"Prácticamente éramos los primeros en llegar", cuenta, enfundado en su abrigo y con una bufanda para protegerse del frío que hace en la caseta municipal, el espacio habilitado para atender a los afectados. En esos primeros instantes, eran los propios pasajeros los que se ayudaban unos a otros.
A esa hora solo se conocía el incidente del Iryo. Fueron los propios pasajeros de ese tren los que le dijeron a Moreno que se había chocado contra otro convoy. Junto al policía, comenzaron a caminar los 600 metros que les separaban del Alvia. El recorrido del horror. "Empezamos a andar por la vía y el escenario fue ya dantesco. Tengo imágenes de las que no quiero hablar, que prefiero guardar".
Al llegar a los vagones accidentados del tren de Renfe, vieron que "la situación era muchísimo peor". Entonces comenzaron a organizar a la gente para sacarles ordenadamente, y pidieron ayuda, ya que todos los efectivos de emergencias que iban llegando se quedaban en el Iryo, más accesible. "Las imágenes son terroríficas. Ni en la peor de las pesadillas podía imaginarlo", recuerda.
Sebastián Latorre: dar la mano "toda la noche" si hace falta
Como Moreno, Sebastián Latorre habla con una serenidad que llama la atención tras haber presenciado una situación tan traumática. Es el jefe de Protección Civil de Adamuz, voluntario, como los demás. El alcalde le movilizó tras saber del accidente el domingo y a los diez minutos ya estaba en la zona cero.
Él ayudó a los bomberos a sacar a heridos de los vagones. La última chica que sacaron del tren, cuenta, le cogió la mano estando en la camilla. "Me dijo 'ya no te la suelto, ya no te la suelto''. Y yo le dije, 'pues ya está, si yo voy a estar aquí toda la noche'".
Cuando los pasajeros del Alvia se empezaron a acercar caminando por la vía, fue consciente de que había otro tren accidentado y empezó a decir a los agentes y a los sanitarios que se agolpaban en la zona del Iryo que siguieran adelante.
Más tarde se dio cuenta que era más útil organizando el operativo de atención a los afectados en la caseta municipal, porque aquello "era un caos". Rápidamente, organizaron a los afectados por destinos, ya que uno de los trenes hacía la ruta Málaga-Madrid y el otro Madrid-Huelva, y al poco tiempo acudieron los autobuses que se los llevaron.
También organizó la ayuda que llegaba por parte de los vecinos, que respondieron abrumadoramente al llamamiento del Ayuntamiento y se volcaron donando mantas, aguas o estufas. Muchos de los entrevistados para esta serie de reportajes han insistido en la eficacia del dispositivo de ayuda y han resaltado el hecho de que, poco después de medianoche, ya estuvieran evacuados la gran mayoría de pasajeros y heridos. Latorre, sin embargo, reconoce con media sonrisa que a él ese rápido operativo se le hizo más bien "largo".
Juan Antonio Lanti: "Nunca esperas vivirlo de primera mano"
En Adamuz hay tres policías locales. En el día a día, suficientes para cubrir las necesidades de la población. Pero lo insólito del desastre del domingo provocó que se activaran agentes de todos los pueblos cercanos. Juan Antonio Lanti vino desde Bujalance, a media hora de camino.
Acudió junto a otros compañeros de su equipo voluntariamente tras enterarse del accidente y, cuando ya se había rescatado a los heridos, a él le tocó la tarea de excarcelar a los fallecidos. "Es una experiencia muy dura y muy traumática", admite.
Coincide, de nuevo, en el adjetivo "dantesco" para describir la escena en el tren Alvia, con varios vagones hechos un amasijo de hierro. Estuvo trabajando hasta las 4.00 de la mañana, primero en el lugar del suceso y más tarde en el dispositivo de emergencia en el pueblo. A las pocas horas, tras dormir apenas, volvió a ayudar.
Aunque por su trabajo ha visto de cerca el sufrimiento, en accidentes de tráfico, por ejemplo, esto sobrepasaba cualquier experiencia previa. "No me creía lo que estábamos viviendo. Nunca esperas vivir de primera mano una catástrofe de este calibre".
Por delante, para ellos, queda un largo camino. Todavía siguen con la adrenalina alta, atendiendo a vecinos y a medios, recibiendo a las autoridades que han acudido estos días a la localidad. Pero pronto este estado de alerta pasará, tal y como explican los psicólogos, y la mente deberá procesar las imágenes que ha registrado y que son imborrables, tal y como repiten los tres. Ahí comienza otro duro trabajo, otra de las innumerables secuelas del desastre de Adamuz.