El duelo tras la tragedia de Adamuz: aceptar cada reacción y acompañar a los familiares de las víctimas
- "Durante las primeras horas, cualquier reacción es normal", afirma la decana del Colegio de Psicólogos de Madrid
- Sigue en directo la última hora del accidente mortal de dos trenes en Adamuz, Córdoba
Las primeras horas tras una tragedia de la magnitud del descarrilamiento de trenes en Adamuz, Córdoba, son fundamentales desde el punto de vista psicológico. En este corto plazo se mezclan las necesidades de los propios supervivientes, muchos de ellos aún en shock por lo que acaban de vivir, y la de los familiares que siguen con incertidumbre las informaciones que llegan desde el lugar de los hechos, en algunos casos a la espera de saber cuán grave será la noticia que están a punto de recibir.
"Tenemos que entender que durante las primeras horas cualquier reacción puede ser normal", explica la decana del Colegio de Psicólogos de Madrid, Timanfaya Hernández, en declaraciones a RTVE Noticias. Así quedó de manifiesto el propio domingo por la noche en las declaraciones sobre el terreno de algunas de estas víctimas, que con el susto aún en el cuerpo reconocían sentir nervios, miedo e incluso cierta sensación de suerte por haber salido ilesos de una de las peores tragedias ferroviarias de la historia de España.
Es normal la "culpa" por sentirse afortunado, al igual que quedarse en una especie de nube, con un "sentimiento de disociación" con la realidad que para algunos supervivientes puede servir de "protección" inicial.
Cada persona, añade Hernández, vive este tipo de circunstancias desde un "plano" diferente y necesita también unos "tiempos" para, una vez superado el impacto inicial, "hacerse cargo de lo ocurrido". Contar con personas cercanas ante las que poder expresarse y sentir que "no están solos" es esencial, abriéndose también a relatar estas experiencias y sensaciones a especialistas.
Los especialistas no se atreven en cualquier caso a poner plazos a la duración del duelo, porque como explica Hernández "cada persona necesita un tiempo", pero esta experta sí avisa de que pueden surgir patologías a medio y largo plazo, por lo que los expertos y las propias víctimas deben ser conscientes de que "esto no acaba aquí".
Los familiares necesitan información
A las necesidades de los supervivientes se suman además las de los familiares, por lo que Timanfaya Hernández señala igualmente "esencial" atender al entorno de la víctima y suavizar de alguna manera el impacto psicológico. Nadie les puede evitar recibir una mala noticia, pero los diversos organismos deben prestar atención "lo antes posible" a las familias y brindarles una información "veraz".
Tener acceso a esta información es "imprescindible", según la decana del Colegio de Psicólogos de Madrid, que ve en esta transparencia una vía para "rebajar la incertidumbre". No en vano, la magnitud del accidente ha provocado que en las primeras horas no se haya tenido constancia siquiera de un número exacto de víctimas o del estado de parte de ellas.
El sociólogo Carlos Hernández, experto en duelo de la consultora Dosabrazos, coincide en que la incertidumbre es "tremendamente angustiosa" y reclama una apuesta clara por la información y por esclarecer cuanto antes las dudas que aún subyacen sobre el paradero o la situación de víctimas. "En un duelo, hay una primera tarea que es aceptar la realidad de la pérdida y si no tengo la noticia de que mi familiar ha fallecido, es imposible que pueda aceptar esa realidad", asevera.
Esta información, además, "debe ser individualizada", dentro de un espacio en el que las familias sean capaces de expresar su dolor, con la reacción que ellas consideren. También entre los allegados se entremezclan una multiplicidad de reacciones que pueden incluir el enfado, la tristeza o la incredulidad, por citar algunas.
La culpa sobrevuela también a los allegados si reflexionan acerca de qué podrían haber hecho ellos para evitarlo. Carlos Hernández advierte de que puede surgir por otro lado "la necesidad de buscar culpables", de tratar de averiguar "quién es el responsable". En estos momentos, explica, la clase dirigente debe contribuir a no "politizar" la tragedia ni tampoco "polarizar".
Por su parte, María Brichete, psicóloga del Summa 112, subraya en declaraciones a TVE desde la estación madrileña de Atocha, punto de partida o llegada de lo dos trenes siniestrados, la importancia de actuar en las primeras 72 horas para atender a los familiares y que "vayan asumiendo" lo que acaba de ocurrir, que "encajen" una situación inesperada y potencialmente traumática. El trauma no tiene por qué evitarse, pero al menos se puede "suavizar", trabajando sobre una amalgama de sentimientos.
Los psicólogos no son inmunes
El personal especializado que atiende en estos contextos a víctimas y familiares tampoco es inmune, "no tiene una capa para hacer frente a absolutamente todo", como recuerda Hernández, haciendo hincapié en la importancia de establecer descansos y de que estos profesionales hayan recibido formación específica sobre emergencias o tengan experiencia en terreno.
La formación y la experiencia no sólo ayuda a que las intervenciones sean las adecuadas sino que supone "un factor de protección". Para ellos, insisten desde el Colegio de la Psicología, hablar con alguien de lo que han vivido o están viviendo permitirá que no carguen sobre sus espaldas las secuelas de un siniestro en el que los psicólogos desempeñan desde el primer minuto un papel preminente.
El duelo puede extenderse incluso a nivel social, teniendo en cuenta el impacto mediático de un suceso de tal calibre. El "apoyo social", explica Carlos Hernández, puede aliviar en parte el impacto inicial sobre los familiares, pero el hecho de que haya un funeral colectivo o que la cobertura de medios se alargue en el tiempo complica que llegue el "cierre" de lo que han vivido en primera persona.
El sociólogo apunta que las catástrofes generan una sensación de "tristeza social" y pueden contribuir a un miedo o una preocupación colectiva, a un "me puede pasar a mí si subo a un tren". Él mismo reconoce que ha cubierto ese mismo trayecto en el pasado y que, al ver las imágenes el domingo por la tarde, sintió en primera persona la aleatoriedad de una tragedia como la de Adamuz.