El colectivo LGTBIQ+, "pecado" y "delito" para el franquismo: "Ahora puedo expresar con libertad quién soy"
- RTVE Noticias habla con dos hombres homosexuales: Ramón, que vivió la dictadura, y Axel, un joven activista
- "Todos eran enemigos para el colectivo: la policía, el ejército, la Iglesia, la familia y los médicos", recuerda Ramón
A Ramón Linaza y a Axel Sarraillé les separan casi 40 años y una dictadura franquista. Ramón (68 años) es sociólogo, revolucionario, superviviente del VIH y uno de los primeros en participar en la marcha del Orgullo en 1978. Por su parte, Axel (29 años) es argentino, acaba de graduarse en Antropología Social y Cultural y es activista. Dos personas LGTBIQ+ que poco tienen que ver: uno, hijo del franquismo; el otro, de la democracia. Sin embargo, a estos dos hombres homosexuales les une la defensa de los derechos del colectivo en una sociedad en la que, pese a cumplirse 50 años de la muerte de Franco, persiste la sombra de esta ideología que reprimió y exterminó a miles de personas queer en España.
Ramón Linaza (izq) y Axel Sarraillé (dcha) dialogan con RTVE Noticias sobre el colectivo LGTBIQ+ durante el franquismo y en la actualidad. RTVE
RTVE Noticias habla con estos dos hombres sobre cómo vivió el colectivo LGTBIQ+ la represión durante los casi 40 años de dictadura, cómo ha avanzado desde 1975 y hacia dónde se dirige en una sociedad en la que la ultraderecha es la tercera fuerza política.
La sociedad franquista era "dictatorial, homófoba y represora"
En el instituto, Axel aprendió que durante la dictadura la gente del colectivo LGTBIQ+ sufría represión. Había campos de concentración, como el de Tefía (Fuerteventura), donde trabajaban en pésimas condiciones hasta el hastío. No solo sufrían palizas e insultos; también se enfrentaron a la hambruna y a la marginación. "Me imagino que fue una época bastante horrible y sufrida. Siempre me ha impactado pensar en el sufrimiento y la angustia que vivían estas personas, que se escondían", cuenta este joven.
"El miedo era el sentimiento que dominaba la vida social. Tenías que ir con cuidado sobre qué decías, a quién y dónde", recuerda Ramón. Él confirma que la dictadura fue similar a lo que Axel describe; aquellos años fueron ominosos y el ocultarse tenía un propósito: mantenerse con vida. "Vivíamos en una sociedad dictatorial, absolutamente homófoba, machista y represora. Supe cuidarme y procuraba que ni en el colegio, ni en la mili nadie conociera cuál era mi orientación sexual", explica.
“Supe cuidarme y procuraba que ni en el colegio ni en la mili nadie conociera cuál era mi orientación sexual“
En un contexto en el que había pocos referentes, celebridades del arte y de la cultura lucharon por visibilizar la realidad del colectivo. Algunos lo hicieron en el exilio, como Emilio Prados o Miguel de Molina; otros, hasta que fueron asesinados, como Federico García Lorca. También hubo quienes se adaptaron al régimen y, por ello, se enfrentaron a la autocensura, como Jaime Gil de Biedma.
RAMÓN: En aquella época había muy pocos referentes. Los míos eran Walt Whitman, Luis Cernuda o Federico García Lorca. Ahora hay muchos más de los que había y son importantes, sobre todo, para los jóvenes.
AXEL: Creo que ahora a los referentes les cuesta salir de la caricatura y no enseñan que se puede tener una vida más allá de ser una persona LGTBIQ+. Y la mayoría son hombres gays cishetero. Sigue faltando bastante trabajo de visibilización hacia el resto de miembros del colectivo.
RAMÓN: Sí, siempre hemos estado caricaturizados. Cuando salíamos en las películas, los gays éramos o el mariquita con pluma o un delincuente. En cambio, ahora el tipo de personajes que se dan en la ficción tienen que ver más con la realidad y se alejan del estereotipo.
La homosexualidad: "un pecado, un delito y una enfermedad"
Llevar el pelo largo, vestir una camisa rosa y tener un pendiente eran símbolos de que ser "maricón", recuerda Ramón. Ya no quedan vestigios de aquellas calles grises por las que transitaba, en las que parecía que no había ninguna persona homosexual. "Éramos para la Iglesia un pecado; para la policía, un delito y para los médicos, una enfermedad. Todos eran enemigos: la policía, el ejército, la iglesia, la familia, el matrimonio, la universidad, los médicos...", asegura.
Axel es afortunado porque no vivió aquel contexto de persecución social y es uno más en esta sociedad diversa. Sin embargo, se pone en la piel de quien vivió el franquismo y reconoce que en aquellos años "angustiosos" habría sufrido bastante. "Estaría alienado. No me sentiría yo mismo porque no existían espacios seguros, ni personas en las que confiar totalmente", opina.
RAMÓN: Lo más terrible es el sufrimiento de la persona que siente que hay algo mal, el pensar '¿por qué no soy como tiene que ser la gente?'. [...] Hay una lucha personal muy dolorosa; el pelear contra uno mismo es terrible. En esta vida hay que buscar el equilibrio con uno mismo, pero es muy duro vivir en una sociedad que te niega algo tan íntimo y tan básico como tus sentimientos.
AXEL: También está la desesperanza y la desazón de no saber cuándo aquello terminaría. Pensar que jamás podrás estar en paz con el universo porque vas a vivir siempre perseguido, debe ser terrorífico.
En 2025, Axel siente que con el paso de los años todo ha ido a mejor. "Puedo expresar con relativa libertad quién soy y cómo me siento", sostiene. Sin embargo, el último informe Estado del Odio: Estado LGTBI+ 2025, elaborado por la FELGTBI+, resaltó que los ataques al colectivo se duplicaron en un año; en total, 812.000 personas fueron agredidas física o verbalmente. "Las agresiones siempre han existido y permanecen. De hecho, no hace tanto tiempo del asesinato de Samuel Luiz en A Coruña, al que le gritaron 'te voy a matar, maricón'", indica Ramón.
Él sufrió un delito de odio durante su juventud, en la década de los 70: "Me di un beso con un chico en el Café Gijón y nos echaron de allí". En el caso de Axel, fue agredido por un hombre en el metro hace un par de años. "Estaba sentado mirando el móvil y se levantó un hombre, se puso delante de mí y me dijo: '¡Maricón, hijo de puta!'. Me pegó un puñetazo y me reventó los cristales de las gafas. Nadie hizo nada", recuerda.
AXEL: La gente es indolente. Esto viene porque vivimos en un entorno urbano en el que hoy en día no sabes ni cómo se llama tu vecina de enfrente. Estamos fracasando como sociedad.
RAMÓN: Pero hay algo más específico. Pienso que si vas por la calle y una persona se tropieza y se cae, lo normal es que otras vayan a ayudarla. Eso es lo habitual. Pero en nuestro caso no. Si hay una agresión hacia una persona LGTBIQ+, como la que te ocurrió a ti, la gente mira para otro lado. Sigue habiendo homofobia y transfobia.
AXEL: Claro. Lo gracioso es que yo era consciente de que no había hecho nada para merecer lo que me pasó. Tuve un momento de pensar: "¿Qué habré hecho para que alguien haya sabido que soy gay?". Fue horrible. Pero me di cuenta de que yo había sido la víctima.
"En la marcha del Orgullo se notan las carencias"
Tras la muerte de Franco, fueron creándose los primeros sitios de ambiente en Chueca y surgió en Barcelona la primera marcha del Orgullo en 1977. En Madrid, la primera manifestación tuvo lugar en 1978 y congregó alrededor de 10.000 personas. "Nos mandaron a la calle Menéndez Pelayo, al lado del Parque del Retiro, para que no se nos viera mucho en la ciudad. La policía se mostraba nerviosa y nos presionaba todo el tiempo para acelerar y que la marcha terminara", relata Ramón. "Al año siguiente nos mandaron a la Casa de Campo a hacer un pícnic y en el año 80, creo recordar que fue en Vallecas".
El orgullo desapareció durante unos años y se retomó cuando surgió el Colectivo de Lesbianas, Gays, Transexuales, Bisexuales e Intersexuales de Madrid (COGAM). Con ellos, llegó la reivindicación que hoy en día conocemos: la fiesta Madrid Orgullo y la marcha con las múltiples carrozas.
RAMÓN: El MADO sigue teniendo una parte reivindicativa, pero otra que es más festiva y comercial. No obstante, existe el Orgullo Crítico, que tiene más que ver con la liberación sexual que había en los años 70-80. Cada cosa tiene su papel e importancia. Creo que a nivel social y político la biodiversidad es buena y es inevitable que en momentos sociales haya sectores más reformistas y otros más integrados en las instituciones.
AXEL: Yo considero que en la marcha se notan las carencias. Hay gente que ni siquiera sabe que el Orgullo cada año tiene una temática o un eslogan. Llevo años participando y noto las diferencias entre el antes y el ahora. De hecho, parece que hay espacios en los que no hay consignas y se marcha por marchar. Echo en falta que las asociaciones hagan autocrítica y reflexionen sobre qué funciones cumplen realmente. A veces parece que rondan por la inercia del legado pasado y quizá falta una capacidad de análisis para saber llegar a la gente y trasladar así algún tipo de reivindicación.
Del matrimonio igualitario a la prohibición de las terapias de conversión
Se puede pensar que, tras la muerte de Franco, los cambios llegarían rápido. Sin embargo, no fue así. "En el año 77, la policía asesinó a una estudiante, amiga mía, mientras nos manifestábamos en Gran Vía [...]. El miedo siguió existiendo tras la muerte del dictador", afirma Ramón.
Tardaron unos años en ganarse derechos en materia LGTBIQ+. Por ejemplo, una vez aprobada la Constitución, se reformó la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social, aprobada en 1970, lo que terminó en la despenalización de la homosexualidad. "Poco a poco, se legalizaron los movimientos de los colectivos; en 1988, se consiguió quitar el delito de escándalo público del Código Penal y el gran hito fue el matrimonio igualitario, en 2005", señala.
“Es bastante terrible que hasta 2023 no fuera ilegal llevar a tu hijo a terapias de conversión o que hasta 2018 ser una persona trans fuera una cuestión patológica para la OMS“
El siglo XXI arrancó con más avances favorables para el colectivo, recuerda Axel. No solo la Ley del Matrimonio Igualitario, sino también la Ley de Identidad de Género en 2007, una norma que permitió a cualquier persona modificar su nombre o sexo en los documentos oficiales. En 2023, se aprobó la Ley para la igualdad real y efectiva de las personas LGTBI con el fin de garantizar la igualdad y eliminar toda forma de discriminación por motivos de orientación sexual o identidad de género. "Es bastante terrible que hasta ese año no fuera ilegal llevar a tu hijo a terapias de conversión o que hasta 2018 ser una persona trans fuera una cuestión patológica para la OMS [...]. Hay derechos pendientes; vamos muy despacio y creo que la reivindicación se pierde porque pensamos que tenemos garantizados los derechos y nos dejamos estar", afirma.
RAMÓN: Es verdad que hay cosas pendientes. La gente piensa: "Ya os podéis casar, ¿qué más queréis?". Bueno, hay personas LGTBIQ+ que viven en una comunidad poliamorosa, de tres o cuatro personas, y no se les reconocen sus derechos como convivientes. Y en el ámbito escolar hay muchísimo por hacer aún.
AXEL: Eso es. La sexualidad todavía es tabú en el marco educativo. Se trata como una materia solo de la esfera privada, entonces... si no te enseñan de qué manera puedes explorar o conocer tu deseo o atracción, ¿cómo vas a tener una sexualidad saludable? Pero también faltan otros derechos, porque las personas trans y las no binarias no ven recogidos sus derechos y libertades en las últimas legislaciones.
RAMÓN: También hay un problema muy gordo con respecto a las personas mayores, especialmente las personas trans. Estas no han cotizado en la Seguridad Social porque se han dedicado o a la prostitución o al espectáculo en condiciones muy precarias... Es una situación terrible. Y hay derechos, como el de a la vivienda, que no solo nos afectan a nosotros como colectivo, sino a todos.
La generación de Axel (millenial) y la de Ramón (baby-boom) pueden llegar a trabajar de manera conjunta para reforzar la posición del colectivo LGTBIQ+ y continuar con la garantía de los derechos. "Si lo hacemos, podemos mantener viva la memoria de lo que se ha conseguido y recordar cuánto ha costado. También podemos reflexionar sobre aquello que se ha quedado en el tintero, qué futuro deberíamos estar viviendo", indica Axel. Por su parte, Ramón reconoce que conforme los años pasan, "hay cosas que ya no las haces tú, porque hay otras personas más jóvenes que las van a hacer mucho mejor". "Pero nunca hay que retirarse del todo", insiste.
AXEL: De la generación de Ramón admiro la valentía para enfrentarse a contextos totalmente represivos y la capacidad que tiene para sobreponerse a todo ese sufrimiento y terror para seguir adelante.
RAMÓN: A mí me encanta la espontaneidad, la libertad y la diversidad de la generación de Axel. Quizá nosotros abrimos algunos nuevos caminos, pero ellos siguen haciéndolo con otras visiones, otras formas de vivir y de relacionarse.
El futuro de una sociedad tras la sombra del franquismo
La ultraderecha es la tercera fuerza política en nuestro país. En el Congreso, cuenta con 33 diputados y según la última encuesta del CIS, Vox obtendría un 17,7% de votos. Además, según uno de los estudios del centro de investigación, al 38% de los españoles menores de 24 años no les importaría vivir en un régimen "poco democrático" si eso garantiza una supuesta "mejor calidad de vida".
“Existe el riesgo de retroceso, pero los avances que se han producido se han consolidado mucho“
Ramón se muestra optimista con respecto a la realidad social actual, ya que no cree que la ideología franquista pueda volver a instalarse si la ultraderecha llega al poder. "Defendemos la vida, la alegría, la libertad, la fe, el amor... No creo que debamos dejarnos arrastrar por esa dinámica del miedo", asevera. "Existe el riesgo de retroceso, pero los avances que se han producido se han consolidado mucho", añade.
Por su lado, Axel considera que "la pérdida de derechos y garantías también va un poco acorde a los recursos que tenemos y las maneras de control social a las que estamos sometidos". "Creo que nos pueden robar derechos con la excusa de mantener una especie de Estado de bienestar", argumenta.
RAMÓN: Como colectivo ahora luchamos por alcanzar derechos universales. E insisto en que el futuro de los movimientos está en el tejido social, en hacer comunidad: tener una persona al lado con la que compartir un problema y buscar una solución.
AXEL: Yo pienso que la idea hipostasiada —considerar algo abstracto como una realidad— de una comunidad LGTBIQ+ a la que perteneces por tu orientación sexual o identidad de género se está deshaciendo. En este momento de quiebra, ojalá apostemos como sociedad por un tejido comunitario y por los cuidados. Y ojalá podamos reflotar en un mundo utópico y no tanto distópico, al que puede parecer que nos dirigimos.
RAMÓN: Hay que reivindicar la utopía.
AXEL: Y también el derecho a soñar.
Poco tenían que ver Ramón y Axel más allá de ser hombres LGTBIQ+, la reivindicación, las gafas o los pendientes. Pero ambos son las voces de un colectivo que no calla ante las injusticias y que defiende su pertenencia en una sociedad que ya no les ve como peligrosos. Hace 50 años, en nuestro país eran perseguidos, humillados, exterminados. Ahora, hay delitos contra la comunidad LGTBIQ+, asesinatos, insultos, prejuicios... Pero si hay algo que durante este medio siglo se ha asentado en nuestro país es la libertad. La libertad de amar, de ser y, como dice Axel, de soñar.
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