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Análisis

'La Generala' que anticipó la Transición

  • El toque militar de la época de Carlos III identificaba a Radio Nacional durante el régimen de Franco
Conocemos la 'cara B' de la semana con Juan Carlos Soriano: "Las "generalas" del Generalísimo"
JUAN CARLOS SORIANO (RNE)

Los historiadores sitúan el punto de partida de la Transición Española en el llamado "harakiri" de las Cortes franquistas, que el 18 de noviembre de 1976 aprobaron el proyecto de Ley para la Reforma Política presentado por Adolfo Suárez.

Pero los anales de la Historia no siempre concuerdan con la memoria sentimental y, antes de aquella voladura controlada del régimen, como la llamó el constitucionalista Javier Pérez Royo, los oyentes del programa Jazz internacional, que presentaba Paco Montes en Radio Nacional de España, comprobaron que Franco no dejaba "todo atado y bien atado". Una improvisación al piano puso en solfa la perpetuación de la dictadura.

1976. Prado del Rey. Madrid. Paco Montes tenía como invitado al pianista y compositor catalán Tete Montoliu; medio serio, medio en broma, lo animó a interpretar La Generala, un toque militar de la época de Carlos III que identificaba a la emisora desde que fue creada, en plena Guerra Civil, como órgano de propaganda de los sublevados. Entonces aún se usaba para pregonar los diarios hablados, los "partes" (muchos oyentes seguían empleando la terminología de contienda) que debían radiar, por orden gubernativa, todas las emisoras de España. Montoliu, excelente improvisador, bordó la versión en blues en tiempo medio y aquel divertimento acabó convertido en sintonía del programa.

Audios para recordar - 'La Generala' de Tete Montoliu - 02/02/15

Origen y versiones

Si La Generala, tan característica del franquismo como la fanfarria del NODO, se relajaba a ritmo de boîte, ¿por qué no iban a descoserse otras costuras del régimen? Aunque parezca una hipérbole, los primeros compases de lo que después se llamó la España del 78 sonaron en el teclado de un Steinway & Sons de la Casa de la Radio.

La Generala que se escuchaba durante la autarquía y el aislacionismo llevaba arreglos del padre Otaño, un musicólogo vasco que, como buen jesuita, estaba familiarizado con todo lo militar. Y preservó, incluso le dio más relieve, el carácter de alarma con que había nacido ese toque en el siglo XVIII. Sobrecogía, acojonaba, simple y llanamente, escucharla por las ondas antes de que tomaran la palabra los locutores, con el mismo tono bizarro que Fernando Fernández de Córdoba cuando proclamó: "En el día de hoy, cautivo y desarmado el Ejército rojo…"

Tras la aceptación de España en los foros internacionales, fue perdiendo marcialidad. Cuando llegaron los Planes de Desarrollo, el SEAT 600 y las suecas en bikini, el ministro de Información y Turismo, Manuel Fraga Iribarne, hacedor de paradores y de la Ley de Prensa, encargó una versión sinfónica de La Generala a la Orquesta de RTVE en 1965, el mismo año de su fundación. Radio Nacional de España ya no sonaba a retreta, sino a Wagner.

Después nacieron más versiones: a la guitarra (entre typical spanish y coro parroquial) o la que recordaba a los rollos de pianola. Con ese último fondo se dio lectura a nuevos "partes", los que firmaba el "equipo médico habitual" durante la agonía de Franco.

Medio siglo después, se repiten imágenes de su velatorio y funeral, con aquellas tomas cenitales de TVE en el interior de la basílica y la escena, digna de las producciones de CIFESA, donde los jefes de la Casa Civil y la Militar juran que el cadáver que contiene la caja es, efectivamente, el de "su Excelencia el Jefe del Estado, Generalísimo de los Ejércitos, don Francisco Franco Bahamonde". Las dictaduras, además del pensamiento único, imponen la burocracia y el abad del Valle de los Caídos, como se denominaba entonces, no podía autorizar la inhumación sin cumplir ese trámite.

La caída de La Generala

En la transmisión de RNE, aunque se haya destacado menos, se escucha la losa de 1.500 kilos deslizarse sobre los rodillos hasta sellar la fosa con un golpe seco. De fondo queda el rumor de engranajes y garruchas.

Sólo habían pasado unos meses de todo aquello cuando Paco Montes le propuso a Tete Montoliu, nuestro jazzista más internacional, que interpretara al piano La Generala; que lo hiciera sin cortapisas, con la misma espontaneidad que, a principios del siglo XX, la población negra del sur de Estados Unidos había presentado al mundo un nuevo género musical.

Y así, como el que no quiere la cosa, nos dejó la versión más original que se haya hecho nunca de aquel toque militar que los sublevados contra la República convirtieron en sintonía de radio. Porque huelga decir que La Generala dejó de usarse como tal en la década de los 90 y sólo vuelve a sonar en espacios de divulgación histórica. Por su propia naturaleza, no ha lugar a nuevas versiones de uso cotidiano en la radio pública. Pero los que crecimos con su sonsonete siempre nos preguntaremos cómo hubiera sonado por Rosalía.