Los últimos fusilados del franquismo
- El régimen franquista asesinó a dos integrantes del FRAP y tres de ETA en septiembre de 1975
- Todos sufrieron "unas torturas brutales y salvajes" con un juicio que fue una "auténtica farsa"
El régimen agonizaba y la muerte de Franco estaba cerca. Pese a eso, o quizá por eso mismo, el franquismo decidió morir matando. Xosé Humberto Baena, José Luis Sánchez Bravo y Ramón García Sanz, militantes del FRAP, y Ángel Otaegi y Jon Paredes, miembros de ETA político-militar, fueron fusilados el 27 de septiembre de 1975.
Ese día, en Madrid, Barcelona y Burgos se formaron los últimos pelotones de fusilamiento que ha habido en España. De nada sirvieron las manifestaciones en algunas capitales europeas, ni las llamadas a consultas a los embajadores españoles, ni tan siquiera los esfuerzos del papa. La noche del 26 de septiembre, horas antes de las ejecuciones, Pablo VI telefoneó al palacio de El Pardo para pedir clemencia a Franco. No la hubo.
El periodista Roger Mateos reconstruye este oscuro episodio en su último libro El Verano de los Inocentes. El último fusilado del franquismo (Editorial Anagrama). A través de una extensa investigación, Mateos analiza el caso de Xosé Humberto Baena, un joven vigués que acabó militando en el FRAP y que fue ejecutado con apenas 24 años. La Justicia le condenó por el asesinato el 14 de julio de 1975 del policía Lucio Rodríguez Martín.
Pero, según el autor, Baena no fue culpable del delito por el que finalmente fue fusilado. Tras el asesinato, la Policía le detuvo a él y a otros militantes del FRAP. Mateos sostiene que todos ellos "fueron sometidos a unas torturas brutales y salvajes en la Dirección General de Seguridad" y que "Baena y sus compañeros fueron obligados a firmar unas declaraciones autoinculpatorias". Por todo ello, no duda en tachar el juicio posterior como un "esperpento y una auténtica farsa".
Medio siglo después de su ejecución, el Gobierno ha anulado su condena a muerte. El pasado mes de agosto, el ministro de Política Territorial y Memoria Democrática, Ángel Víctor Torres, enviaba a la familia de Baena una "Declaración de Reconocimiento y Reparación Personal" en la que declaraba "ilegítima y nula" la pena de muerte dictada contra él.
Horas antes de su ejecución, Xosé Humberto Baena también envió una carta a su familia. En ella expresaba un deseo a sus padres: "Que mi muerte sea la última que dicte un tribunal militar". Un deseo, el de ser el último fusilado del franquismo, que sí se cumplió.