Antigitanismo cotidiano: "Un comentario racista sobre los gitanos está hasta bien visto, nadie da la cara por nosotros"
- Un estudio de la Universidad Pompeu Fabra visibiliza y denuncia la normalización de estos microrracismos
- La Fundación Secretariado Gitano (FSG) ha atendido cerca de 5.000 casos de discriminación desde 2004
Que no te llamen para una entrevista de trabajo, que te persigan los vigilantes en tiendas y centros comerciales, que los vecinos no te saluden o hasta que intenten echarte, son algunas de las situaciones de discriminación, microrracismo o antigitanismo que tienen que soportar casi a diario y de un modo casi normalizado y aceptado por la sociedad las personas de etnia gitana.
"Las discriminaciones que no constituyen delitos son las más habituales y son las que permean el día a día de los gitanos", asegura a RTVE Cristina de la Serna, abogada especializada en derechos humanos y directora del Departamento de Igualdad y No Discriminación en la Fundación Secretariado Gitano (FSG).
"Cuidado con esta"
La vida diaria de la comunidad gitana está marcada por un rosario de rechazos y prejuicios, a menudo velados, que se cimentan en estereotipos arraigados. Indira Vargas García, por ejemplo, cuenta a RTVE cómo siendo cajera en El Corte Inglés sufrió un timo que acabó con su despido. Tenía sólo 19 años y "ya me habían dicho que me iban a renovar".
El timo del tocomocho del que fue víctima —y que sus jefes comprobaron en las cámaras de vigilancia— no sirvió para nada. "Me dijeron que yo estaba implicada y que nos íbamos a repartir los 200 euros que me había estafado el cliente porque él era moro y yo era gitana", recuerda con impotencia e indignación. Tampoco sirvió que ese mismo día se ofreciese a poner de su bolsillo el dinero estafado. Ni siquiera que sus padres fueran a hablar con el encargado. No la renovaron. Perdió su empleo y, hasta el último día, no dejó de escuchar comentarios del tipo "cuidado con esta que se lo da al moro'".
"Los gitanos somos los grandes invisibles"
La desconfianza con las personas de etnia gitana es una constante que se extiende a todos los ámbitos. Noemí González comparte con RTVE dos experiencias personales. En una urbanización de obra nueva, el administrador de fincas, al enterarse de que era gitana, le sugirió que se tomara "la ley por su propia mano" contra unos vecinos ruidosos y conflictivos, animándola a "enviarles unos okupas" o a "darles una paliza" porque aseguraba no querer "una guerra entre colombianos y gitanos".
En otro contexto, en su antiguo trabajo —en un conocido negocio de mercería ubicado en la madrileña plaza de Pontejos—, Noemí mantuvo en secreto su etnia durante dos años. Cuando la descubrieron, el trato cambió drásticamente. "Empezaron a hacerme el vacío", no la invitaron a la cena de empresa ni a jugar a la lotería de Navidad. La situación culminó con un "despido arbitrario" donde un jefe le dijo: "Ya sabemos cómo es la gente de tu calaña".
Noemí lo tiene muy claro: "los gitanos somos los grandes invisibles". Esta empresaria de éxito constata cada día que "nadie nos va a defender nunca jamás". Y pone el ejemplo de cómo ha cambiado la sociedad con los comentarios homófobos y, sin embargo, "el comentario racista sobre los gitanos siempre está bien visto y nadie nos defiende; nadie saca la cara por los gitanos porque es lo normal y hasta está como bien visto".
"Mala espina" por ser gitanos
Estos testimonios no son incidentes aislados. Matilde Manzano, trabajadora de limpieza, vivió una situación similar al encontrar un anillo y entregarlo. La encargada le dijo que "Mati, has superado la prueba, porque por ser gitana te tenemos que poner pruebas". La sorpresa y la humillación de la experiencia la llevaron a reflexionar que "las mentes tienen que abrirlas".
El antigitanismo también afecta a los más jóvenes. Lisardo, un estudiante de 19 años, relata en una de las campañas de FSG cómo la policía le dejó seguir porque él "parecía payo" mientras detenía "de mala manera" a sus amigos gitanos. Quelion, camarero de la misma edad, narra cómo le segregaron en el instituto. "Nos metieron en una clase de 24 personas y las 24 personas éramos gitanos... Nos daban fichas para colorear y estaba en 1º de la ESO". Esta falta de apoyo y altas expectativas provocó que "dejase de estudiar".
Los testimonios no son casos aislados. Las estadísticas confirman que esta "mala espina" o desconfianza sistemática es una realidad extendida. Según el último estudio del Consejo para la Eliminación de la Discriminación Racial o Étnica.
"El piso ya está alquilado"
Estos ejemplos de discriminación cotidiana se reflejan en los datos. La Fundación Secretariado Gitano (FSG) ha atendido 4.608 casos de discriminación desde 2004, siendo los de menor intensidad los más habituales.
El último estudio publicado por el Consejo para la Eliminación de la Discriminación Racial o Étnica (CEDRE) es el informe titulado "El impacto del racismo en España. Percepción de la discriminación por origen racial o étnico por parte de sus potenciales víctimas en 2024”. En él se recoge que el 40% de los jóvenes gitanos ha experimentado algún tipo de discriminación en el último año, siendo el ámbito educativo y laboral los más frecuentes. Además, el 70% de la población gitana considera que el principal problema de su comunidad es la falta de oportunidades, directamente relacionada con la discriminación.
Las quejas por discriminación en la vivienda han aumentado un 25% en los últimos cinco años, demostrando la persistencia del prejuicio de "el piso ya se ha alquilado".
Más de mil víctimas de discriminación en 2024
La Fundación Secretariado Gitano (FSG), en su informe anual de 2024, destaca que el antigitanismo se mantiene como una de las principales formas de discriminación en el país. En las últimas dos décadas, la organización ha documentado y atendido más de 4.600 casos de discriminación y antigitanismo. Durante el año 2024, la FSG atendió a más de mil víctimas de discriminación a través de sus programas de asistencia.
Asesoriamiento personalizado a una familia en Granada por parte de la Fundación Secretariado Gitano. FSG
Un estudio reciente de FAKALI, la Federación de Asociaciones de Mujeres Gitanas, revela que el 71% de las personas gitanas han sufrido antigitanismo, y el 90% considera que la sociedad española reproduce discursos de odio contra su comunidad. El estudio también señala que el 24% de los gitanos entrevistados ha sido acusado injustamente de un delito, lo que genera un impacto emocional y social significativo.
Un equipo de abogados gitanos
Frente a esta realidad, la comunidad gitana y las organizaciones que la defienden proponen un camino doble: visibilizar la discriminación y combatirla con herramientas legales. Cristina de la Serna, directora del programa IgualTrato, que cuenta con once abogados y abogadas gitanas que cubren todo el territorio nacional para "acompañar y asesorar a víctimas gitanas de antigitanismo", la clave es "luchar contra la impunidad y denunciar".
Equipo de abogados y abogadas del programa IgualTrato de la Fundación Secretariado Gitano. FSG / J. PARÍS
La base para erradicar este racismo sutil, sin embargo, es la educación. La abogada María del Carmen Cortés Amador insiste: "Hay varias cosas que son necesarias para luchar contra la discriminación. Una de ellas es, sin duda, la educación". Es fundamental que la sociedad "abra las mentes" para dejar atrás los estereotipos y conocer la historia y la cultura del pueblo gitano.
Para Fernando Morrión Fernández, psicopedagogo de etnia gitana, el objetivo final es la dignidad. "El rechazo social que tenemos los gitanos se manifiesta de diferentes formas y es permanente y constante". La solución es combatir estas situaciones cotidianas que "marcan un antes y un después de tal manera que sufres de manera directa una vulneración hacia un derecho fundamental que es la dignidad de las personas", porque "yo soy un ciudadano de pleno derecho, por lo tanto tengo que tener una vida como la puede tener cualquier otro ciudadano".
Investigación sobre "racismo sutil"
La Universitat Pompeu Fabra (UPF) ha puesto el foco en una de las formas de discriminación más invisibilizadas, pero profundamente arraigadas en la sociedad: el antigitanismo cotidiano. Un estudio reciente elaborado por los investigadores Zenia Hellgren y Lorenzo Gabrielli, a partir de 185 entrevistas en el área metropolitana de Barcelona, ha documentado cómo las personas gitanas siguen enfrentándose a actitudes y prácticas discriminatorias en su día a día, muchas veces sin que estas sean reconocidas como tales por el resto de la sociedad.
El trabajo, publicado en la revista Migraciones, advierte que estas expresiones sutiles de racismo, lejos de ser anecdóticas, son estructurales y tienen consecuencias reales: "Afectan fuertemente a su relación con la parte no gitana de la sociedad y a su acceso en igualdad de trato como ciudadanos en una amplia gama de situaciones, como el trabajo, la educación, los espacios públicos y el consumo, entre otros", explican Hellgren y Gabrielli.