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Sanitarios, una vida encadenando contratos sin plaza fija: "Soy un número al que mueven sin importar la experiencia"

  • El Gobierno ha aprobado este martes un Real Decreto con el objetivo de hacer fijos a un total de 67.300 sanitarios
  • Sin convocatorias de oposiciones, los profesionales de la Sanidad se ven abocados a una incertidumbre permanente

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El Gobierno aprueba este martes un Real Decreto con el objetivo de hacer fijos a un total de 67.300 sanitarios
El Gobierno aprueba este martes un Real Decreto con el objetivo de hacer fijos a un total de 67.300 sanitarios

“Son contratos de un día, dos días, una semana, diez días. Así, hasta que te dan una baja de cuatro meses. Se acaba la baja y vuelves a reenganchar con los contratos de uno, dos, tres días. A la semana estás en el paro, y así sucesivamente”. Una matrona, que prefiere mantener el anonimato, describe a RTVE.es su experiencia laboral desde hace año y hasta ahora: un calvario de contratos que, sea de forma intermitente o encadenada, no cree que vaya a terminar pronto.

“Muchas veces te ves en la tesitura de estar compaginando dos trabajos al mismo tiempo con una jornada de un 150 % por lo que pueda pasar. No sabes cómo va a ser cuando te quedes en paro, cuánto tiempo va a durar”, prosigue. A su modo de ver, esta “precariedad” es más frecuente en la enfermería especializada en ginecología y obstetricia, pero el abuso de los contratos temporales atraviesa a la Sanidad en toda España.

El Consejo de Ministros ha aprobado este martes un Real Decreto con el objetivo de hacer fijos a un total de 67.300 sanitarios, según cifra el Gobierno. El nuevo estatuto prohibirá que los interinos puedan encadenar contratos temporales más de tres años. Por lo tanto, las comunidades tendrían que crear las plazas para cubrir con personal fijo. Sin embargo, el sector aún es receloso respecto a cómo se llevará a cabo el proceso, que depende de las autonomías, y temen que sea insuficiente para revertir una perversión del sistema que, dicen, viene de largo.

Sin estabilidad en el horizonte: de los contratos por días a la interinidad

Sobre el papel, la medida para la reducción de la temporalidad en el empleo público podría beneficiar a Samuel García, médico internista con un contrato interino desde 2016 en Bilbao. “Ahora no tengo que firmar cada mes, pero los derechos son los mismos que los de un eventual”, comenta.

Él, que aprobó la oposición, pero no consiguió una de la treintena de plazas fijas que se ofertaban, se pregunta por qué entonces salieron menos contratos fijos de los que realmente necesitaba el servicio. Y la prueba de que su puesto sí hacía falta de forma estructural está en que lleva desde entonces en el mismo. Así, considera que la consolidación será un buen remiendo para ese hueco, pero no cree que vaya a solucionar el problema de fondo.

“El sistema de selección y de provisión de recursos humanos, que data de hace más de 20 años, es el que nos ha llevado a esto”, lamenta. “No se entiende que no haya una legislación que diga el tiempo máximo que puede pasar desde una oposición, que es como se combate la precariedad. Tampoco se ha planteado cómo penalizar a las administraciones que incumplan. (...) No puede ser que durante estos cinco años, que se ha jubilado más gente, no haya un sistema de reemplazo”, sostiene, sobras unas cuestiones que las medidas presentadas por la ministra Carolina Darias aspiran a mejorar.

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Además, hasta que llega la interinidad, es habitual pasar años “sin ningún tipo de garantía laboral”, según describe Rocío Belda, ginecóloga en Valencia y cofundadora de la Asociación Médicos Unidos por sus Derechos (MUD).

En su caso, nos cuenta, desde que terminó la residencia en agosto del año pasado, ha enlazado dos contratos, pero ahora está en el paro. El primero de ellos, como médico de guardia y sin sueldo base, por lo que solo cobraba las horas que trabajaba. Y el segundo, con un sueldo base de 1.200 euros, que finalizó en la víspera de nuestra conversación. Sin unas oposiciones a la vista, sus perspectivas no son halagüeñas.

“Vamos cambiando de un sitio a otro porque nos ha obligado el sistema. Es como una trampa”, afirma la especialista en ginecología, que no descarta irse a Francia en busca de mejores condiciones y tras una década formándose en universidades y hospitales públicos españoles. “Dicen que faltan médicos y no faltan médicos, faltan plazas fijas”.

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Vivir al día, sin planes a largo plazo: "Estamos escépticos y cansados"

De momento, Belda asegura desconfiar del anuncio “hasta que no vea en puestos fijos a los compañeros que llevan diez años cambiando de hospital y dejándose la vida por la gente”. “Estamos escépticos y cansados”, sostiene. De acuerdo con la asociación de la que forma parte, el 42 % de los médicos no tienen un contrato fijo y esto impacta en los planes de vida de los profesionales y sus familias.

“Tengo una compañera que ahora mismo está en el paro con tres hijos y esto está pasando en toda España”, denuncia, y recuerda que las 67.000 plazas fijas que promete el Gobierno tienen que repartirse entre todo tipo de profesionales del sector.

Otras preocupaciones se repiten en todos los profesionales consultados por RTVE.es: la dificultad para comprar e, incluso, alquilar una vivienda, porque no existe un contrato estable; tener que renunciar a planes con familia y amigos durante las vacaciones, si el hospital te llama para trabajar “de hoy para ayer”; y ni pensar en tener hijos mientras el puesto de trabajo cambie cada seis meses.

“Se traduce en ansiedad, hay veces que me despierto por la noche y estoy pensando en la fecha en la que se va a acabar mi contrato”, zanja la matrona, que reside en la Comunidad de Madrid, pero está apuntada en las bolsas de empleo de otras autonomías por lo que pueda surgir. Pero incluso las bolsas tienen su doble filo: “te tienen atada de pies y manos, porque no puedes renunciar a un puesto. En Madrid me penalizarían 12 meses sin trabajar”.

La temporalidad trae precariedad: "No hay un no"

Y con contratos que penden de un hilo, las condiciones laborales se devalúan. Josep Maria Giribert, enfermero en Cataluña, lo describe rápido: “no hay un no”, estás para “lo que te pidan”. Como consecuencia, él enumera los días libres que no ha disfrutado o que ha tenido que coger cuando no le convenía. “Luego, has trabajado todo el año y no has hecho ni un día de vacaciones. O te lo has tenido que coger un miércoles, un día aquí y otro allá, que es cuando venía bien”, afirma.

Pero la situación también impacta en el servicio público que se da a la ciudadanía y, en definitiva, en la salud de los pacientes. “Complica el seguimiento. Si yo tengo una cura compleja y al día siguiente la ve una compañera y luego otra, no es lo mismo que si tienes una enfermera que puede ver la progresión”, explica Giribert, que juzga importante construir también una relación de confianza con los pacientes.

“Te veo más cansada, María’”, pronuncia el enfermero, en un intento de reconstruir una de esas escenas en las que el componente humano puede pesar más que el conocimiento adquirido en la universidad. En su unidad de 12 personas, solo cuatro compañeras tienen un contrato fijo. En el equipo médico, dice, la situación es todavía peor.

Así, en todo esto, la opinión de que el sistema hace aguas en su gestión del talento es una opinión transversal entre profesionales de la medicina, la enfermería y demás ámbitos sanitarios. “Se ven cosas como que te cambien a ti de un servicio en el que te has formado y lleven allí a una persona nueva. Entonces piensas: ¿soy un número al que van moviendo o realmente les importa si tengo experiencia o no en ese ámbito?”, se pregunta Cristina Díaz, otra enfermera en la Comunidad de Madrid.

“Igual has estado en la UCI dos semanas y únicamente te ha dado tiempo a irte a casa con malestar porque no lo dominas todo. Acaba el contrato y te dan un mes en pediatría. Luego en urgencias. Vas rodando por muchos sitios y cuando empiezas a conocer al equipo y cómo se trabaja, te cambian y mandan a otro”, coincide Sandra Barquero, desde Valencia. Ambas viven una situación más estable últimamente, aunque no otean todavía una plaza fija.

Bajo esta tormenta laboral, a la que se ha sumado el cansancio de la pandemia, los sanitarios se preguntan a dónde han ido a parar unas condiciones acordes a la responsabilidad que asumen con su trabajo -en el diagnóstico, en la cura, en los cuidados. Algo que sí perciben es que han perdido capacidad de negociar y presionar a la administración. El cambio necesario, reclaman, tiene que ser a largo plazo.