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Guerra en Ucrania

La guerra en Ucrania, prueba de fuego para la transición verde: "Apostar por las renovables es la respuesta lógica"

  • Algunos países vuelven a recurrir al carbón y al gas licuado, lo que pone en peligro los objetivos de reducción de emisiones
  • Bruselas insiste en redoblar los esfuerzos en la inversión en renovables y así garantizar la independencia energética
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Molinos eólicos y una central de carbón en Alemania
Molinos eólicos y una central de carbón en Alemania EFE/ Sascha Steinbach

Europa afronta la prueba de fuego para sus ambiciosos planes de transición verde. La guerra de Ucrania, las sanciones a Rusia y el objetivo declarado por los Veintisiete de dejar de depender del gas y el petróleo de Moscú enfrentan a los países europeos a nuevos dilemas y contradicciones. Por un lado, Bruselas quiere pisar el acelerador de la expansión de las energías renovables y garantizar con ellas su independencia energética en un futuro, mientras que en corto plazo muchos países vuelven a mirar al carbón e impulsan nuevas infraestructuras gasísticas, lo que pone en jaque la reducción de emisiones.

"Indudablemente, Europa va a aumentar la apuesta por las renovables. Es la respuesta lógica", asegura a RTVE.es Pedro Fresco, director general de Transición Ecológica de la Generalitat valenciana y experto en energía. Bruselas quiere dejar de depender del gas ruso completamente en 2030, y para ello va a apoyarse en sus reforzados objetivos verdes, que incluyen una reducción del 30% del consumo de gas antes de dicho año.

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, insistió en esta idea durante la presentación del plan para reducir la dependencia de Rusia. "Cuanto más rápido pasemos a las energías renovables y al hidrógeno, combinado con una mayor eficiencia energética, más rápido seremos realmente independientes y dominaremos nuestro sistema energético", aseguró. Fresco explica que "un parque solar o eólico puede estar produciendo durante 25 o 30 años, independientemente de cualquier coyuntura y de los precios del gas o el petróleo".

Sin embargo, esta apuesta por las renovables para sustituir al gas se enfrenta a un obstáculo a corto plazo: solo una cuarta parte de este combustible fósil se destina a la generación eléctrica. El resto, especialmente en Centroeuropa, más dependiente del gas ruso, se usa para calefacción y uso residencial (casi un 40 % en 2016, según un informe de la asociación empresarial española Sedigas) y uso industrial (un 25 %), por lo que para sustituir toda esta energía primero sería necesario electrificar estos usos.

"Es un proceso que puede llevar años, pero hay que empezar a hacerlo ya. Es un proceso dinámico: cada poquito que hagamos, cada gotita de gas o de petróleo que quitemos, es una presión menor sobre precios y una dependencia energética menor", defiende Fresco.

A corto plazo: Europa vuelve a mirar al carbón y al gas licuado

Mientras, los Gobiernos europeos ven en el recurso a los combustibles fósiles la salida más rápida a una crisis de suministros y de precios sin precedentes en décadas, lo que pone en duda el cumplimiento de los objetivos de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero. Alemania ya plantea extender el uso de sus plantas de carbón y ha aumentado un 50 % respecto al mismo periodo del año pasado la quema de este combustible, el más contaminante de todos los fósiles, según los datos del Instituto Fraunhofer.

"Esto debería ser transitorio mientras se buscan alternativas, porque el carbón genera más o menos el doble de emisiones que el gas", advierte Paco Valverde, responsable de renovables en la consultoría Menta Energía.

El ministro de Economía alemán sugirió también que podría retrasar el apagón nuclear fijado para finales de este año, aunque el Gobierno, donde los Verdes tienen un importante papel, se niega. Tanto Berlín como Roma han anunciado la construcción de nuevas plantas regasificadoras para importar gas natural licuado por mar, la alternativa más clara al gas ruso del que son altamente dependientes.

"Es verdad que probablemente se hagan infraestructuras nuevas, algo que no estaba previsto. Pero lo importante es dejar de depender del gas en general, porque hoy es Rusia, pero mañana puedes tener un problema con otro mercado, con Argelia, por ejemplo", advierte Fresco. Para ello, la manera más eficaz de aportar "independencia energética" son las renovables.

Lo importante es dejar de depender del gas en general, porque hoy es Rusia, pero mañana puedes tener un problema con otro mercado

La Unión Europea se había marcado en su Pacto Verde Europeo el objetivo de reducir sus emisiones un 55 % de aquí a 2030 respecto a los niveles de 1990 y llegar a las cero emisiones netas en 2050, uno de los planes más ambiciosos del mundo, financiado además con buena parte de los fondos de recuperación. Álvaro Rodríguez, director del programa de Medio Ambiente de la escuela IMF, está convencido de estos objetivos están "completamente superados". "Creo que vamos a ir mucho más rápido y mucho más lejos", afirma, y se muestra convencido de que "entre 2030 y 2035, del 90 % al 100 % de la energía en Europa sea de fuentes renovables".

"Dentro de lo malo, si algo bueno puede salir de esto es que Europa tome conciencia de que debe ser capaz de generar su propia energía", señala, aunque advierte de que la transformación energética no puede llegar de la noche a la mañana y tendrá que hacerse por plazos.

Dentro de lo malo, si algo bueno puede salir de esto es que Europa tome conciencia de que debe ser capaz de generar su propia energía

En el corto, en los próximos meses, los países tienen pocas opciones más allá de diversificar sus fuentes de energía. En este tiempo "España tiene la gran ventaja de tener la capacidad para licuar metano", afirma Rodríguez. Nuestro país tiene una posición privilegiada en esta crisis: posee seis plantas regasificadoras, más que ningún otro país de la Unión –Alemania por ejemplo no tiene ninguna actualmente- y una gran diversificación de origen.

A medio plazo: eficiencia energética y electrificación de la calefacción

En el medio –dos a tres años-, Rodríguez apuesta por las campañas de eficiencia energética. "Esto que dijo Borrell de bajar un grado la calefacción no es nuevo, ya se hizo en la Segunda Guerra Mundial", explica. También propone potenciar el transporte público, el coche compartido y la movilidad sostenible. "A lo mejor es el momento de hacer lo que muchas veces se achaca que no se hizo después de la pandemia".

Durante este tiempo además se pueden sentar las bases legales para permitir una expansión más rápida de las renovables. "No puedes doblar el parque de fotovoltaica en un año, pero sí puedes cambiar la ley que permita que de pronto en cinco años se haya hecho. Por ejemplo, nuestra legislación de autoconsumo de fotovoltaica no está para tirar cohetes", señala Rodríguez, que es además representante para España de Climate Reality Project, la organización fundada por Al Gore.

Valverde cree que la respuesta pasa por la instalación de bombas de calor, un sustituto eléctrico de la calefacción por gas, y para el cual ya hay planes en marcha desde hace años en Países Bajos, por ejemplo. Considera además que Europa le debería dar otra oportunidad a la energía atómica. "Las nucleares son unas fuentes generadoras de electricidad brutales. En estos momentos transitorios, igual Alemania se tendría que mirar lo de reabrir centrales térmicas de carbón antes que las nucleares, que no van a contaminar", asegura.

Sobre este cierre, Fresco pide "ver si es viable no cerrarlas, porque un proceso de cierre es una cosa que se planea con años de antelación". "Si es posible mantenerlas, yo paralizaría los cierres en Alemania para 2022 y Bélgica para 2025", asegura, aunque recuerda que para ello las empresas tendrían que haber hecho las inversiones necesarias para garantizar la seguridad. Dos de las compañías alemanas encargadas de dos de las tres centrales que quedan abiertas ya han renunciado a prolongar su actividad más allá del próximo 31 de diciembre.

Rodríguez, por su parte, coincide en poder mantener abiertas algunas centrales, pero recuerda que "es más barato montar un gigawatio de energía solar o eólica que una nuclear, con la diferencia de que la renovable podría estar lista en dos o tres años y la nuclear no lo estaría antes de diez". En todo caso, España se mantiene de momento al margen de este debate, porque su apagón nuclear está previsto para más tarde, entre 2027 y 2035.

A largo plazo: ¿resucitar el Midcat?

A diez años vista, muchos de los cambios que se tomen ahora ya podrían estar plenamente operativos. Algunos de los más polémicos son la construcción de nuevos gaseoductos, como el Midcat, una gran infraestructura destinada a conectar Cataluña con el sur de Francia y poder llevar a Europa el gas de Argelia. Potenciado a principios de este siglo, especialmente por España y con reticencias por parte de París, fue finalmente enterrado en 2019 tras un informe negativo de la Comisión Europea y otros de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia y su órgano equivalente francés, que consideraban que se trataba de un proyecto demasiado costoso y poco rentable largo plazo.

También despertó las críticas de organizaciones ecologistas por su impacto ambiental. Ahora, sin embargo, muchos lo ven como una pieza clave para garantizar el suministro de gas a Europa y de paso reducir la condición de "isla energética" de la Península Ibérica, desconectada en gran medida de los grandes flujos europeos.

El temor a la falta de gas reabre el proyecto del gasoducto Midcat

"Tendría sentido retomarlo, porque ahora tenemos una conexión con Francia muy limitada, pero debería ser Europa quien lo promocionara y debería estar preparado también para transportar hidrógeno en un futuro. Sería un dos por uno, una apuesta de presente y de futuro", reivindica Valverde.

Coincide Fresco, que advierte que "no es la inversión más rentable del mundo". "Obviamente es una inversión que va a tener poco tiempo de vida útil, porque no tenemos que olvidar que el horizonte es que en 2050 prácticamente no estemos consumiendo gas. Pero si lo hacemos tendría que ser pensando en el futuro, que pueda transportar hidrógeno", asevera.

El hidrógeno verde es una fuente energética que se basa en aprovechar el excedente de las renovables. La Unión Europea ha apostado firmemente por ella como parte de la transición energética, aunque por el momento está en una fase incipiente y es todavía ineficiente.

España, clave en el almacenamiento del gas en Europa

Actualmente, España solo tiene dos conexiones por gaseoducto con Francia, una en Navarra y una en el País Vasco. Pedro Sánchez reivindicó en la cumbre europea en Versalles el pasado 10 de marzo que "es el momento" de poner en marcha interconexiones desde España de gas e hidrógeno verde financiadas por Bruselas. "No es de recibo que la Península Ibérica sea una isla energética", insistió.

Con su potencia regasificadora –tiene el 30 % de la capacidad de toda la UE- y su gran músculo en renovables, defienden todos los expertos consultados, España podría ser un punto estratégico clave en una Europa más verde y menos dependiente del gas ruso.

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