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Cuvier, el fundador de la paleontología

       
  • Cada ser extinto podía ser incluido en unos de sus cuatro tipos
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  • Rechazaba la evolución, propuso la teoría de las catástrofes de Bonnet
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  • Fue el científico más eminente de Europa de su tiempo

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El barón de Cuvier, el primer gran promotor de la anatomía comparada

A hombros de gigantes

Programa de divulgación científica. Es un espacio pegado a la actualidad con los hallazgos más recientes, las últimas noticias publicadas en las principales revistas científicas, y las voces de sus protagonistas. Pero también es un tiempo de radio dedicado a nuestros centros de investigación, al trabajo que llevan a cabo y su repercusión en nuestra esperanza y calidad de vida. Los sábados de 01:00 a 02:00 horas

El desarrollo de la anatomía comparada, permitió a Cuvier extender el sistema de clasificación a los fósiles. Pensaba que cada ser extinto podía ser incluido en unos de sus cuatro tipos, a pesar de que no fueran muy parecidos a ninguno de los seres vivos actuales.

Los reunió en subgrupos y los incluyó, aunque de un modo muy general, a continuación de su clasificación de los seres vivos. Empezó en el año 1796 con un fósil que claramente pertenecía a un tipo de elefante, aunque a ninguna de las dos especies vivas.

En 1812 exhibió un fósil mucho más espectacular: el de un ser volador, con sus alas verdaderas, aunque claramente se veía que era un reptil. Lo llamo el pterodactylus porque la membrana de sus alas se estiraba a lo largo de un enorme dedo. Por estos hallazgos Cuvier es considerado el fundador de la paleontología.

Faunas diversas

Su estudio de los fósiles fue exhaustivo y le hizo descubrir que la Tierra ha estado poblada por faunas muy diversas a lo largo del tiempo. 

Vio que los fósiles debían ser muy antiguos al estar enterrados en estratos rocosos muy profundos y que mientras más hondo estuviera el fósil y más vieja fuera la roca, más difería de cualquier forma de vida actual. 

Para explicarlo, y puesto que rechazaba la evolución, propuso la teoría de las catástrofes de Bonnet. De acuerdo con ella, cada extinción fue provocada por una catástrofe universal, seguida por la creación de una fauna nueva. 

Cada extinción fue provocada por una catástrofe universal, seguida por la creación de una fauna nueva

De esta manera también explicaba Cuvier los vacíos estratigráficos del registro fósil, que no parecían inferir la continuidad de las formas orgánicas. El diluvio de Noé haría sido la última catástrofe de la historia de la Tierra

Desde la perspectiva del catastrofismo,  pensaba que la edad de la Tierra sólo debía rondar los 6.000 años de antigüedad, lo que le enfrentó a Charles Lyell, cuyo gradualismo requería millones de años. 

Esta defensa de la constancia de las especies y su oposición al gradualismo enfrentaron a Cuvier con la corriente transformista iniciada por Buffon y desarrollada ampliamente por Lamarck.

Ideas revolucionarias

La biología de Cuvier se encuentra  a caballo entre las ideas del siglo XVIII acerca de la naturaleza y las que caracterizaron a la segunda mitad del siglo XIX, influenciadas por la teoría de la evolución.

 Se alejó de los métodos imperantes de ordenar a los seres vivos en una serie continua y, con su clasificación de los animales en cuatro grupos, planteó la cuestión clave de por qué son distintos. 

Sus estudios de anatomía comparada y reconstrucciones de esqueletos de animales extintos pusieron de relieve la importancia de las relaciones entre anatomía, ambiente y función. 

Su teoría de las catástrofes no perduró, pero puso a la Paleontología sobre firmes bases empíricas

A pesar de que su teoría de las catástrofes no perduró, puso a la Paleontología sobre firmes bases empíricas, por haber extendido las clasificaciones zoológicas a los fósiles y mostrado las relaciones entre estratos de rocas y restos fosilizados de vida animal.

Pero Cuvier no solo fue un importante investigador científico. Gracias a su elegante y vibrante estilo oratorio y a su atractiva personalidad, realizó también una brillante carrera administrativa.

El científico más eminente de su tiempo

Fue nombrado catedrático del Colegio de Francia en París y enseñó en el Jardín de Plantas. En 1808, Napoleón  le encargó  que se ocupara de analizar el nivel de educación de Francia y reorganizó la enseñanza secundaria en Burdeos, Niza y Marsella y más tarde la educación superior en Francia.  

A lo largo de toda su vida fue un activo protestante y a pesar de ello recibió todo tipo de honores en la católica Francia bajo sus distintas formas de gobierno. Aunque no debe sorprendernos, ya que fue el científico más eminente de Europa de su tiempo y un gran intelectual del campo de la biología. 

Cuvier fue miembro de la Academia francesa, inspector de educación y consejero de estado bajo Napoleón, que en 1811 le nombró chevalier

Luis XVIII le hizo canciller de la Universidad de París y Luis Felipe le concedió el título de barón en 1831. Al año siguiente le ofrecería el puesto de ministro del Interior, aunque falleció ates de que pudiera aceptarlo. 

Entre sus obras destacan Lecciones de Anatomía comparada, Estudios sobre las osamentas fósiles de cuadrúpedos y El reino animal distribuido según su organización”, obra monumental en 20 volúmenes, que contiene su clasificación zoológica y que fue usada como texto durante mucho tiempo.

Murió en París el 13 de mayo de 1832, víctima del cólera.Su nombre está inscrito en la torre Eiffel. Un género de mastodontes americanos extintos, Cuvieronius, fue nombrado en su honor. 

La abreviatura Cuvier se emplea para indicar al naturalista como autoridad  tanto en la descripción y taxonomía en zoología, como en la descripción y clasificación científica de los vegetales.

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