Todos los voluntarios a la vez tiraban del enorme cinturón con el que han conseguido mover a Timmy, que no podía —o no quería— abandonar los bancos de arena de la Bahía de Wismar, Alemania. Si la ballena es terca, ellos lo son más y finalmente han logrado conducirla hasta el tanque en el que será transportada a las aguas abiertas del Mar del Norte.
"No tengo palabras para expresar el alivio que he sentido cuando se ha metido en la piscina sin nuestra ayuda, ella sola ha recorrido los últimos metros", dice el joven científico que dirige la operación financiada por dos empresarios alemanes, uno de ellos vinculado a una famosa cadena de electrodomésticos.
En su tanque o piscina-remolque, Timmy debe rodear la península de Jutlandia para llegar a aguas abiertas del Mar del Norte. Los más críticos creen que el tránsito será demasiado estresante para ella porque las paredes del habitáculo distorsionan los sonidos marinos, lo que permite a las ballenas orientarse en su medio. Muchos otros, entre ellos las miles de personas que enviaron mails para que no dejaran morir al cetáceo, celebran que Timmy haya sido salvada, al menos esta vez, de una muerte segura en la orilla.
FOTO: Stefan Sauer/Getty Images
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