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Los aliados cumplen un mes estancados en la 'odisea' del amanecer que nunca llega en Libia

  • El 19 de marzo, a las 17.45, comenzaron los bombardeos
  • Los rebeldes no han sido capaces de llegar a Trípoli
  • La comunidad internacional, dividida sobre el conflicto

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El 19 de marzo, a las 17.45, una coalición de países inicia el ataque a las instalaciones militares y las columnas de tanques de las fuerzas de Muamar el Gadafi que estaban a punto de acabar con la rebelión que se había extendido por el país desde el 16 de febrero. Los mandos estadounidenses llaman a la operación "Odisea del Amanecer", y este es el nombre que triunfa en los medios de comunicación.

El objetivo era crear una zona de exclusión aérea y "proteger a la población civil", tal y como establecía, de forma mas bien genérica, la resolución 1973 de la ONU.

Francia es la primera en disparar, en un intento de borrar su actuación en la revolución de Túnez. Estados Unidos y Reino Unido completan el trío que lleva el peso de los ataques en estos primeros días. Los barcos de EE.UU. frente a las costas libias lanzan hasta 110 misiles Tomahawk en la primera jornada. Otros países europeos, entre ellos España, se suman a las tareas de vigilancia aérea y marítima.

Los "aliados" o la "coalición" pensaban, quizá, que esto bastaría para dejar el camino expédito a los rebeldes, que horas antes estaban recluidos en Bengasi, hacia Trípoli, o provocar un derrumbe interno del régimen. Un cambio rápido, como en Túnez o Egipto. Un mes después, nada de eso ha ocurrido, en buena parte por las divisiones y la escasa preparación y armamento de los sublevados, pero también por las dudas y la falta de dirección política en la coalición.

Avance rebelde hacia Trípoli

Efectivamente, los bombardeos dejan los aviones de Gadafi en tierra. Cuatro días después, el 23, la coalición da por inutilizada la fuerza aérea libia. Los rebeldes inician una ofensiva relámpago de este a oeste: recuperan Ajdabiya, importante nudo de comunicaciones, las ciudades petroleras de Ras Lanuf, Brega, y Ben Yauad y llegan hasta las puertas de Sirte, la ciudad natal de Gadafi, a 360km al este de Trípoli, el día 28.

En el oeste, su suerte es bien diferente: Misrata, la única ciudad en su poder, ha quedado aislada y sometida a un asedio que dura ya siete semanas y ha podido costar la vida a centenares de personas. Bombardeada casi diariamente con artillería por las fuerzas gubernamentales (incluyendo bombas de racimo de fabricación española), es la principal preocupación de las organizaciones humanitarias.

Los heridos evacuados de Misrata y los miles de refugiados que llegan a la isla italiana de Lampedusa o que se ahogan en el intento, ponen cara a la tragedia humana de la guerra.

Contraofensiva de Gadafi

El líder libio no se da por vencido. Aparece en televisión, concede entrevistas (o lo hace su hijo Saif el Islam) e inicia una contraofensiva.

Desde Sirte, sus fuerzas de mercenarios y tropas regulares repelen a los sublevados que, armados con artillería de pequeño calibre, armas ligeras y camionetas, no les pueden plantar cara. El frente se sitúa de nuevo en Brega y más tarde en Ajdabiya, ciudad fantasma de la que han huido miles de personas.

El día 31, después de no pocas dudas, la OTAN se hace cargo del mando político y militar de la operación, que pasa a llamarse "Protector Unificado". En la Alianza hay países, como Alemania y Turquía, que desde el principio se habían opuesto a la opción militar. Estados Unidos, que no tiene "intereses vitales" en el conflicto y sí una enorme agujero presupuestario, retira a sus aviones a la reserva el día 5 de abril.

Los rebeldes creen que la Alianza es menos agresiva que la "coalición" anterior, y así lo hacen saber. "La OTAN es nuestro problema", dice el 8 de abril Abdel Fatah Yunis, exministro de Interior reconvertido en líder militar de la oposición.

Pero no es falta de voluntad, responden desde Bruselas, sino dificultad táctica: las tropas gubernamentales utilizan ahora vehículos pequeños y sitúan su artillería en zonas pobladas. Disparar puede causar más bajas civiles, ¿y no establece la resolución, precisamente, la protección de los civiles? Como prueba de la dificultad que entraña esta nueva fase bélica, varios rebeldes y civiles mueren en una serie de incidentes de "fuego amigo".

Lo cierto es que solo 14 de los 28 miembros de la OTAN participan activamente en la operación (a ellos se les unen Catar, Emiratos árabes y Suecia), y de estos solo seis permiten que sus aviones ataquen objetivos en tierra.

Estancamiento, negociación y falta de acuerdo

En la tercera semana de la guerra ya se habla de estancamiento (el primero en usar la palabra es el jefe de las operaciones militares de EEUU en África, general Carter Ham) y comienzan a buscarse vías diplomáticas.

Gadafi envía de gira a su nuevo ministro de Exteriores, Abdelati Obeidi, nombrado después de que el hasta entonces responsble diplomático, Musa Kusa, hubiera huido a Londres.

Primero Turquía y luego la Unión Africana se ofrecen para mediar entre las partes. Gadafi acepta el plan de la UA de un alto el fuego inmediato, pero los rebeldes lo rechazan: la condición indispensable es que el coronel y su familia desaparezcan de la vida política libia.

"Gadafi debe irse" dicen también desde la UE y la OTAN. Se suceden las cumbres para discutir la salida al conflicto, que ya se asume que no será "solo militar". El llamado Grupo de Contacto, un foro creado ad hoc para reunir a los países y organizaciones involucrados en la intervención  militar, se reúne en Doha y crea un fondo económico y habla de "armar" a los rebeldes, una vía que no convence a todos, temerosos de que las armas puedan acabar en manos equivocadas.

La reunión de la Alianza Atlántica en Berlín de los días 14 y 15 termina sin un acuerdo para intensificar los bombardeos, como pedían Reino Unido y Francia.

La guerra ha causado un número no confirmado de muertos, que los rebeldes insisten en situar en 10.000, y hay un serio riego, que preocupa mucho en la otra orilla del Mediterráneo, de que el país quede dividido en dos.

El mismo día en que los miembros de la OTAN mostraban su desacuerdo en Berlín, y los países que iniciaron la intervención, EE.UU, Reino Unido y Francia, prometían echarle del poder, Gadafi se paseaba por Trípoli, a la vez ridículo y desafiante. Él es quien resiste ahora.

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