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El Gobierno realizará la reforma laboral si fracasa la negociación entre sindicatos y empresarios

  • El ministro de Trabajo asegura que se seguirían las propuestas de febrero
  • La patronal pide la rebaja de cuotas a la Seguridad Social, dice Corbacho
  • Los sindicatos son reticentes a la extensión del contrato con despido de 33 días

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La prioridad de Zapatero ahora es abordar la reforma laboral

El ministro de Trabajo, Celestino Corbacho, ha advertido este lunes que la reforma laboral debe cerrarse este mes y que, si empresarios y sindicatos no logran un acuerdo, el Gobierno aprobaría la reforma del mercado laboral  y del sistema financiero de forma unilateral con las medidas ya  presentadas públicamente el 5 de febrero y que fueron ampliadas el 12 de  abril.

Sin embargo, el ministro asegura que confía en que no se rompa la mesa  del diálogo  social del Gobierno con patronal y sindicatos sobre la reforma laboral.

"Ya no podemos continuar esperando más tiempo", ha  dicho Corbacho, quien ha insistido en que "la reforma laboral se hace  ya necesaria", pues de lo contrario las medidas para acelerar la reducción del déficit público "quedarían  incompletas".

Esa es la misma línea seguida por el secretario de Estado de Seguridad Social, Octavio Granado, quien ha  afirmado este lunes que el Gobierno debería actuar en el caso de  que no se alcanzase ese acuerdo porque, así como en julio del año pasado "no procedía" una actuación  unilateral del Ejecutivo, ahora la situación "es  distinta" y "todo el mundo se reposiciona".

Este lunes, el secretario de Acción Sindical de UGT, Toni Ferrer, ya había mostrado su preocupación por la posibilidad de que el Gobierno decidiera actuar de forma unilateral. Ferrer ha subrayado que las políticas actuales del Ejecutivo pueden "dar  entrada a tesis más regresivas" sobre el mercado laboral.

Durante el acto de clausura de la jornada sobre "El sistema  público de  pensiones en el nuevo contexto económico" organizada por la  Asociación  de Periodistas de Información Económica (APIE), Granado ha contestado también a los sindicatos, que acusan al Gobierno de no "atreverse" a  subir impuestos a los más ricos. Según el secretario de Estado, España es un  país de "clase media" y que hacer "un ajuste fiscal que no  toque a las clases medias es imposible".

Dos obstáculos para el consenso

Corbacho, que  ha participado en Lleida en un almuerzo coloquio organizado por el Fòrum  Empresa, ha explicado que hay una clara voluntad de los agentes   sociales de llegar a un acuerdo al margen de las medidas de  ajuste  anunciadas por el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero.

Sin embargo, el ministro ha advertido que hay sobre todo dos materias donde la postura del Gobierno choca con la de la patronal y los  sindicatos y hacen difícil el consenso.

"La patronal sigue  teniendo en sus reivindicaciones el tema de la rebaja de cuotas de la  Seguridad Social", una petición "difícil de atender", ha señalado el  ministro, porque "cualquier rebaja de las cuotas incrementaría  directamente el déficit público", y eso es incompatible con las medidas  del Gobierno que "son para la corrección de déficit", ha asegurado  Corbacho.

Respecto al punto de desacuerdo con los sindicatos, ha  explicado que éstos se muestran reticentes por la extensión del contrato de  fomento del empleo que propone el Gobierno para reducir los contratos temporales, y  que tendría un coste por despido improcedente de 33 días por año  trabajado.

Por otra parte, aunque admite la posible  influencia de los recortes anunciados por el presidente Zapatero en el  diálogo social,  Corbacho destaca el hecho de que los sindicatos quieran seguir  hablando de la reforma laboral, a pesar de rechazar tales medidas.

"Lógicamente estas medidas crean una cierta dificultad en el diálogo  social que estamos llevando, pero valoro muy positivamente que no hayan  roto el diálogo pese a estar profundamente en desacuerdo con las medidas  anunciadas", ha dicho Celestino Corbacho.

Unos sindicatos responsables

En cuanto a la  posibilidad de que los sindicatos convoquen una huelga general, el  ministro ha recordado que durante la crisis las centrales sindicales,  "prácticamente siempre", han dado pruebas de ser serios y de apostar por  el diálogo y el acuerdo.

"Tenemos unos sindicatos maduros y  responsables. Estoy convencido de que una huelga general sería el último  escalón al que los sindicatos recurrirían", ha indicado el ministro.

"Una huelga general tiene un significado de protesta potente, pero  también tiene efectos muy malos sobre la economía y ellos son  responsables, lo que no quiere decir que renuncien a tomar las medidas  que consideren necesarias para discrepar", ha concluido Corbacho.