Ya se sabe: quien tiene un amigo tiene un tesoro. Pero si te llamas Álvaro Cervantes, acabas de ganar el Goya y te lo entregan tus colegas ese tesoro se convierte en un auténtico botín. El Goya de la ilusión fue para Antonio Fernández Gabarre: de la Cañada Real a codearse con sus ídolos y a soñar con lo que viene.
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