No tienen certificado de empadronamiento, pero llevan en este pueblo unos cuantos años. Se diría que algunos han aprendido maneras y hasta cruzan la carretera por el paso de peatones. Están acostumbrados a convivir con los vecinos, se pasean por las calles, se suben a los balcones, entran en los jardines privados. Que esté prohibido sobrevolar la zona militar no va con ellos.
Punta Marina es un pueblo de la Rivera Romagnola con poco más de 3.000 habitantes y una población de pavos reales que supera el centenar. "Se ha multiplicado exponencialmente en los últimos diez años", cuenta esta vecina, y claro, lo que antes era un espectáculo privilegiado, ver a los machos desplegando su plumaje en forma de abanico, ya no les hace tanta gracia.
El pavo real no es un ave especialmente amistosa y, como cuenta este otro vecino, "cuando se ven reflejados en el cristal de un coche creen ver un enemigo y rayan el vehículo". Por no hablar de sus cánticos amorosos en la época de apareamiento, que es precisamente ahora, en primavera. Las autoridades estudian si ha llegado el momento de controlar la población de pavos o trasladarlos a un hábitat más adecuado.
Es el problema que tiene el centro de Roma con la proliferación de gaviotas, que además en época de cría se vuelven muy agresivas, y cualquier solución que se ha puesto encima de la mesa nunca ha llegado a buen puerto.
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