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Hablar de Max Caddy es hablar de uno de los personajes más terroríficos del cine y la literatura. Un preso que sale de prisión con ganas de venganza contra aquellos que le metieron en la cárcel. Lo interpretó Robert Mitchum en los 60, Robert de Niro en los 90 y ahora coge el testigo Javier Bardem. Hemos hablado con él sobre este viaje al lado más siniestro del ser humano en El cabo del miedo.

Foto: Brianna Bryson/WireImage/Getty

Cien años después de su llegada al mundo, el 1 de junio de 1926, la huella de Marlyn Monroe continúa brillando a través de un patrimonio de memorables obras con las que demostró su carisma ante las cámaras y desafió a la industria de Hollywood en su época dorada.

Detrás de la icónica cabellera platino y su idealizada belleza se escondía una actriz con una intuición artística prodigiosa, cuyo ascenso al estrellato comenzó a forjarse a principios de los años cincuenta.

FOTO: GETTY IMAGES

Ida Lupino nació en Londres en 1918 dentro de una familia de actores y llegó a Hollywood siendo muy joven, convertida primero en estrella y después en algo mucho más raro: una mujer capaz de dirigir cine en un mundo gobernado casi exclusivamente por hombres. Durante los años cuarenta fue actriz destacada del cine negro, trabajando con Humphrey Bogart y directores como Raoul Walsh, pero pronto entendió que no quería limitarse a ser el rostro que otros decidían iluminar.

En una época en la que casi ninguna mujer dirigía películas en Estados Unidos, Lupino fundó su propia productora y empezó a rodar historias incómodas sobre violación, bigamia, enfermedad o miedo, asuntos que Hollywood prefería esconder. Lo hizo con presupuestos pequeños, rapidez y una libertad que la industria rara vez concedía a las mujeres.

Después revolucionó también la televisión estadounidense, convirtiéndose en una de las primeras mujeres que dirigieron series de éxito en Hollywood.

Inteligente, rápida y ferozmente profesional, Ida Lupino desafió el lugar reservado a las actrices de su tiempo. Murió en 1995 dejando algo más importante que una filmografía: dejó una puerta abierta para las mujeres que llegaron después.

Theda Bara nació en Cincinnati en 1885 como Theodosia Burr Goodman, hija de una familia judía que nada tenía que ver con los templos egipcios que Hollywood inventaría para venderla. Antes de ser mito fue actriz de teatro, mujer ambiciosa y rostro perfecto para una industria que empezaba a comprender el poder del deseo. En 1915, con “A Fool There Was”, se convirtió en la gran vampira del cine mudo, una mujer fatal que arrastraba a los hombres a la ruina y fascinaba a un público que aún no había visto nada parecido.

Su éxito fue enorme y brevísimo. Interpretó a Cleopatra, Salomé, Carmen y otras figuras peligrosas, envuelta en una campaña publicitaria que la presentó como criatura exótica nacida entre misterios orientales. Pero detrás del personaje había una mujer profesional, disciplinada y mucho más inteligente que su leyenda. Casi todas sus películas desaparecieron en incendios y descuidos de archivo. Murió en 1955, dejando una imagen poderosa: la primera gran mujer fatal del cine, fabricada por la fantasía y sobrevivida por el mito.