Ida Lupino nació en Londres en 1918 dentro de una familia de actores y llegó a Hollywood siendo muy joven, convertida primero en estrella y después en algo mucho más raro: una mujer capaz de dirigir cine en un mundo gobernado casi exclusivamente por hombres. Durante los años cuarenta fue actriz destacada del cine negro, trabajando con Humphrey Bogart y directores como Raoul Walsh, pero pronto entendió que no quería limitarse a ser el rostro que otros decidían iluminar.
En una época en la que casi ninguna mujer dirigía películas en Estados Unidos, Lupino fundó su propia productora y empezó a rodar historias incómodas sobre violación, bigamia, enfermedad o miedo, asuntos que Hollywood prefería esconder. Lo hizo con presupuestos pequeños, rapidez y una libertad que la industria rara vez concedía a las mujeres.
Después revolucionó también la televisión estadounidense, convirtiéndose en una de las primeras mujeres que dirigieron series de éxito en Hollywood.
Inteligente, rápida y ferozmente profesional, Ida Lupino desafió el lugar reservado a las actrices de su tiempo. Murió en 1995 dejando algo más importante que una filmografía: dejó una puerta abierta para las mujeres que llegaron después.