LA NOCHE TEMÁTICA

Marilyn Monroe: la metamorfosis de la ambición rubia hasta forjar un mito

Marilyn Monroe y Tom Ewell en 'La tentación vive arriba'

Marilyn Monroe y Tom Ewell en 'La tentación vive arriba'

Patricia Alcubilla

En un mundo dominado por hombres, una mujer supo usar sus armas para lograr su sueño. Una mujer rubia, icono de la belleza y la sensualidad. El rostro más conocido de Hollywood que, casi 65 años después de morir, sigue inspirando a mujeres de todo el mundo. Esa mujer era Marilyn Monroe, una persona que exploró los confines de la feminidad hasta convertirse en una sex symbol, pero también rompió los estereotipos de la época mostrándose como un ejemplo de inteligencia, lucidez y ambición. La persona escondida tras el personaje. La verdadera mujer oculta tras la tentación rubia.

La Noche Temática analiza el viaje de transformación de Norma Jeane Mortenson en Marilyn Monroe, desde su orfanato en Los Ángeles hasta la cima de Hollywood. Lo hace con la emisión del documental Descubriendo a Marilyn, de Michèle Dominici, también disponible en RTVE Play, que reconstruye esta metamorfosis de la actriz poniendo voz a sus entrevistas, libros y escritos personales y a través de las confesiones de quienes lo vivieron de cerca.

Marilyn Monroe

Marilyn Monroe, en 1954Getty

Una objetivo: hacerse un hueco en Hollywood

Marilyn Monroe nació en 1926 como Norma Jeane Mortenson en Los Ángeles, en la parte más pobre de la ciudad. Con un padre desconocido y una madre incapaz de cuidarla, pasó su infancia entre casas de acogida donde llegó a sufrir abusos. Sola y con un profundo sentimiento de abandono, pero también ambiciosa, pronto descubrió el poder de su cuerpo. Y no dudó en aprovecharlo.

En la América de los años 40, el prototipo de belleza femenino lo fijaban las pin-up, mujeres voluptuosas y sugerentes que protagonizaban portadas de revistas y calendarios y que alentaban en cierto modo la moral de los soldados estadounidenses en plena Segunda Guerra Mundial. Norma Jeane también participó de este movimiento. Para ella siempre fue el punto de partida para su verdadero objetivo: hacerse un hueco en Hollywood.

Tenía buen ojo para las relaciones de poder y sabía hacer valer sus encantos para lograr sus propósitos, pero también era metódica: estudiaba con los fotógrafos ángulos, poses e iluminación y se compró un manual de anatomía para conocer cada uno de sus músculos. “Utilizaba a los fotógrafos para promocionarme”, llegó a confesar la actriz que, en apenas dos años, era una de las más solicitadas por los fotógrafos de Los Ángeles. Sin embargo, algo fallaba. Su pelo. Era rubio y rizado, pero no destacaba, no la hacía especial. En la agencia Blue Book Modeling Agency lograron convencerla para que se lo aclarara, convirtiéndose en la rubia dorada que todos reconocemos hoy en día.

Metódica y ambiciosa

A mediados del siglo XX, Los Ángeles se convirtieron en el epicentro de la ilusión para todas las aspirantes a actrices. Miles de metros cuadrados ocupaban los estudios donde cinco grandes productoras hacían realidad la magia del cine. Pero este Hollywood tenía una cara B. Explotación laboral y abusos eran comunes, especialmente entre las actrices del momento. Un casting permitió a Jean entrar en la agenda de la 20th Century Fox donde interpretó a una camarera en Peligrosa Juventud, de Arthur Pierson. Esto fue en 1947.

No logró continuidad, pero su ambición y confianza le empujaba a seguir preparándose, estudiando guiones, acudiendo a clases de arte dramática, baile, canto, esgrima o equitación. “¿Por qué trabaja tanto?”, se preguntaban a su alrededor. “Si algún día se me presenta una oportunidad, quiero estar preparada”, confesó.

“Me enamoré de mi misma, no de la que era, sino de la que iba a ser”

Marilyn Monroe

Enamorada de una ilusión

Ese fue el inicio de su transformación. Cual mariposa que sale de su crisálida, Norma Jeane empezó a formar el que sería el símbolo de la feminidad más importante del último siglo. El primer cambio fue el de su nombre. “Me dijo que quería ser una estrella. Pero no lo podía ser llamándose Norma Jeane. Me acordé de Marlyn Miller, una actriz de Nueva York , y a ella se le ocurrió utilizar el apellido de su abuela: Monroe”, recuerda Ben Lyon, ejecutivo y cazatalentos de la 20th. El nombre lo tenía todo: era una promesa de sensualidad americana.

La metamorfosis continuó aprendiendo a hablar con voz profunda y trabajó sus expresiones faciales, hasta ser capaz de mostrar emociones solo con la mirada. También perfeccionó su forma de caminar, para hacerla más sensual, y varias cirugías terminaron de conformar su rostro. “Me enamoré de mi misma, no de la que era, sino de la que iba a ser”.

Era su momento de despegue, pero el universo cinematográfico de la época tenía sus propias reglas, en las que no participaban las mujeres, sometidas a los deseos de los grandes directivos. “Era una tortura. ¿Por qué me siento menos humana que los demás? Siempre he tenido el sentimiento de ser menos humana”, confesó.

Marilyn Monroe y Groucho Marx en 'Amor en conserva'

Marilyn Monroe y Groucho Marx en 'Amor en conserva'

Un paso atrás para conseguir el éxito

Esto supuso un punto de inflexión para una Marilyn que cambió de estrategia. Su inteligencia le permitió dejar a un lado sus ansias por convertirse en una gran actriz para ir construyendo su carrera explotando a fondo su sexualidad. Participó así en películas que la encasillaron en el estereotipo de rubia guapa, pero que le dieron popularidad y le permitieron mostrar su preparación interpretativa. Eva al desnudo, de Joseph L. Mankiewicz, supuso un importante espaldarazo a su carrera y, también su vuelta a la Fox, de la que había sido despedida en 1947. Su sueldo era de 750 dólares a la semana, pero el papel de Miss Claudia Caswell le puso en la rampa del éxito.

En 1953 interpretó en Niágara a una adúltera y manipuladora Sr. Loomis y fue allí donde se empezaron a ver rasgos de lo que terminaría por ser su gran obra maestra: su propio personaje. Para ello, siguió perfilando su imagen, de rizos rubios dorados y labios rojos.

La tentación vive arriba, el fin de su transformación

Nadie podía parar el ascenso de Marilyn Monroe. Las tres películas que protagonizó en 1953 recaudaron un total de 25 millones de dólares, lejos de los 1.700 dólares a la semana que ella cobraba por sus papeles.

Sin embargo, a medida que su fama crecía, su vida personal se iba oscureciendo. Su boda con el exjugador de beisbol Joe DiMaggio fue un fracaso. La falta de amor que había sufrido en su infancia le hizo enamorarse de DiMaggio, quien no entendió el éxito de su mujer. “El público era mi única familia, mi príncipe azul. Nunca antes me había sentido una estrella. Quería un marido y una carrera al mismo tiempo, pero ningún hombre acepta vivir a la sombra de su esposa”, explicó. La famosa escena de La tentación vive arriba provocó su separación definitiva.

Pero esa película no solo marcó un antes y un después en su matrimonio. También en la carrera de Marilyn. "Después de luchar por entrar en la industria, ahora tenía que luchar por mostrar mi talento. Sin eso me convertiría en una mercancía”. Por eso, empujó para que la escena de la rejilla rodada inicialmente en Nueva York tuvo volviera a ser grabada con una mayor elegancia.

A partir de ahí tomó las riendas de su carrera. Su metamorfosis había terminado. En 1956, creó su propia productora (Marilyn Monroe Productions) y la todopoderosa 20th Century tuvo que ceder a todas sus condiciones si quería contar con ella en sus películas. El poder había cambiado de manos. Con 30 años, Norme Jeane dejó de existir para convertirse en el personaje que había creado: Marilyn Monroe.

La noche temáticaLa noche temática - Descubriendo a Marilyn

“Descubriendo a Marilyn” propone una mirada íntima y contemporánea sobre la figura de Marilyn Monroe, alejándose de los tópicos que durante décadas definieron su imagen pública.

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