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La Reserva Federal inyectará más de 425.000 millones de euros en la economía de EE.UU.

  • Cada mes comprará 53.000 millones de euros en bonos del Tesoro
  • Podría llegarse a 643.000 millones con la reinversión de beneficios de la Fed
  • El plan empezará ahora y se prolongará hasta junio de 2011

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La Reserva Federal de Estados Unidos anuncia un nuevo plan de estímulo monetario

La Reserva Federal de EE.UU. (Fed) inyectará 600.000 millones de dólares (428.000 millones de euros) en el sistema financiero estadounidense de aquí a finales de junio de 2011 para tratar de reactivar el consumo y evitar el peligro de una deflación en el  país. Esa cantidad es superior a la que se barajaba en los círculos económicos durante los últimos días.

El banco central estadounidense ha confirmado así lo que ya rumiaban los mercados desde hace semanas y, al concluir una reunión de dos días en Washington, su Comité de Política Monetaria ha emitido un comunicado con los detalles sobre el gigantesco plan de estímulo monetario.

Hasta 900.000 millones de dólares

El controvertido plan consistirá en una compra masiva de bonos del Tesoro a un ritmo de inversión de 75.000 millones de dólares mensuales (53.000 millones de euros). Esta medida poco convencional se denomina "Quantitative Easing" o "flexibilización cuantitativa" del balance de la Reserva Federal, y debe recurrirse a ella debido a que no tiene ya margen para bajar los tipos de interés, situados casi en cero desde diciembre de 2008.

A los 600.000 millones de dólares anunciados, se sumarán entre 250.000 y  300.000 millones de dólares que la Fed ha obtenido como rendimiento de  su propia cartera de activos inmobiliarios. Así, la cifra total  inyectada en el sistema podría situarse entre 850.000 y 900.000 millones  de dólares (643.000 millones de euros), según  ha indicado la Reserva Federal de Nueva York en una declaración adjunta.

En su comunicado, el Comité -que ha aprobado la medida con un voto en contra- indica que revisará regularmente el ritmo y el volumen del programa, "según sea necesario para promover el máximo del empleo y la estabilidad de los precios".

Críticas a la medida

El voto disidente ha sido el del presidente del Banco de la Reserva Federal de Kansas, Thomas Hoenig, quien ha advertido que, en su opinión, los riesgos asociados con las nuevas compras de bonos del Tesoro superan los beneficios. Antes de la decisión adoptada este miércoles, Hoening había calificado el plan como "un pacto con el diablo".

Algunos medios, como el Wall Street Journal, consideran que esta medida no es más que encender la máquina de "imprimir dinero", y muchos expertos consideran que, además de no servir para acelerar la creación de empleo, puede disparar la inflación.

Entre los expertos que se oponen a esta medida están el antiguo asesor de la Casa Blanca durante la presidencia de Bill Clinton, John Taylor, ahora profesor de la Stanford University, o Joseph Stiglitz, premio Nobel de Economía y profesor de la Columbia University.

Para Taylor, en vez de lanzar la compra de deuda pública, la Fed debería presentar medidas alternativas, como no subir los impuestos y frenar la imposición de nuevas regulaciones.

En opinión de Stiglitz, lo que la economía estadounidense necesita es un nuevo plan de impulso del gasto público y menos impuestos.

Pero la Reserva Federal ha decidido aplicar un nuevo estímulo monetario, una medida a la que ya recurrió a comienzos de 2008, cuando adquirió unos 2 billones de dólares en bonos del Tesoro.

Aumentar el consumo para reactivar la economía

El objetivo de tal acción es aumentar la demanda y, con ello, los precios de la deuda de entre dos y diez años, y reducir en paralelo la rentabilidad, que se mueve de forma inversa al precio.

La rentabilidad de la deuda pública se toma como referencia para los préstamos a largo plazo, de manera que, si se reduce, se abarata la financiación y esto suele animar a los hogares a gastar y a las empresas a invertir.

La idea es que ese aumento de inversiones y consumo estimule la recuperación económica iniciada a mediados de 2009, después de la recesión más profunda y prolongada en Estados Unidos en los últimos 80 años.

La Reserva Federal necesita actuar rápido, ya que EE.UU. está creciendo ahora a una tasa anual del 2% y se calcula que, para generar empleo, debe crecer cerca del 5%.

En la actualidad, la tasa de paro estadounidense se sitúa en el 9,6%, la cifra más alta en la última generación, en un país donde no existe mucha cobertura para quien no tiene trabajo.

Además, la tasa de inflación está tan bajo control (por debajo del 2%) y la Fed detecta incluso riesgo de deflación, es decir, de una caída de los precios. La deflación tiene efectos muy peligrosos para la economía, porque la perspectiva de un retroceso en los precios paralizaría totalmente el gasto en consumo.

Ritmo lento de crecimiento y creación de empleo

Por otra parte, la Reserva Federal ha realizado un nuevo diagnóstico de la economía del país, donde confirma que el ritmo de la recuperación en la producción  y el empleo "continúa siendo lento". Además, remarca que las empresas  siguieron reacias a aumentar sus plantillas y que la construcción de  nuevas vivienda continúa siendo baja.

La Fed también destaca que las expectativas inflacionarias a largo  plazo se han mantenido estables, pero apunta que los datos sobre la  inflación subyacente han tendido a la baja en los trimestres  recientes.

Asimismo, añade que el gasto de los hogares se está incrementando "de  forma gradual", pero sigue limitado por el elevado desempleo, el  modesto crecimiento de los ingresos, una menor riqueza de los hogares  y la restricción del crédito.

Además, el gasto de las empresas  en equipamiento ha aumentado, aunque de forma más  lenta que hace un año, mientras que la inversión en estructuras no  residenciales siguió "débil".

La Reserva Federal señala que, de acuerdo a su mandato  estatutario, el Comité busca fomentar el máximo empleo y la  estabilidad de precios. En este sentido, insiste en que actualmente  la tasa de paro es "elevada", mientras que la  inflación subyacente es relativamente baja en relación con los  niveles que el Comité juzga coherentes en el largo plazo.

"Aunque el Comité anticipa un regreso gradual a mayores niveles de  utilización de recursos en un contexto de estabilidad de precios, el  progreso hacia estos objetivos ha sido decepcionantemente lento",  agrega.