Las misiones tripuladas de larga duración son fundamentales para entender cómo el cuerpo humano se adapta a la microgravedad y de cara a preparar viajes espaciales profundos, como a Marte. Para ello, sería imprescindible un sistema capaz de generar oxígeno, producir agua y proporcionar alimentos a los astronautas de forma sostenible e independiente de suministros procedentes de la Tierra.
Para ello el estudio de la espirulina es clave. La cianobacteria limnospira indica tiene tres características que la convierten en un recurso biológico de alto valor tanto en la Tierra como en el espacio: captación de dióxido de carbono, producción de oxígeno y generación de alimento. Ahora, un experimento pionero va a investigar el comportamiento de esta cianobacteria en la Estación Espacial Internacional y estudiará cómo puede integrarse en futuros sistemas biorregenerativos de soporte vital.
El experimento pionero está liderado por el Institut d’Estudis Espacials de Catalunya (IEEC) y la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB), con la colaboración de Sener y el Instituto de Microelectrónica de Barcelona (IMB-CNM, CSIC). Nos lo explica Francesc Gòdia, investigador del IEEC y catedrático de Ingeniería Química de la UAB que lidera este proyecto.
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