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El 17 de abril de 1975, hace 45 años, los Jemeres Rojos entraron en Phnom Phen, capital de Camboya. En menos de cuatro años acabaron de diversas formas con un cuarto de la población del país.

Luis Zaragoza cuenta quiénes eran, el Partido Comunista de Kampuchea, que pasó a dirigirlo uno de los hombres más sanguinarios de la historia: Pol Pot.

Las fuentes oficiales de la época decían que llevaba a la sociedad a la perfección. En realidad, fue uno de los experimentos sociales más aberrantes de la historia. Un dominio de la persona que llevó a la muerte a una población en torno a 1,7 millones de personas.

El Brexit ha vuelto a poner sobre la mesa la necesidad y la importancia sobre los tratados comerciales y tendrá que determinar su relación futura. La UE, primera potencia comercial mundial por número de alianzas, ha marcado sin embargo líneas rojas. Una primordial es el respeto a los derechos humanos. Lo acaba de demostrar con un país asiático que cada vez exportaba más a la Unión Europea, en virtud de una relación comercial privilegiada que ahora se va a revisar. Es Camboya. La unión le había concedido ventajas arancelarias en virtud del programa Todo Menos Armas, que permitía también el acceso preferente al mercado comunitario. Pero Bruselas ha constatado que no existe en el país el respeto suficiente a los derechos humanos, como nos comenta Lucas González Ojeda, portavoz de la Comisión Europea en Madrid.

En estos momentos dos profesores madrileños recorren en bicicleta, Camboya. Más de 800 km con el objetivo de conocer y visibilizar la realidad social de este país milenario. Y nos interesaremos por el proyecto Rubare, en RDC para ayudar a las mujeres víctimas violencia y a reinsertar a los niños soldados, en una isla de Kivu Sur.

Estamos inmersos en pleno verano. A estas alturas de año muchas son las personas que disfrutan ya de sus días libres, mientras, otras van tachando en el calendario las jornadas a la espera del ansiado descanso estival. Vacaciones que dedican a viajar, descansar o estar en familia. Este viernes nos centramos en los planes de David y Marité, dos amigos y profesores que desde hace años aprovechan los veranos para llevar a cabo proyectos sociales en zonas de conflicto de África o América Latina. El domingo empiezan su aventura por Camboya. Iratxe Llarena está con David Saiz Camarero, profesor de Secundaria en el colegio Jesús Maestro y participante en el proyecto y Teresa Llana, vicepresidenta de la ONG Sauce.

Entre 1975 y 1979 se escribió el peor capítulo de la historia de Camboya. Durante esos cuatro años la población vivió bajo el régimen de terror de la guerrilla de los jemeres rojos. Cerca de dos millones de personas fueron torturadas y ejecutadas. 40 años después, los dos últimos líderes vivos de esa organización han sido condenados a cadena perpetua por un delito de genocidio y crímenes contra la humanidad.

Las autoridades de Camboya han entregado ya a las de Tailandia al español Artur Segarra tras su detención ayer. Es el principal sospechoso del asesinato en Bangkok de otro español, David Bernat, cuyo cuerpo apareció descuartizado. La policía tailandesa cree que Bernat fue secuestrado y extorsionado antes de su muerte.

Tres personas han muerto en Camboya al caer el techo de un almacén en una fábrica de calzado, según ha informado un ministro del gobierno del país asiático.

Ith Sam Heng, ministro de Asuntos Sociales, ha explicado a Reuters que otras seis personas han resultado heridas en el accidente de la planta en el distrito de Kong Pisei, provincia de Kampong Speu, 50km al oeste de la capital, Phnom Penh. No hay personas atrapadas, ha añadido.

"Investigaremos el caso y tomaremos medidas contra quienes estén envueltos", ha dicho, en referencia a quien pueda ser responsable de las malas condiciones de seguridad.

Con anterioridad, un miembro de un sindicato de la fábrica había afirmado que la cifra de muertos era de seis.

El accidente se produjo a las siete de la mañana, hora local, en la fábrica de zapatos propiedad de la compañía taiwanesa Wing Star Shoes, que emplea a unas 7.000 personas. Pero solo unas 100 trabajaban en el almacén, según los empleados. La planta ha detenido su actividad tras el accidente.