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Proyectos de vida en pausa: cómo la falta de vivienda reduce la natalidad

  • Para el 63% de los demandantes menores de 35 años, el precio es el principal obstáculo para independizarse
  • Los jóvenes aspiran a tener una media de 2,5 hijos, pero la precariedad habitacional reduce la realidad a solo 1,1
Proyectos de vida en pausa: cómo la falta de vivienda reduce la natalidad
CARLA MATUTE (Alumna del Máster Reporterismo 360 RTVE Aragón - UNIZAR)

Independizarse en España se ha convertido en una "carrera de fondo" que, para la mayoría, llega cada vez más tarde. Mientras que en el resto de Europa la media de emancipación ronda los 26 años, aquí los jóvenes no suelen dar el paso hasta pasados los 30. Solo el 15% de los menores de 30 años llega a emanciparse. Frente al mito del conformismo, datos de Fotocasa Research apuntan que el 63% de los menores de 35 años choca contra el muro de los precios, señalándolo como el principal obstáculo para encontrar una vivienda.

Este escenario crea lo que el sociólogo, Daniel Sorando, califica como una "trampa" que genera desigualdad y "termina por truncar" los proyectos de vida de toda una generación: "Los jóvenes aspiran a tener una media de 2,5 hijos, pero la precariedad habitacional reduce la realidad a solo 1,1". Con el precio del alquiler en Zaragoza subiendo un 9,5% anual y absorbiendo en los casos más extremos hasta el 92% del sueldo, la independencia económica se convierte en todo un reto.

¿Afortunados o arriesgados? Cómo logra comprar la minoría

Para quienes intentan comprar, muchas veces la barrera no es la cuota hipotecaria, sino el ahorro previo. La profesional inmobiliaria de GIZaragoza, Laura Andrés, es tajante: "Desde cero es imposible comprar, ya que se requiere un colchón de entre el 20-30% del valor del piso para la entrada, y un 10% para impuestos y gastos". Una cifra que para Daniel Sorando es, simplemente, "inalcanzable": "Los salarios en términos reales están estancados desde hace más de 20 años (…) el número de años de salario que se requieren para pagar una vivienda ha aumentado dramáticamente".

Andrés es un comercial de 31 años que ha logrado ser propietario en Zaragoza gracias a una firme educación financiera y el sacrificio de lujos personales durante casi una década. "Muchos colegas tienen su súper BMWs o Audis mientras que yo he estado con un Renault Clio sencillo (…) tampoco he viajado lo que me gustaría, fácilmente he pasado ocho años sin salir de España".

Con 24 años pudo comprar su primer piso a un particular por 50.000 euros. Lo reformó y lo revendió para poder adquirir su vivienda actual por 84.000 euros, recurriendo incluso a ahorros no declarados ("dinero en B") y contando con el apoyo de sus padres como avales: "Mi padre me quiso ayudar y le dije que yo lo que necesitaba era dinero para la reforma, la entrada del piso la quería para mí (…) no es que luego les deba dinero a mis padres, que sé que no me lo van a pedir, pero lo he conseguido yo y me lo pago yo".

El comercial pone cifras a su situación en el barrio de Delicias: "Yo al final pago 287 euros de hipoteca por este piso que costaría unos 700 euros si fuera de alquiler (…) ¿soy privilegiado o arriesgado? Al final el que no arriesga, no gana".

Yo al final pago 287 euros de hipoteca por este piso que costaría unos 700 euros si fuera de alquiler (…) ¿soy privilegiado o arriesgado? Al final el que no arriesga, no gana

Con la misma perspectiva, y tras vivir un tiempo en un piso propiedad de sus padres mientras ahorraba, Sergio decidió inscribirse en 2018 a las listas de Vivienda de Protección Oficial (VPO). Un proceso largo que califica como "nada fácil": "Tuve que demostrar ingresos mínimos y solvencia para poder afrontar las cuotas sobre plano y la hipoteca final (…) todo porque era más asequible y las características que me ofrecían me convencían".

Ahora con 33 años, Sergio también cuenta con su propia vivienda desde hace ya dos años, un piso de obra nueva en el barrio de Jesús por 153.000 euros más IVA. "La diferencia de precio de VPO a vivienda libre en aquel momento era más de 100.000 euros (…) creo que, a pesar de la subida de precios desde que yo me apunté, sigue siendo una muy buena opción para los jóvenes".

Compartir piso: de la elección a la necesidad

La realidad estadística en Zaragoza es contundente. Según datos de Idealista, el precio del alquiler alcanzó en diciembre de 2025 los 11,2 euros por metro cuadrado, siendo su máximo histórico. En enero de 2026, la tendencia se mantiene y consolida a Zaragoza como el entorno más caro para vivir en todo Aragón.

La escasez de oferta frente a la alta demanda levanta un muro financiero para muchos jóvenes. Amparándose en los máximos que permite la Ley de Arrendamientos Urbanos, los propietarios exigen hoy hasta cuatro mensualidades de golpe, lo que supone una barrera de entrada "infranqueable". La experta inmobiliaria, Laura Andrés, reconoce que, "entre fianza, garantías adicionales y el mes corriente (…) entendemos que es un precio muy alto".

Desde su posición profesional explica que, aunque ellos realizan tasaciones técnicas, la última palabra siempre es del propietario: "Si el casero quiere pedir la renta que considere lo puede hacer porque es su vivienda". Daniel Sorando califica esta situación como una "trampa" y una "máquina de producir desigualdad". Para él, la falta de una alternativa pública robusta deja a los jóvenes "expuestos" al mercado del alquiler privado.

En este contexto, la falta de vivienda asequible ha disparado la modalidad de alquiler por habitaciones. Una opción que en 2024 ya vio como su oferta crecía un 57% en Zaragoza.

Esta tendencia, antes limitada a estudiantes, es hoy la realidad de muchos trabajadores jóvenes que no pueden afrontar una renta completa. Eva es una ingeniera de 26 años que dejó su pueblo natal de Navarra para poder trabajar de lo que había estudiado en Zaragoza. Ante la imposibilidad de desplazarse diariamente y "bajar los gastos familiares", lleva cuatro años pagando 275 euros por una habitación en piso compartido en el barrio del Actur.

La joven critica la vulnerabilidad de este modelo, pues coincidiendo con la salida de otros inquilinos, la casera llegó a plantearles pagar el piso entero entre las que permanecían si quedaban habitaciones vacías. Esta exigencia habría supuesto una "subida del 100%" en su alquiler, totalmente inasumible para ella. "Fue el colmo y me planteé si un ‘cuchitril’ individual sería mejor opción que convivir con desconocidos".

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En esa misma necesidad de compartir piso para sufragar sus gastos se encuentra Yaiza, una joven de 26 años y estudiante de ADE, que comparte piso con dos personas más en el barrio de San Francisco. Al considerar "inviable" una jornada laboral de ocho horas que afecte a su rendimiento académico, trabaja durante los fines de semana y festivos en la cadena El Rincón. Como ella, el 42,4% de los jóvenes españoles compaginan trabajo y estudios "por necesidad".

La "trampa" inmobiliaria: proyectos de vida truncados

Poseer las llaves de un piso propio no se traduce en la estabilidad total. A pesar de su esfuerzo, Andrés vive en un piso cuyas dimensiones le impiden convivir con su pareja, lo que retrasa, en cierto modo, sus planes vitales. "Yo con 25 años quería ser padre, pero las cosas han cambiado mucho (…) nuestros padres con mi edad ya nos tenían a nosotros con 10 años".

Brecha generacional entre los jóvenes y los baby boomers

En España, el 61,8% de los jóvenes no se plantea tener hijos a corto plazo. Mientras algunos, como Yaiza, tienen claro que la maternidad no entra en sus planes de futuro; otros se ven obligados a aplazarla. A pesar de llevar seis años con su pareja, Eva ha decidido priorizar su trabajo para no frenar su ascenso profesional. "Como soy mujer en un mundo de hombres, me tengo que abrir bien mi hueco antes de ponerme a tener hijos (…) antes decíamos a los 30 y ahora antes de los 35 ni nos lo planteamos". Un retraso vital donde compartir piso supone una "barrera" adicional.

Es lo que el sociólogo, Daniel Sorando, califica como "desequilibrio generacional". Para él, la situación actual no es un problema de "falta de ambición", sino una "base social, estructural y económica" donde el estancamiento de los salarios, combinado con el precio del alquiler en máximos históricos, impide a los jóvenes desarrollar su independencia. "Creo que una manera de hacerse viejo es no entender a los jóvenes (…) no tienen hijos no porque no quieran, sino porque no pueden en la medida en la que no tienen acceso a una vivienda donde desarrollar un proyecto de vida emancipado".

Sergio comparte el pensamiento del sociólogo: "La realidad de cómo vivimos hoy en día es que poca gente tiene la estabilidad suficiente para tener una familia ya consolidada con 25-30 años". Los 90 metros cuadrados de su VPO están diseñados para algo más que una independencia individual. Con cierta timidez, el joven no cierra la puerta a que su hogar deje de ser unipersonal en un futuro: "Posiblemente, hay tres habitaciones, conque sitio hay".

Aunque actualmente también vive solo, Andrés explica que tiene planes de mudarse próximamente con su pareja. "Ella tiene su piso, yo tengo mi piso... la idea es vivir juntos, pero ya en un piso que sus padres le van a dar, un piso ya grande (…) este yo lo pondré en alquiler". Será entonces, ya cumplidos los 35 o 36 años, cuando Andrés estima que podrán plantear ese proyecto familiar.

Detrás de estas cifras se esconden renuncias personales que no se reflejan en los gráficos. Son los ocho años que Andrés pasó sin viajar para ahorrar cada euro o la frustración de Eva, que ve cómo su sueño de ser madre se retrasa con el tiempo. Historias dispares marcadas por un mismo reto: poder decidir sobre su propio futuro.

RTVE

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